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enviada por JULIÁN SAAVEDRA
POR
ENRIQUE SYMNS CARTA
A LA NEGRA POLY Revista Cerdos & Peces - Número X
- Año 198X
Es
una curiosidad que tengo: saber si el que se equivoca, el que hace
daño, el traidor, el "malo" tiene conciencia de
estas palabras cuando adjudica una explicación a su conducta
o si en realidad cree todo el tiempo estar "haciendo las cosas
bien".
Las personas que no tiene válvula
de seguridad, es decir de controlar y verificar la eficacia
o error de sus acciones, formas ajenas a su aparato
perceptivo y a su cuerpo de ideas, están peligrosamente
locas. Y las personas que se miran con los ojos de los
demás y se juzgan con los juicios de los
demás, están desintegradamente deformes. Conclusión: yo, que soy un tipo astuto, no me
pasa ni una cosa ni la otra, siempre hago lo que se
me canta y después me olvido la letra de la canción.
HACIENDO
REVISIONISMO
me produce un enorme placer descubrir que todo lo que pensé,
escribí o chusmé sobre esa negra bruja, loca, policía,
mala, insoportable, peligrosa, manipuladora, traidora que es la
Negra Poly (manager-babysitter-magnum de prensa-dictadora de los
Redonditos de Ricota) hoy ya no lo pienso ni lo siente y me río
de mi facilismo adjudicador y de esa costumbre maniática
que tienen los significados que hoy significan una cosa y mañana
otra.
Cuando
impulsado por los andá-a-pararlos huracanados vientos de
la violencia crítica les daba duro a los Redondos, después
cuando me agarraban los momentos de bajón, me dolía
haber escrito notas contra los "buenos muchachos" de la
banda, los musiqueros, etiquetando a la Negra como la mala del film.
La Negra Poly - cuyo negror tiene más que ver con el color
de la tez de su alma- independientemente de sus acciones fue una
presencia fuerte y clara en los momentos claves de mi vida para
mi maldita suerte o para mi bendita desgracia. Esa Negra que
conocí hace casi una década en un bolichón
de la calle Cangallo casi Callao y que siempre me consideró
o me vió como un hombre en la acepción más
mágica de esa estúpida palabra. Hasta en los momentos
picos de odio mutuo (porque sin odio, ¿de qué pasiones
hablamos?) la poly me hizo sentir la medida de una talla que probablemente
yo no tenga, pero que tampoco cualquier gil que ande por ahí
me demuestra fácilmente lo contrario, que en cuanto lo ves
te das cuenta que el tipo es una zapatilla con carne crecida encima.
A
PATRICIO REY NO
le debo ninguna disculpa como nadie le debe nada a Cerdos &
Peces, una y otra marcas registradas de proyecciones alienadas y
engendradas con el más venenoso y sutil de los placeres,
pero proyecciones al fin. Ni tampoco a los artistas, quienes
-como nosotros los periodistas- están para recibir las caricias
del aplauso o las cachetadas de la crítica.
Ni tampoco
a los lectores que creyeron o formaron parte de uno u otro bando
en esta estúpida disputa de la culturita (las verdaderas
disputas tienen sangre y mucha y pasan en las calles, en los valles,
en als guerras, en los laberintos de la mente, en los torbellinos
de los oscuros odios que se ocultan en el misterio de la vida) porque
siempre aconsejé recordar que estas palabras o cualesquiera
otras que están saliendo de la máquina de escribir
o cualquier otra las escupe mandinga o el virus del hipotálamo
o las musas o el tarado de Enrique Symns que aburrido por no saber
manejar pistolas se pone a boludear, pero de ninguna manera yo a
vos.
A
la Negra Poly más que una disculpa o retractación
(mariconerías de los modales de club de golf de los poetas)
le debo el dolor del olvido. Más allá de las miserias,
de los resentimientos y probables envidias, de los influjos, más
allá de ciertos criterios y diferencias que aún sostengo
con Patricio Rey, más allá de toda esa huevada ella
siempre estuvo ahí.
CON
EL CULO EN LA CALLE
peleando en el bar con 20 imbéciles cretinos para salvar
a sarnosa fiera a punto de ir presa, con el duro culo que le permite
bancarse el peor papel de la obra: el del malo, el del perseguidor,
el del almacenero que hace los números, el que echa sobrebiamente
equivocada o recibe con una errada humildad, malvadamente precisa
o arbitrariamente pasional, eligiendo a veces con la mirada de la
conveniencia que enseña la calle y otras con la pasión
loca de una cabra bruja.
La calle, cualquier calle que quede
lejos de tu jardín, una calle violenta o una calle gris te
gasta la dulzura. Los arañazos del cariño te hacen
esquivo. La mediocridad del mundo te hace odioso. Por adopción,
abandono, o decisión voluntaria el poder de Poly ha sido
delegado y muchas veces confirmado por los integrantes de la banda.
En la mitología tebana (y creo que alguna vez lo he mencionado)
el último dios engendrado por el panteón fue GOREG,
el cerdo. Nació como el dios más despreciable cuando
los dioses más poderosos y brillantes comenzaron a equivocarse.
Goreg tenía que comerse sus errores para que ellos conservaran
su incólume brillo. Pero Goreg pronto se convirtió
secretamente en el más poderoso de los dioses cuando los
maldijo: "Les
exijo brillar! Cuidad lo que defequeis porque os lo haré
comer nuevamente".
AMO
A GOREG, EL CERDO
y a esa niñez oculta en la fragilidad de una dura máscara.
Creo que fue la última vez que nos vimos, al salir del
Bar Británico (después de que Lalo Mir ofendiera mi
estúpido eguito cuando me dijo que no había leído
el reportaje que le hice, siendo que yo jamás escucho el
programa que él transmite), cansado de esa implacable lucha
que noche a noche se entablaba en ese bar y en cada encuentro, cuando
salimos y la Negra me respiró un casi inaudible "gracias" en el oído, creo que fue
ahí cuando me acordé de las botellas rotas, de las
ventanas rotas; y un rato después en el bar Burroughs, Vera
land me hizo recordar con más claridad esa magia que le brota
a la Negra, y me hizo acordar que en este país había
5 personas que estaban conmigo y que la Negra era una.
Con toda
la humildad de un soñador que sabe con alegría que
todo esto es sólo un decorado de un náufrago que dibuja
señales que ni él comprende, te recuerdo y te quiero
como una gran amiga.
APROVECHO
ESTA OPORTUNIDAD
para saludar a Carlos Polimeni que nos encontramos al otro día
de ése día en un bar y nos disculpamos por si acaso
la estupidez de nuestras palabras había herido u ofendido
a la estupidez que habita en nuestro cráneo.
A una maravillosa
señora que conocí en Valeria del Mar, le ofrezco las
lágrimas que me salieron por un instante en este rato, usted
es un ser maravilloso independientemente del rol de madre y yo la
recuerdo con el respeto que me merecen las personas QUE SON en serio
y no como a cualquier madre ni tampoco como la madre de cualquier
hijo. Y ya que está para quedar bien con todo el mundo,
a los muchachos del Sí de Clarín, que pueden irse
a la reputísima madre que parió el misterio de este
universo que jamás existió.
ENRIQUE
SYMNS |