EL GRITO ENFURECIDO DE UN TAL BRIGITTE BARDOT

En
mayo del 2001, Ruben
Patterson, un jugador profesional de los Seattle Supersonics de
la NBA, fue condenado por intento de violación luego de haber
forzado a la niñera de sus hijos a realizar un acto sexual
sobre él. El castigo de Patterson que la ley le impuso fue
una sentencia en suspenso que consistía en 15 días
de arresto domiciliario (probablemente sin la niñera en casa)
y 5 partidos de suspensión en la temporada de la NBA. "No soy ningún violador"
dijo Patterson
de manera elocuente a la prensa que asistía a la firma de
su contrato por $33.8 millones de dólares con los Portland
Trail Blazers. "Soy un gran
tipo".
En junio de 1948, un insignificante
ladrón y criminal de 27 años de edad llamado
Caryl Chessman fue sentenciado en dos estados diferentes
por el mismo crimen por el cual Ruben Patterson fue
juzgado.
En
el caso de Caryl Chessman, la condena recibida fue:
doble
pena de muerte. En los 12 años que transcurrieron
entre su sentencia y su ejecución en la cámara
de gas, Chessman vivió en la cárcel de
San Quintín. Su dirección era: Celda 2455
en Pena de Muerte. |

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Durante
ese tiempo trabajó sin cansancio en sus libros, verdaderas
obras de historia legal americana, las cuales hoy no han podido
ser igualadas. En esos años escribió tres memorias:
Cell 2455 Death Row (1954,
vendió más de un millón de copias), Trial
by Ordeal (Juzgado por Dios, 1955), The Face of Justice (La
cara de la Justicia, 1957); y una novela: The Kid Was A Killer (El
chico era un asesino, 1960) más numerosos artículos
jurídicos de gran importancia legal.
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Chessman, pudo haber sido inocente de
los crímenes por los cuales se lo ejecutó.
Esos crímenes (dos asaltos sexuales) fueron derivados
de una larga cadena de pequeños robos y asaltos
cometidos.
El
sobrenombre con el cual fué conocido Caryl Chessman
era: El
bandido de la Luz Roja ("Red Light Bandit"), sobrenombre que se
ganó al conocerse su modus operandi: las "Villa
Cariño" de las afueras de San Francisco
eran regularmente visitadas por un supuesto policía
que utilizaba una luz roja en el techo de su automóvil. |
Éste se acercaba a las
víctimas estacionadas y se daba a conocer como
policía, situación que aprovechaba para
robar dinero y artículos de valor de las víctimas
y, algunas veces conducía a la mujer hacia otra
área y las obligaba a realizar actos sexuales
con él.
Sin
embargo, la descripción física que dieron
las víctimas sobre su agresor no coincidía
con el aspecto de Chessman, y Caryl nunca pudo ser identificado
por las mujeres agredidas en las ruedas de presos en
las cuales Chessman fue incluido. |
Esto
no significa que Caryl Chessman fuese un inocente, porque eso no
minimiza el daño y el sufrimiento de quienes fueron sus víctimas,
pero él argumentó convincentemente durante 12 años
que era inocente de los crímenes específicos por los
cuales se lo condenaba a muerte. "Yo no soy un violador, nunca lo he sido. Yo soy un ladrón."
El
inusual caso, junto a la enorme popularidad de los libros de Caryl
Chessman, llevaron que la gente se volcara a su favor y saliera
a las calles a reclamar el cambio de su condena. Entre los reclamos
que se hacía, se intentaba convencer a las autoridades penales
y estatales del cambio de conducta que Chessman había logrado
tras 12 años en prisión. Se escribió un petitorio
de alcance mundial por su cambio de sentencia, entre los que firmaron
el petitorio se encontraban: Eleanor Roosevelt, Pablo Cassals, Ray
Bradbury, Norman Mailer, Dwight MacDonald and Robert Frost.

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El caso de Chessman fue llevado al cine
con un protagonista de otro nombre ("Whit") en 1955,
el contenido del filme basado en su autobiografía
fue alterado por Hollywood para hacerlo políticamente
más correcto, pero el personaje Whit conservó
curiosamente los mismos rasgos y detalles que Caryl
Chessman.
Mientras
vivía en prisión, sus libros fueron traducidos
a numerosos idiomas; periodistas de toda América
y Europa venían a entrevistarlo periódicamente;
los artistas populares de la época como Ronnie
Hawkins escribieron canciones ("The Ballad of Caryl Chessman") para ayudar
a librarlo de la pena de muerte que, luego de 8 intentos
abortados e incontables demoras legales después,
le llegó. La balada rezaba: "Que lo dejen vivir...
que lo dejen vivir." |
Irónicamente, el gobernador de
California que finalmente autorizó la ejecución
de Chessman alegando que sus manos estaban atadas, era
un ferviente opositor de la pena capital. El 2 de mayo
de 1960 Caryl Chessman fue ejecutado en la cámara
de gas en la prisión de San Quintín. Afuera,
la gente se había agrupado en señal de
protesta a la espera de un cambio de rumbo de la situación.
En el frente de la cárcel se encendió
simbólicamente la llama de la vida y los medios
se hicieron eco de la protesta reclamando por un nuevo
juicio. |

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La
noche previa a la ejecución, Chessman le escribe a un periodista
amigo del San Francisco Examiner, que había seguido de cerca
su vida en la cárcel:

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"Cuando usted lea esto habré
cambiado una pesadilla de doce años por el olvido.
Y usted habrá sido testigo del acto final y ritual.
Abrigo
la esperanza de morir con dignidad, sin miedo animal
y sin valentonadas. Tengo respeto por mí
mismo. Me siento extremadamente tranquilo. |
En breve me han
de decir: "Ya
es hora";
hora de caminar esos pocos y cortos pasos. Ya es hora
de sentir el olor sintético similar al del florecimiento
del melocotonero. Es hora de inhalar y de que la conciencia
retroceda hacia un vacío negro y eterno.
Es
hora, en breve, para morir." |
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