Diario
LA NACIÓN. 17/04/2000, entrevista por Adriana Franco
EL MÚSICO
UNDER QUE LLENA ESTADIOS A
LOS 51 AÑOS, EL LÍDER DE LOS REDONDOS ES PARTE
DE UN FENÓMENO CONTROVERTIDO
En
el epicentro de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, este fenómeno
extraño que se ha convertido en único en el país,
hay un nombre que juega de eje. Es el Indio Solari, cantante
de la banda y voz preponderante cuando dan entrevistas, aunque siempre
las comparte con sus dos compañeros de ruta, el guitarrista
Skay Beilinson y la negra Poli, manager del grupo.
Si
constituye un fenómeno único es porque la banda, desde
su inicio en los setenta, se mantuvo fiel a sus propias reglas:
no tienen contrato discográfico, ni productor, ni sponsors,
y sus discos no son promocionados en alta rotación en radios
y televisión. Sin embargo, así pasaron de tocar
en pequeños pubs para intelectuales y artistas del under,
hasta llegar, paso a paso y por una convocatoria que no piden pero
que aceptan, a tocar en el estadio de River.
Sin
embargo, poco es lo que se sabe de la vida de Carlos Solari, el
hombre que hoy tiene 51 años. El mismo elige el silencio
con respecto a su vida privada y aclara, en los reportajes, que
el que habla no es él sino el Indio Solari, la figura que,
quiéralo él o no, se ha vuelto pública.
El
Indio prefiere no confrontarse con Carlos Solari, simplemente porque
piensa que aquél es más interesante que este ser de
carne, huesos y pasiones. El Indio, en cambio, y según sus
palabras, "tiene
una realidad mucho más grande, porque es un personaje en
el cual se juntan los caudales de imaginación de miles de
personas".
Para
entender esta postura no convencional es necesario remontarse a
los orígenes. A principios de los setenta, Carlos Solari
no era todavía el Indio. Había nacido en Paraná,
pero luego su familia se trasladó por un par de años
a Santa Fe, para finalmente recalar en La Plata.
Dice que no
fue un buen alumno, sino más bien un itinerante por diversos
colegios. Por entonces -y aquí comienza la historia del Indio-
Solari alternaba la capital bonaerense con Valeria del Mar, y hacía
cortos y guiones de cine junto a Guillermo Beilinson.
UN
HOMBRE INFORMADO
Este último fue el que lo conectó con su hermano
Skay. El guitarrista ya había visto a Hendrix en Londres,
y de regreso y ya junto a Poli había vivido en varias comunidades.
La cultura rock estaba en ebullición. El encuentro de Solari,
Skay y Poli se convirtió en un trío con distintas
personalidades y funciones pero con un ensueño similar.
Pero
el Indio es "la
estampita"
del grupo, como él mismo define. Y serlo tiene su precio.
Carlos Solari no sale demasiado. O casi nada. En los pocos reportajes
que otorga llegó a confesar que se ha pasado seis meses sin
salir de su casa en las afueras de la ciudad. Un lugar con jardín
y, sobre todo, con Luzbola, el estudio donde graban sus discos.
También
lee mucho. Es un hombre informado. En las entrevistas habla de la
red Echelon, del genoma humano, de Internet y de economía
global. Sólo se da el gusto de hacer lo que le gusta (ir
a escuchar música o al cine) cuando sale del país.
Aprovecha los viajes a Nueva York para mezclar sus discos para quedarse
un tiempo más en "ese
portaaviones que todo lo ofrece" y donde vuelve a ser un don nadie.
Le
gusta hablar y le interesa la confrontación, la discusión
de ideas. También mantiene poco contacto con otros músicos
del mundillo del rock: "Una
manera de defender el respeto que tengo por la obra de alguien -dice- es no conocerlo, prefiero defender el
impacto que tiene en mí lo que hacen, no conociéndolos".
Un
fenómeno extraño -y no buscado- es que la banda que
comenzó tocando para intelectuales, artistas y habitantes
de la bohemia, terminó convirtiéndose en la más
convocadora de la Argentina.
LAS
OFERTAS QUE NO ACEPTÓ Así, aunque elijan rechazarlo, los Redondos
manejan un poder. Por eso mismo, el Indio ha sido tentado con diversas
ofertas. Aunque no quiere dar precisiones, insinúa que le
ofrecieron abultadas sumas por hacer shows gratuitos que favorecerían
a algún dirigente, posesiones por tocar para alguna campaña
política y hasta cargos públicos.
Este
hombre, que reconoce su origen de clase media, tiene más
de lo que alguna vez pensó. Una casa y la libertad de dedicarse
a lo que le gusta. "¿Qué
es lo que me pueden ofrecer? De la única manera que mi vida
me da ganas de vivirla es si me respeto a mí mismo y a la
gente que quiero".
Pero
esta convocatoria variopinta también ha traído inconvenientes.
Varios de sus recitales se han visto teñidos por la violencia.
El primer sacudón fue en 1991, cuando Walter Bulacio fue
detenido en la puerta del show del estadio Obras y tras descomponerse
en la comisaría murió en el hospital. La banda optó
entonces por no plegarse a las manifestaciones en contra de la policía
ni participar de los festivales en memoria del muchacho. Aún
hoy, y frente a las críticas por no haberlo hecho, esgrime
el derecho de no hacer público el dolor.
LOS
INCIDENTES
Después de tocar en 1994, en Huracán, los Redondos
optaron por tocar en el interior, sin mayores inconvenientes. Hasta
1997, cuando en Villa María, Córdoba, la policía
fue superada por la presión de los que querían acceder
sin su entrada. "Un
recital de rock no vale la vida de ninguno de ustedes", dijo Solari unas horas
antes de comenzar el show.
Unos
meses después, el intendente de Olavarría, Helio Eseverri,
prohibió a último momento las presentaciones programadas
allí por la banda. Pero los fans ya habían llegado,
y seguían llegando. Entonces, y por primera y hasta ahora
única vez en su trayectoria, la banda realizó una
conferencia de prensa, que fue transmitida por televisión.
En
diciembre de 1998, los recitales en el estadio de Racing transcurrieron
sin mayores inconvenientes. Pero en junio de 1999, en Mar del Plata,
nuevamente la violencia fuera del estadio -coches incendiados, saqueos
de negocios- contrastó con la fiesta que vivieron los que
pudieron ingresar.
En
su regreso, en el aeroparque metropolitano, Solari dijo a los medios
que esos hechos no tenían que ver con una banda de rock,
sino que hablaban de la situación social que vive el país.
"¿Vos
pensás que los chicos nacen malos?", preguntó.
Los
problemas se repitieron este sábado, con escenas de violencia
dentro y fuera del estadio. Tanto, que el grupo tuvo que suspender
por diez minutos el recital y, al regresar al escenario,el Indio
habló al público sobre los hechos y sugirió
que esos pocos que arruinaban el encuentro podían ser enviados
por alguien.
La
misma teoría había esgrimido Mariano Grondona en un
debate que realizó en su programa tras los hechos de Mar
del Plata, con la presencia de las partes interesadas -comerciantes
y vecinos por un lado, seguidores de la banda por el otro-. Allí
el periodista arriesgó que el episodio podría relacionarse
con "algún manejo político relacionado con el
proceso electoral".
El
Indio prefiere no hablar mucho. Se niega a "bajar línea"
y más de una vez ha dicho que, en todo caso, él está
para escuchar. Pero, frente a los desbordes -Villa María,
River el sábado- el Indio dejó claro que, así,
con violencia, la historia de la banda no podrá seguir. |