¡BANG!¡BANG!¡ESTÁS
LIQUIDADO! Carlos
Solari
Hablemos
de monstruos una vez más. Según se lee en los diarios,
el Monstruo de la Isla Maciel se está comiendo una familia
aquí, otra allá (ojalá no tenga nada en tu
contra). Esta vedette no es de esas bestias que aparecen en las
grandes películas. Tampoco pertenece a la jauría plástica
de Taiwán. Es feo, feo y muy distinto. Es un monstruo que
ha ganado con los años.
Hoy me siento un
buen chico y por eso me arriesgo a prevenirte. ¿Cuánto
falta para que tu calle se haga salvaje? Me esfuerzo en hacerte
ver a nuestro devorador masticando sus dietas exóticas o
ajustando el velcro de sus zapatillas que fueron de un bacán
del pabellón octavo (juraría que es un trozo de publicidad).
Deberá preocuparte ese bicho pseudomona que no cree en la
justicia. Ese al que se le hace imposible creer en tipos a los que
se les paga para que sean honestos.
El monstruo de la
isla, repito, es muy distinto. Tiene la piel llena de mordeduras
negras y frecuenta las librerías del "Pastor Maravilloso"
confirmando leyendas fuera de moda. Lo han visto pasar a todo gramo,
perdiendo su pelo quebradizo mientras su boca, helada por la locura,
lanzaba un ¡chau queridosss! a una rica familia que pretendía
huir con la pobre velocidad de un pollo. Esa familia, dicen, fue
alcanzada y destripada con un electrodoméstico. Todo un lunes
negro para nuestro monstruo de pobreza rabiosa, para ese depredador
que te va a llenar la boca de moscas porque es de la barra sucia.
Un monstruo así sólo es capaz de acechar en la ciudad
cuando ésta ya es un moribundo. Su voracidad no es la de
un Rock-Valentino Standard a sueldo de salchichas. No le alcanza
con perder los estribos en un hotel. Si no anda sin freno no está
a gusto. Dale un buen par de bolas y te mostrará un truco
(una familia aquí, otra allá... ¡Chuip!) Uno
de esos trucos tensó mi arco al máximo y me mandé
a la calle armado con una motosierra. Una vez bastó. Ver
con los ojos del monstruo te hace la risa más breve pero
más convincente. Te dibuja la boca de un tipo inocente. Inocente
como un huevo de Monstruo de la Isla Maciel recién puesto.
¡Ojo!, la bestia
nos ve en blanco y negro. Para ella la sangre es nada más
que esas manchas grises que son su especialidad. Lo han herido con balas olvidadas en los ríos del Delta. Le dieron justito
cuando se aprestaba a comer de esos brutos peliblancos que no son
más que unas bestias ( y las bestias, después de todo,
son comestibles). Horrore humanum est. Fue una cena deliciosa
y luego ¡Bang!¡Bang!¡Estás liquidado!
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