Conocer a Rocambole es especial. Cuando uno se topa con la simpleza con la que
se mueve en el medio de ese torbellino artístico, se da cuenta de que había algo
que no había tenido en cuenta: que es un tipo simple, que escarba en lugares aún
inexplorados y los muestra como sólo él sabe hacerlo.
Lo primero que uno se
pregunta es: “¿Querrá hablar de los
Redondos?“, y sí, es lógico, el
fenómeno/leyenda/mito o lo que sea que fueren Los Redondos, espanta hasta al más
valiente, así que decidimos tantear el terreno para no incomodarlo, aunque no
era de lo único de lo que queríamos hablar. Uno tiene esa imagen del artista que
dice “Yo no sólo hice tal cosa“, pero en el caso de Rocambole, una vez
más, fue diferente, él mismo abrió paso para contarnos y preguntarle sobre lo
que vivió junto al mito ricotero.
Ricardo Cohen (Rocambole, claro)
llevó el timón de un barco artístico en un mar que nunca se había navegado, y es
el del artista plástico como miembro necesario en una banda de rock. A
partir de sus trabajos en artes de tapa de diferentes conjuntos de rock, fue que
las bandas se dieron cuenta del peso y de lo importante que es lo que la gente
recibe estéticamente de su propuesta.
Nos recibió en su taller en La Plata,
un lugar donde el olor a óleos y acrílicos te reciben a la espera de ser
admirados. Los cuadros de Rocambole te embrujan y si te descuidás hasta podrías
salir lastimado. Durante la entrevista, contra una pared, había un cuadro que
sugería la imagen de un ser gritando, como desesperado, escapando de algo… Te
encandilaba, cuando te distraías parecía que salía del cuadro y te atropellaba,
o te pedía ayuda…o te mataba.
La charla en un principio, como toda charla,
fue menos distendida, pero con el correr de los minutos, él ya se sentía tan
cómodo como si hablase con un vecino del Mundial de fútbol o el precio de la
carne. Al finalizar la entrevista, nos invitó a una habitación contigua
a su taller donde tenía varios tesoros que libró en nuestras manos para que
apreciemos de cerca: las tapas de Gulp!, los afiches originales de
viejas fechas de los Redondos, y un tesoro que personalmente me conmovió, la
tapa de Oktubre.
Abandonamos el taller mirándonos entre todos, con la
sensación de que habíamos conocido un tipo de una calidez sorprendente, muy
amable y fiel a su arte, un gran artista y pensador de lo que vive. Rocambole no
se quedó ahí, puertas adentro, en su taller. Es inevitable no toparte con sus
obras en banderas, tatuajes, remeras. “Eso... ya no es mío“, nos dijo,
“Eso es de la gente… ya no es mío“. ¿De esto se trata el arte?
Seguramente, tal vez, seguramente…