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 La Voz Del Interior / Córdoba. Entrevista: Verónica Molas.

ROCAMBOLE: LA IMAGEN DEL ROCK

Ricardo Cohen y el rock, dos inseparables que ya transitaron 20 años de feliz convivencia, produjeron una estética que es imposible desvincular del fenómeno de Los Redondos. Esto es así desde que el joven con nombre de personaje fantástico, empezó a desplegar sus habilidades plásticas en los revolucionarios años ‘60 junto con sus amigos de la Cofradía de la Flor Solar, con quienes llegó incluso al Instituto Di Tella.

“Rocambole en el Palacio de Hielo”, una exposición con más de 100 trabajos de este “realizador” (“en el concepto de artesano del Renacimiento”, aclara), llega a Córdoba al Cabildo de la Ciudad, después de una exitosa presentación en Buenos Aires, donde convocó a más de 25 mil personas. Cifra abonada en gran parte por los fans ricoteros que adulan al creador del imaginario de Los Redondos.

Historieta madre

“El nombre de Rocambole –nombre del héroe decimonónico al que admiraba de chico– simboliza ese espíritu de aventura y también lo tenebroso”, cuenta. La obra de Rocambole está compenetrada con la historieta: “Nunca puede desprenderme de esa influencia. Todas esas imágenes tenebrosas, contundentes, dramáticas son las que me fluyen. En la historieta busco el trasfondo literario”.

Ilustrador por esencia y convicción (un camino que le permitió “conocer todas las técnicas”), Rocambole hizo de todo: “
De adolescente pinté letreros, cartelones para circos, fileteé colectivos, pinté parque de diversiones, ilustraciones gigantes para rutas, todo eso me formó de alguna manera”, dice. Después vino la Universidad y con ella la docencia. “Me intelectualicé”.

“No sé si soy ilustrador del todo, pintor, dibujante”, se excusa. Este panorama ecléctico queda plasmado en sus muestra más reciente: ROCAMBOLE EN EL PALACIO DEL HIELO, ahora itinerante por todo el país, donde se exponen acuarelas, pinturas de todos los tamaños (hechas con pincel o en la computadora) realizadas dentro y fuera del marco ricotero, pero también, animaciones de los shows, escenografías y sobre todo, las tapas.

Una cuestión vital

El ingreso de Rocambole al mundo del rock nacional fue simplemente natural. No sólo por haber integrado la Cofradía. Era amigo de muchos músicos (hizo algunas tapas de Miguel Cantilo y Claudio Gabis). Y traía en sus gérmenes una estética afín.
“Era lógico que me encargaran la parte visual de lo que los hacían. Tuve la suerte de que un grupo de amigos que conocía de chico formaran una especie de acontecimiento, de happening, que terminó siendo un grupo que se llamó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Gracias al fenómeno en que ellos se transformaron, mis imágenes se difundieron de una manera que yo jamás hubiera pensado. Por un camino indirecto llegué al museo”.

Además de hacer todas las tapas de Los Redondos (11 en total), Rocambole diseñó la cara de un compilado de Frank Zappa en 1997, Zappa on the radio.

La de Oktubre, es una de las que más recuerda:
“La idea era hacer un homenaje a las revoluciones, con la estética de las primeras vanguardias rusas, esa imagen parca me convenía, porque en esa época la producción de los discos de los Redonditos era muy artesanal, las tapas se pegaban a mano, las imprimíamos en mi taller de serigrafía. La técnica se unía a la estética y a la propuesta de la banda”.

Siempre quiso hacer una tapa diferente a la otra.
“La de Gulp fue una especie de dripping que puede recordar a Jackson Pollock. A medida que el grupo fue más rentable, las tapas se hicieron a color, en off set. Hicimos tapas de goma, libritos, metal con relieve, empezamos a especular con el packaging”. Rocambole se refiere a Luzbelito, premiada, con la cual quiso hacer un pequeño álbum que recordara a “los antiguos álbumes de música clásica de discos de vinilo, bien encuadernados, con lomos y punteras de cuero, que diera la idea de un facsímil de un libro antiguo”.

“En un momento me dejaron de interesar las galerías, el rock es una cosa mucho más vital. Más gratificante que hacer una exposición –confirma– es hacer una tapa que circula por las bateas y los chicos se la llevan a la casa. Es la imagen multiplicada. Obra es lo que ya pasó por la imprenta, lo otro es un antecedente”. Para Rocambole, entonces, son las tapas de discos, su verdadera obra. Rocambole dice que hacer una tapa es más gratificante que una muestra.

  

 

10/1998 | PETO y RULO, desde la Ciudad Prohibida