LEYES
TÓXICAS Carlos
Solari
- La primera ley para la
angustia tóxica dice que: si no podés
admitir la realidad, por lo menos debés intentar
montarte un sueño decente.
El diputado cruza
la línea de la cordura legal y apasiona a la
prensa un par de semanas. Un tipo mentolado de saco
espigado. Se llama como se llama (no importa). El diputado piensa que ciertas cosas sólo pasan
en el cine. Nada como un buen crimen en el Hotel Luxor
para darle realce a su vanidad. Tarde o temprano la
película termina. |

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- La droga siempre es la droga; son las
personas las que varían entre sí. Esta segunda ley
se proclama en una canción sanguinaria.
El diputado elige
unos bellos palmitos. Las piernas más bonitas del mundo.
Las más lindas que ha visto. La contemplación de la
belleza le lleva a la calma. Pero la belleza no abunda ni dura.
La tipa es una modelo bastante vulgar. Sonríe desde la tapa
de una caja de alimentos para perros y se rompe el corazón
con "El crucero del Amor" mientras traga unas pocas moneditas.
Aceptaría dinero del propio diablo. Esta vez la víctima
no adopta la máscara de la virtud. Sólo se pregunta:
¿Cómo actúan las tipas felices? ¿Cómo
se comportan?
Tipas felices, personas blandas y paredes blancas.
Blancas como la leche, como las rayas finas. Sucias como la leche
sucia. Drogas duras, como la violencia lasciva y el puto amor que
da tanto miedo. Nariz dilatada y labios entreabiertos, implorando
no estallar cuando se cruzan los pensamientos cargados de espectros
que se rebelan.
-Determinadas alteraciones
químicas que se dan en el cerebro estimulan ciertas reacciones
que se vinculan con la supervivencia del individuo.
La cocaína
del diputado le estimula las zonas cerebrales más poderosas,
las más vigorizantes. Con la bragueta hinchada por la excitación,
conduce el taladro una y otra vez, hacia los muslos de su preferida.
la martiriza. Empuja con la mecha ensangrentada unos ojos desorbitados
de cordero de frigorífico. Atraviesa toda resistencia y comienza
a hurgar con la herramienta. ¿No se puede ir más lejos?
se pregunta. Cambia por una hoja curva y comienza a pelar a la modelo
con suaves movimientos. Ahora la piba, es una formidable masa de
carne roja que se bambolea sobre un sillón. Está horrible.
Con su estúpida sonrisa frotada por el aplicado esmeril del
diputado, entrega con brusquedad sus regiones más blandas
(¡que el cielo la ampare!). Los huesos parecen de cera.
Después de una hora de batalla, el diputado yace jadeante.
La muchacha está dispersa y en total exhibición. Cubierta
aquí y allá por pequeñas cascadas de semen.
Todavía exuda. Todavía algunos de sus líquidos
se mueven. Nuestro matador abandona. De su boca brota un diluvio
de vómitos que cubren los rostros, emulsiona con la sangre
y termina anegándolo todo.
Ahora el pobrecito duerme
mordisqueando un dedo y sueña que está totalmente
adentro de una de las chicas del Hotel Luxor que le ama locamente.
(Para las chicas
del Hotel Luxor, que tienen el culo dulce como la miel)
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