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ROCAMBOLE EN EL PALACIO DEL HIELO

Rocambole en el Palacio del Hielo es la muestra retrospectiva y educativa de Ricardo Mono Cohen. Allí exhibe los originales de afiches y tapas de la banda, pinturas, dibujos, piezas, proyectos de diseño y hasta videos de animación surgidos de su propio taller: CYBERGRAF.

Según dice el Mono: "Es un paneo general. No va a faltar, por ejemplo, el primer afiche que hice para Los Redondos (1978), pero también va a estar el video de ''10.000.000'' (El Otro Yo), tapas que hice para Tintoreros, La Saga de Sayweke y Frank Zappa (el compilado argentino Zappa on the radio). Va a haber curiosidades y mucha variedad". El único ausente será el busto original de Luzbelito, robado en una exposición anterior. "Es una buena oportunidad para que lo restituyan: sería un gesto de dignidad sin par" dice Rocambole mientras confirma que la banda sigue en receso después de la cancelación de los shows en Unión de Santa Fé.

En la muestra pueden verse pinturas, ilustraciones publicadas e inéditas, dibujos y distintos trabajos que terminaron en escenografías o arte de recitales y discos, diseño de entradas, vestuario para las chicas del ballet, y las portadas de cada uno de sus discos.
Se ha montado una sala para mostrar el desarrollo de una tapa de disco, con un ejemplo de cubierta de Los Redondos, y también pueden verse propuestas de tapas inéditas. Se proyectan animaciones hechas para shows. Hay charlas sobre diseño y Rocambole está accesible al público para distintas actividades.  


DIARIO LA NACIÓN - VIERNES 01/02/2002

Entrevista con Rocambole - LA NACION LINE

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No sólo son seres desangelados. Los colores incomodan. Las formas inquietan. No, no se trata, solamente, de seres desangelados. Algunos volvieron del infierno. Y no del infierno poético del Dante, sino de éste, más cercano, cotidiano. Además, no son sólo colores. También hay trazos finos, proyectos, búsquedas... En fin, bocetos. La muestra "Rocambole en el Palacio de Hielo" (en el Palais de Glace) es a la vez síntesis y exploración, viaje y descubrimiento. Descubrimiento, sí, de un personaje sumamente conocido por su trabajo, desde siempre, con los Redondos, pero un artista plástico con un lenguaje propio, que excede el trabajo con la banda. De todas formas (y esto es muy interesante por el espacio que ganó en los últimos años) su obra está directamente ligada a la cultura rock, desde esa posición que alguna vez vislumbró la generación beat y que se contagió a las juventudes que le siguieron. Habla del mundo en el que vivimos, del nuestro, de las calles por las que andamos cada día, de la gente que vemos aquí y allá, a veces vencida, a veces esperanzada.

Tal vez haya que recordar que Ricardo Cohen fue uno de los fundadores de La Cofradía de la Flor Solar -aquella comunidad autónoma de fines de los años sesenta, que dejó un álbum grabado y mil historias para contar-, que publicó historietas e ilustraciones en distintos medios, que es profesor en Bellas Artes desde hace casi dos décadas y que hace unos años fundó el estudio de diseño gráfico y animación Cybergraph DCA junto con otros dos egresados, con quienes diseñó la estética de las últimas ediciones de Patricio Rey y de muchos otros trabajos, como la recopilación de temas de Frank Zappa hecha en nuestro país, "Zappa en la radio".

La obra de Rocambole está hecha de gente. Hurga en la especie humana, en sus miserias. Quiere descubrir aquello que no se ve, en retratos hechos con crudeza y, por eso mismo, con espacios donde palpitan otras sensaciones. Sensaciones fuertes, desesperadas, desafiantes. Basta ver, por ejemplo, "¡Cruz diablo!" O el "Angel empetrolado". O cualquiera de los cuadros que dominan la muestra (como si el círculo del recinto sólo llevara a ellos), para advertir las intensas llamaradas de su lenguaje. Y ese lenguaje no está compuesto sólo por formas y colores, sino también por insinuaciones. Cohen insinúa situaciones que saltan del cuadro hacia quien lo mira. Arrebatan. Sofocan. No entretienen: desafían. Cuestionan. Como si nos pusieran delante de la nariz aquello que no vemos de las cosas que miramos todos los días.

"Ocurre a menudo que entre el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo. Pero me ha costado separar las cosas que suceden de las que sueño", dice Rocambole. Y habrá que creerle.   

  

 

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