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REVISTA
23 - 29/11/07 Por Mariano
Mazzini INDIO
SOLARI "PUEDO
VIVIR COMO UN FRANCOTIRADOR" El
Indio Solari regresa con nuevo disco. Redondos,
soledad e ideales.

El
ex-líder de Patricio Rey, ícono de la resistencia
contracultural, enfrenta al establishment del
rock esponsoreado. En diálogo con Veintitrés
recuerda sus inicios en los radicalizados años
70. Del hippismo, las drogas y los Montoneros,
a los derechos humanos y el país K. El riesgo
de convertirse en un poster inofensivo. De
la bohemia a la paternidad y la vida sana.
Elegir la propia
máscara es el primer gesto voluntario humano.
Y es solitario. Carlos Alberto "Indio"
Solari puso esta frase de la escritora Clarice
Lispector en su nuevo disco, Porco Rex,
que sale a la venta el 7 de dciembre próximo.
La cita parece ideal para un cantante que
siempre privilegió al personaje, llámese
Patricio Rey o ahora Porco Rex, que vive
aislado del mundo en su casa-estudio Luzbola,
de Parque Leloir, que nunca aceptó ir a
un programa de televisión y que sólo da
entrevistas cuando tiene material nuevo.
Pero cuando habla, habla.
"La
idea para este álbum era transformarme otra
vez en una banda y sacarlo como Los Fundamentalistas
del Aire Acondicionado. Después me pareció
una ridiculez, porque soy lo suficientemente
tirano como para no dejar que nadie opine
ni que nadie haga un arreglo ni una mierda",
dice el Indio, de camisa verde oliva, pantalón
gris y zapatillas marrones.
¿Esa
tiranía influyó en la separación de Los
Redondos? Por
lo que escuché de Skay, supongo que sí.
Pero nunca lo sentí mientras estábamos en
la banda. Yo era el más caprichoso pero
no hacía lo que quería.
¿Te
preocupa la orfandad en la que quedó el
público? Es lo
que me llevó a decir, a diferencia de Skay,
que me hubiera gustado despedir al público
de otra manera. Aunque creo como él, que
la única manera de reunirnos a futuro sería
con un proyecto en común -volver a hacer
un disco, no para tocar-, me hubiera gustado
hacer un concierto de despedida, y no que
se desvaneciera una banda que tuvo una significación
durante tantos años. Pero las bandas las
forman gente que tienen sus rollos, discusiones
y puntos de vista divergentes. Hay momentos
en los que pueden dejarlos de lado y otros
en que no. Creo que Skay se sintió liberado,
y de la libertad se vuelve difícilmente:
"Prefiero ser cabeza de ratón que cola
de león".
¿Seguís sin haber escuchado sus discos? Sí,
esta es una confesión desagradable, pero
yo no escucho mucho rock nacional, ni de
Los Redondos. Padezco cuando escucho lo
que hicimos.
¿Por
qué? Entiendo
que han sido canciones muy frescas, muy
ricas en su momento, pero padezco los detalles
de su producción. Esto me pasa con casi
todo el rock nacional. Me cuesta encontrar
producciones admirables como sí las hay
en el rock anglosajón. En los Estados Unidos,
son 300 millones de tipos -nosotros somos
el diez por ciento- que estudian en el colegio,
tuba, violín, guitarra. Con qye haya un
porcentaje mínimo que tenga talento y de
esos se sirva la industria del espectáculo,
estamos teniendo una excelencia muy grande.
Cualquier solista o grupo de circulación
internacional, tiene una factura muy consistente.
Y
el rock nacional... La
pintura del lugar no es lo que me interesa
en la lírica de la cultura rock. Me interesa
todo lo que tiene una significación que
va más allá del barrio, entre ellas, el
barrio.
¿A
quiénes rescatás? Tengo
un gran respeto por Andrés (Calamaro) y
por Fito (Páez) por el riesgo que son capaces
de correr. El Salmón me interesó
por la magnitud de la apuesta, porque convenció
a una compañía de publicar eso y por tomar
ese riesgo artístico. Con Fito, todos sabemos
que no es el vendedor de discos que supo
ser y sin embargo, tiene ganas de hacer
películas y pone todo su patrimonio.
El
Indio no recuerda dónde fue el último show de
Los Redondos (en el Chateau Carreras cordobés,
el 4 de agosto de 2001)
"pero me sigue sorprendiendo la fidelidad,
las banderas en la cancha -dice-.
Pasaron 7 años, que a mi edad (58) es toda una
eternidad. Mi vanidad se gratifica, pero no
lo entiendo. Lo primero que hago cuando me despierto
es avergonzarme de mí mismo durante diez minutos.
Después tomo el desayuno. Uno conoce sus miserias
y no entiende por qué alguien cree que es mejor
de lo que es. Quizás porque no tengo ese enigma
que los demás tienen sobre mi personalidad".
El
enigma fue alimentado por crónicas periodísticas
que relataban el encuentro con el Indio como
si fuera un prófugo de la justicia: llamadas
misteriosas, perros feroces, camionetas con
los vidrios pintados de negro para ocultar el
camino. La explicación resulta de lo más pedestre:
como vive en un barrio de calles intrincadas,
manda a un asistente a recoger al periodista
a una estación de servicio fácil de ubicar.
En su oficina, convida café y medialunas y muestra,
entero, Porco Rex.
¿Es
casualidad otro PR? No,
está pensado. Es la mirada chancha.
¿Por qué aparecés
por primera vez en la tapa? Voy
a ser sincero: pensé que no se iban a dar cuenta,
que estaba lo suficientemente desfigurado para
ser un personaje. Aunque explicar el juego no
me parece rico, hay un nexo entre la letra del
tema (Porco Rex), y que yo aparezca en esa especie
de logo con la boca pintada, medio pornográfico;
y en la ilustración interior al lado de un océano
de tetas y culos.
El
título podría hablar de un burgués de lujo,
una ironía para los que te acusan de aburguesarte... Están
muy confundidos, siempre fui un burgués. Me
forjé leyendo la revista Adán (una especie
de Brando de la época) y nunca fui austero.
No gasto la guita en pelotudeces sino en instrumentos,
pero creo en el principio ordenador del placer:
tomar buenos vinos, un buen whisky...
¿"Y
el sol se muere..." es una preocupación
ambiental? El
álbum pivotea alrededor del amor. Tiene letras
muy crudas, a excepción de esa, que esa es una
canción de amor que le he dedicado a mi compañera
(Virginia, "Viruta"). Estuve mucho
tiempo hasta encontrar una que representara
el tipo de amor que siento por ella, que es
casi eterno. Para alguien que no tiene una religión,
es lo máximo que puedo prometer. El amor hoy
está ridiculizado. Hay una fascinación pornográfica
en la vida, y eso es Porco Rex.
¿"Si
no hay amor, que no haya nada entonces..."
como escribiste en el disco anterior? La
cultura rock nace con el verano del amor. A
mí me cuesta entender este mundo donde ser cool
es ser radicalizado. El amor, la pasión
y los ideales son la sal de la vida. La parodia
que la posmodernidad hace del pasado es descriptiva
y no promete nada. Necesitamos tirar hacia adelante
una mirada, tener un gran sueño y no perderlo
de vista, y los ideales dan eso. No me gusta
la juventud sin ideales. Tampoco soy nostálgico,
pero cuando hay un vacío de eso me siento incómodo.
¿La
generación que está en el poder se formó en
esa cultura? En
la cultura política. La cultura rock fue más
cínica: la gente sospsechaba que era imrpobable
bajar a la Casa Rosada con fusiles Máuser y
hacerse cargo del poder. Era más probable que
nos boletearan a todos, que es un poco lo que
pasó. Al nutrirse de otras mentalidades, al
haber leído a Burroughs y a Mailer, uno tenía
otra mirada que los que están en el gobierno.
Pero
eran dos corrientes con puntos de contacto. Sí.
Tengo amigos, muertos queridos. Pero para un
hippie, el marxismo era de la época de la máquina
de vapor. Ahora, el heroísmo de los jóvenes
que arriesgaron su vida por un ideal me parece
más rico que lo que pasa hoy en día.
¿Cayeron
más amigos en la lucha armada de los 70, o en
los excesos del 80? En
los 80 se ha maltratado mucho al organismo.
Los que no se murieron en su momento, lo hicieron
diez años después porque su hígado no daba más.
Pero tengo muertos en distintos lugares. En
La Plata me ha tocado ir a un conventillo de
estudiantes tres días antes de que vinieran
y limpiaran a un montón. Poco tiempo antes jugaba
al fútbol con chicos que después se mataron
entre sí: tipos que se vestían en las mismas
casas, tenían los mismos mocasines y las heladeras
llenas de las mismas cosas. Pero tengo más bajas
en los 80.
¿Qué se
siente cuando miembros del gobierno, como Aníbal
Fernández, se reconocen admiradores tuyos? Ya
pasó con el Che Guevara hace muchos años: se
transformó en un póster.
¿Te
representa el gobierno? Uno
nunca se siente conforme con la administración
de turno, ni en Suecia, que al leer las estadísticas
parece un paraíso social. Acá, no es fácil hacerse
cargo de administraciones saqueadas durante
años. Con el advenimiento de muchos Montos al
poder, la gente le está dando un visto bueno
porque en las elecciones ganan con comodidad.
La reivindicación de los derechos humanos y
de los desaparecidos es una mejora sustancial
con respecto de los gobiernos que padecimos
desde el advenimiento de la democracia para
acá. Y económicamente también hay un visto bueno
porque hubo momentos demasiado críticos: la
hiperinflación, que da temores difíciles de
curar, el corralito...
¿Te
afectó? Me
cortaron la cabeza. Soy un boludo, y creo que
no soy el único artista que agarraron, porque
los artistas no estamos pendientes de eso, salvo
que te llame tu contador y te diga: "ojo,
rajemos". Cuando querés sacar la guita,
justo estabas tocando el piano y ya después
era tarde.
¿Estamos
mejor? La
gente elige lo menos peor. Independientemente
de que me invitan a tocar en el "Salón
Fulano", lo que rechazo con un poco de
elegancia, los gobernantes tienen una cuota
abierta por la población para ejercer el poder.
Pero no tengo opiniones políticas. Mi vida transcurre
de la misma manera ahora que con Chupete. Puedo
vivir como un francotirador.
¿No
es una actitud cínica? Tengo
una actitud de citizen sin participar
activamente. Nosotros hemos intentado contaminar
la cultura y en un porcentaje se ha dado. Ahora,
¿en qué se transforma eso cuando no hay una
modificación permanente? En que la propaganda
de Eveready usa guitarras tipo Clapton. Se transforma
en el póster.
Dibujos
en blanco y negro de la mano del Indio pueblan
todas las paredes de la oficina, junto a un
cuadro con entradas a recitales y una ocurrencia:
un afiche que ejemplifica los conceptos de Stereo
(un gato rodeado por dos doberman) y Surround
(el mismo gato rodeado por seis perros). En
la mesa ratona, varios libros (Lyotard, una
historia de las religiones) y revistas de música
y tecnología.
¿Cómo
es salir de tu casa, actuar en un estadio lleno
y volver a este lugar? Sería
un shock grande que yo tuviera una productora
que me llevara en helicóptero. Pero desde bastante
tiempo antes tengo quilombos. Estoy medianamente
retirado, no de lo artístico sino de la producción,
que es casi imposible para un artista independiente.
Coquetear con las ligas mayores, como me ha
tocado a mí, que he seguido convocando la misma
cantidad de gente que tenían los Redondos, se
ha vuelto muy difícil. Hay estadios que me están
vedados porque no me alquilan el piso rígido.
Como en el fútbol, no hay nada que se pague
con el valor de las entradas. Todo el mundo
está acostumbrado a la gran guita del esponsoreo
y la televisación, y yo tengo que bancar las
cifras con mi culo. Todavía estoy pagando cosas
de los shows en La Plata. Ahora viene para mí
la etapa peor; ponerme en el rol del productor.
Es un mundo que nunca me interesó. No me gusta
estar hablando permanentemente de dinero.
¿Por qué no
aceptar un esponsor? No
termino de saberlo. Son manías de alguien que
conserva todavía un espíritu contracultural.
Me he quedado medio solo en eso. No lo veo en
los jóvenes. Se volvió a la cosa simplona de
los años 50 con un poco más de perversión. Otra
vez, la industria del espectáculo es la que
lo domina todo. Los Redondos nos vimos favorecidos
con esa inercia que hubo acá durante años, cuando
los jóvenes no estaban muy a favor de lo que
la industria proponía y preferían elegir números
que los representaban. Eso se terminó.
¿En
qué lo notás? Los
chicos ya no miden ética ni estéticamente las
cosas, sino si son éxitos o fracasos. Quieren
fama y dinero. Ponés Gran Hermano y les cabe
cualquiera: saben las letras de Juanes, Arjona,
los Redondos, una cumbia. Durante varios años,
en la Argentina, los jóvenes eran del rock.
Hoy, el rock dejó de ser una cultura para volver
a ser un género musical que tiene que ver con
el entretenimiento. Se ve hasta en la búsqueda
de los músicos. No les termina de salir bien,
pero hay una intención de mezclar tango, cosas
medio folklóricas...
¿Es
una derrota de la cultura rock? No
sé si una derrota, porque en mi caso sigo viendo
la vida de la misma manera. Pero no soy obsesivo
ni... ¿como se dice cuando uno recuerda permanentemente
el pasado?
Nostálgico. Al
contrario, siempre he querido que viniera una
puta novedad a darme vuelta, para sentir que
estoy vivo, y no esto que me pasa, que escucho
el revival permanente de lo que ya ví y escuché.
Dijiste
que la bohemia no te daba la pulsión de ser
padre. ¿Qué cambió? Con
mi compañera tuvimos claro que mientras la bohemia
gobernara nuestras vidas, no daba para tener
un hijo. Lo fuimos postergando hasta que ella
estaba en una edad riesgosa y sentí que no tenía
erecho a quitarle una justificación básica en
la vida de una mujer. Nunca tuve el deseo previo,
pero cuando nace Bruno y aparece ese estado
de inocencia, te pega un cachetazo en el bobo.
Me dejó de interesar el circo mágico de la bohemia,
porque ya lo viví y más locuras de las que se
hicieron en esa época no se pueden hacer.
¿Cómo es un día típico? Cuando
nos mudamos acá, el primer año nos la pasábamos
jugando al pool y tomando whisky toda la noche.
Al día siguiente, los pajaritos nos rompían
las pelotas. Hasta que le dije: "Es una
locura", y empezamos a despertarnos temprano.
Ahora me levanto a las seis, me encargo de hacer
los desayunos y me vengo para acá (al estudio,
a metros de la construcción principal) a "trabajar":
tocar la guitarra, escribir, pintar. Es un momento
de mucha lucidez, que sirve para corregir las
cosas que hacés por la tarde, cuando empezás
a estar intoxicado con un par de whiskies.
¿Sos de reflexionar sobre el
pasado? Cuando
uno tiene mi edad, la reflexión es a futuro
porque se acerca en serio el momento de entregar
el sachet. Cuando uno es jove, es inmortal.
Cuando tenés ciencuenta y pico pensás en tus
relaciones y te das cuenta que Mengano se cayó.
Al no tener una promesa de paraíso, hay una
preocupación por la nada.
¿Imaginás que "la eternidad
mañana acaba y te vas", como escribiste? Creo
que se apagó la película y se acabó. Al menos
esta unidad que es el Indio. Por más que devolvemos
carbonos y azufres, crece un pastito, viene
una vaca y se lo come y parte de mí será un
asado mañana.
¿Hay temas que no volverías a
tocar? No,
Juguetes Perdidos o Ji ji ji las tengo que hacer
porque forman parte del ritual y lo respeto.
Funcionan oracularmente: se pueden leer hoy
y todavía significan algo. Por eso me río cuando
me dicen que mis letras son crípticas: la lírica
tiene que se poderosa para que chicos de Laferrere
y de otro lado puedan vincularse de la misma
manera, por más que las interpretaciones sean
diversas. "Esto es to-to-todo, amigos"
parece hablar del quilombo de Cromañón. Hay
una especie de cosa extraña en la que uno no
quiere meter la cuchara por miedo a lo que puede
encontrar.
¿Alguna vez pensaste que un show
podía terminar en tragedia? Hemos
tocado en lugares al lado de los cuales Cromañón
y Cemento eran maravillosos. Salimos vivos de
pedo. Ciento noventa y pico de muertos es una
cuenta que alguien tiene que pagar. Pero señalar
a Chabán como criminal es injusto. Me da pena.
¿Te comunicaste con él? No,
porque no soy amigo. Pero creo que ya pagó la
cuenta preso hace dos años. Yo no podría, soy
claustrofóbico. Espero que su capacidad intelectual
le permita aprovechar esto como una suerte de
retiro.
Solías describir a Patricio Rey,
y ahora a Porco Rex... pero ¿quién es el Indio? Un
artista al que no le interesa correr riesgos
al pedo. Me interesa la vida, no la muerte.
No me interesa tirarme del noveno piso ni demoler
hoteles. No quiero circunscribirlo a alguien;
hablo de la actitud de rock star de hacer cagadas,
tomar merca hasta morir. A mí, hasta morir...
(hace un corte de mangas). No quiero se mártir
de nadie.
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Intento
atemporal Por
Alfredo Rosso
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Todos
tenemos una especie de guión con
el que nos manejamos para vivir,
y a la vez tenemos un subtexto relacionado
con las incógnitas. Creo que el
Indio tiene una percepción especial
para describir esos recovecos, para
plantear interrogantes sobre lo
que alguna vez se llamó "la
oscura noche del alma". En
sus letras importa no sólo lo que
dice sino también la resonancia
de sus palabras y frases, que terminan
siendo de dominio público como "a
brillar mi amor" o "el
futuro llegó hace rato". Constituyen
un testimonio de nuestras vivencias
entre el fin de un siglo y
el inicio de otro; tienen pulsión
por la libertad. El Indio y Los
Redondos son la mejor síntesis de
lo que yo creo que es el rock: un
intento atemporal de que nadie escriba
el libreto de tu vida.
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Repetidos
y genuinos Por
Gabriel Levinas
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El
Indio estuvo enojado conmigo muchos
años porque en la revista Cerdos
& Peces que hacía con Enrique
Symns -quien formó parte de los
Redondos en los inicios- escribí
que escuchar a la banda era como
estar en Viena escuchando una ópera
de Verdi pero cien años después.
Sin discutir el talento enorme de
los integrantes, aún recuerdo mi
sensación de hbaer presenciado una
historia repetida y, al mismo tiempo,
genuina. Quizás porque yo venía
de vivir en los Estados Unidos y
el rock cuadrado no era una novedad
para mí, aunque en esa ocasión lo
vivenciaba aquí, en el culo del
mundo. Los Redonditos, es indudable,
lo tocaban muy bien; a partir de
ahí crecieron como fenómeno, incluso
en cuestiones no agradables como
la violencia, sin llegar a asumir
que era consecuencia de lo que ellos
hacían. Pero sin dudas constituyeron
un fenómeno masivo, con el agregado
ideológico de no acudir
a las grabadoras. Demostraron que
tanto un sello grabador como los
recitales se pueden hacer sin entrar
por los canales establecidos. Después
esa actitud se convirtió en una
pose. Musicalmente fueron una de
las bandas más sólidas, pero no
enteramente originales.
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Ricotero
hecho y derecho Aníbal
Fernández
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El
ministro del Interior, Aníbal Fernández,
es quizás el seguidor número uno
del fenómeno ricotero en las filas
del gobierno nacional. En varias
oportunidades confesó su gusto por
la banda de La Plata y demostró
ser un entendido en materia de letras
y recitales: "Siempre me gustó
el rock, y soy un ricotero hecho
y derecho. Los he ido a ver a Montevideo,
a River dos veces, a Córdoba, a
muchos lugares", relató durante
una entrevista radial. "Mi
disco favorito es Luzbelito"
detalló el futuro ministro de Seguridad
y Justicia, que entre sus temas
favoritos enumera "Un ángel
para tu soledad" y "Juguetes
perdidos".
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El
Indio es un antidivo Por
Gustavo Martínez
Pandiani Decano
de la Fac. de Comunicación
Social de la Universidad
del Salvador
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En
el fondo, el Indio Solari es un
ícono de rebeldía. ¿Qué hace la
típica estrella de rock? Publicitarse
lo más posible. Bueno, el Indio
hace pocas notas. Un rock star también
se rodea de farándula. En el caso
de Solari, pocos conocen su vida
privada. El suyo es una especie
de marketing del no marketing, donde
para ser exitoso hay que ocupar
el lugar del antidivo. Y eso, aunque
por un camino inverso, te vuelve
una estrella. Claro que eso lo puede
hacer el Indio, muchos lo intentan
y no lo logran ni por asomo. Yo
viví la primera época de los Redondos
en los 80. Evidentemente, las letras
del Indio tenían un contenido social
fuerte. Había en toda la banda una
altísima politización, que los puso
al lado de quienes se opusieron
a la dictadura. Estimo que la masividad
actual del fenómeno tiene que haber
generado cambios y no sé si el Indio
estará muy contento con eso. Aunque
por fuera del establishment, hoy
tiene masividad. Antes, los que
seguían a la banda tenían plena
empatía con ella. Ahora, en un estadio,
el público es muy diverso.
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El
sueño del rock Martín
Mazzini
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El
rey (Patricio) ha muerto. Viva el
(Porco) Rex. El Indio Solari no
es inocente a la hora de resucitar
un personaje que apareció en el
disco de los Redondos, Ultimo Bondi
a Finisterre, para protagonizar
su segundo álbum solista. Hasta
las iniciales multiplicadas en banderas
y remeras coinciden: PR. Pese
a la dirección que mostraban los
últimos discos de la banda y su
debut solista, el Tesoro de los
Inocentes, Solari dejó de lado la
exploración con máquinas electrónicas
y los coqueteos con el rap y otros
estilos. En cambio, se concentró
en lograr una producción cargada,
que permite ir descubriendo nuevos
elementos a cada escucha. Algo similar
ocurre con las letras, que lejos
de sonar previsibles como las de
muchas bandas de rock, invitan a
segundas lecturas. Lejos del rock
más potable, el Indio cumple con
lo que dijo en la entrevista: "Volví
al rock". POrco Rex exuda potenica,
con pasajes al borde del heavy metal
y una zona de guitarras liberadas
(por Gaspar Benegas y Baltasar Comotto)
que hasta se permiten acoplar
en los solos. Algo similar ocurre
con las baterías (del ex-Animal
Martín Carrizo y Hernán Aramberri).
Los vientos que remiten invariablemente
al sonido redondo, están arreglados
para jugar con la voz, que adopta
al menos tres personajes: el sufrido,
el ganador -"... te voy a buscar,
te voy a encontrar..." canta
en "Y mientras tanto el sol
se muere"- y el melancólico
-"Sopa de lágrimas (para el
pibe Delete)", con sonido de
bandoneón y todo. La voz de Andrés
Calamaro, increíblemente, queda diluída
en "Veneno Paciente".
Varios de los trece tracks contienen
hits y frases célebres en potencia:
uno clavado, pese a su estribillo
en inglés es "Flight 956".
Y entre las numerosas veces que
se repite la palabra sueños, una
se destaca: "Yo soy mis sueños".
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