Entrevista para "Hoy
no se fía", programa radial, jueves de 22 a 24, por
FM Record 106.7, La Plata Enviada
a MR por Patricio Cermele. Contacto: hoynosefia@argentina.com

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"LOS IDEALES DE PROGRESO HUMANO
ESTÁN MÁS EN PIÉ QUE NUNCA"
Lo
dice Rocambole, el realizador de las tapas de Los Redondos. Y afirma: “Al
concretarse las presiones a las que nos condenó el sistema capitalista, la
resistencia a ese tipo de presiones o de formas que intentan hacernos caminar
por una fila, son, cada vez, más actuales...”
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“¿Está bien este lugar?”, pregunta Rocambole,
tímidamente, después de hacer la introducción en las clases que tiene a cargo
en la Facultad de Bellas Artes de La Plata, y señala los escalones de mármol de
la entrada al Auditorio. Rocambole, que ya se acomodó en el borde de la
escalera, es Ricardo Cohen, el realizador / diseñador de las imágenes que
ilustran cada concepto musical de Los Redonditos de Ricota. Y es, además de docente,
dibujante y ¿artista?... “En realidad, yo a la palabra artista la tomo con
pinzas. Hay muchas definiciones de la palabra arte y, tal vez, algunas entre sí
hasta no concuerdan. Encuentro mucho más claro hablar de realizadores. Para mí,
un pintor, un dibujante, un escenógrafo o un escultor son, básicamente,
realizadores. El hecho de la connotación arte es de una interpretación muy
diversa: en el Renacimiento, los artistas eran artesanos; en la época de los
griegos, esclavos. No creo en el mito del artista como alguien excepcional;
como un individuo que debe ser un poco loco o un poco bohemio, que se inspira y
le sale una obra maestra. Considero que las obras bien hechas son producto de
un estudio y un trabajo bien hecho”, aclara, de movida.
Para Rocambole, un artista debería
definirse como tal cuando crea nuevos parámetros para comunicarse: “Para mí, es
alguien que patea un tablero y crea un nuevo lenguaje; no aquel que se
sigue expresando como un intérprete a través del lenguaje que ya existe. Es
diferente ser un intérprete a ser un creador”, dice.
¿Hay artistas, actualmente? Ocurre que no es que los artistas sean una clase
especial de personas, sino que, plagiando a un filósofo hindú, cada persona es una clase especial de
artistas. Pienso que a todas las personas, por el hecho de ser humanos,
nos gusta expresarnos y comunicarnos.
¿Cómo influye, en la supuesta pureza de la obra
artística, la posibilidad de utilizar los nuevos medios que brindan los avances
tecnológicos? ... Pero en toda la historia del arte se ha visto
cómo ha evolucionado la realización de las imágenes a través de la evolución de
los materiales. No pienso que sea relevante el hecho de utilizar determinado
material para que no sea una obra considerada: eso va a depender de otros elementos;
no del tipo de material o de soporte. Lo que pasa es que hay personas que, por
ortodoxos, prefieren mantener una cierta técnica, y es una decisión respetable.
¿Cómo ha sido su experiencia al trabajar los
conceptos artísticos de los últimos discos de Los Redondos con otro tipo de
materiales? El hecho
de que los primeros discos fueran artesanales, dependía mucho del tipo de
producción que existía en ese momento. Que ahora las tapas o los envases
lleguen a ser complejos, o se utilice más la industria para ello, es por la
lógica evolución del grupo, que ha podido implementar una mayor producción en
cada uno de sus trabajos. En principio, las dos primeras tapas de Los Redondos
(N de R: Gulp!, en 1984; Oktubre, en
1986) las hicimos nosotros mismos con las manos...
¿Con las manos? Sí, impresas en serigrafía; apelando a pocos
colores, bien sencillo...
Así como Oktubre se transformó, desde lo musical y
lo conceptual, en El (sí, así, con mayúsculas) disco de Los Redondos
(seguidores del grupo dixit), es, a su vez, según Rocambole, la pieza de diseño
más lograda: “Claro, porque, como concepto, el diseñador siempre piensa en
hacer lo más con lo menos. Y eso fue lo que ocurrió al diseñar esa tapa:
limitación en la producción, condiciones precarias de realización...”
Cuando Ricardo Cohen empezó a firmar sus
realizaciones como Rocambole (seudónimo que le debe al personaje principal de Las aventuras de Rocambole, un folletín francés del siglo XIX que “leía cuando era chico, porque
mi viejo tenía los cuarenta tomos de la obra”, afirma) lo hizo para separar lo
que él consideraba era el arte serio del arte popular: “Sí,
en principio pensaba eso. Yo veía que los dibujantes firmaban las historietas
con seudónimos, y que en las obras del circuito de galería, en cambio, los
realizadores figuraban con su propio nombre. Pero, después, Rocambole lo empecé
a usar para todo: como marca, en una pequeña estampería que tenía, y también
para firmar las ilustraciones y las historietas”.
¿En qué se diferencian el arte serio y el arte
popular? Y... (piensa, y se distrae mirando a los alumnos
que se pierden frente a la puerta) hay un circuito artístico que tiene que ver
con las galerías, los museos, las universidades: pareciera que el arte,
mientras más intelectual, mejor es; y otro circuito, donde se mueven la música
popular, la literatura popular... Está claro que hay una separación bastante
marcada. De hecho, casi nunca exponen en los mismos lugares, artistas de índole
popular y los llamados artistas serios. Además, el arte popular
sólo llega a los grandes escenarios cuando se consagra.
¿Qué tipo de arte le interesa? El que puede ser gozado por todo tipo de público.
Me interesa la obra que puede ser reproducida y ser propiedad de las masas. El
arte de la obra única, la que compra alguien como representación de su poder
económico, no es lo que me importa.
De aquellos polvos, futuros lodos
El origen de “todo” es... La Cofradía de la Flor
Solar, aquella comunidad platense que albergó a numerosos artistas, músicos y
artesanos que se negaban a una vida convencional. El origen de todo es... la
Escuela de Bellas Artes de La Plata, lugar donde Rocambole ingresó en 1965,
tras cuatro años de dudas en la carrera de Psicología (“No era lo que esperaba,
por eso largué todo...”). Después, el golpe de Onganía en el ‘66 trajo la
intervención de la Universidad; y el éxodo, obligado, de los profesores más
interesantes: “Ahí fue cuando nos fuimos de Bellas Artes con un proyecto de
hacer una escuela paralela a la intervenida Escuela Superior, con todos los
profesores que habían echado por el Golpe. Hasta formanos un comedor
universitario... Ese fue el origen de la Cofradía”, cuenta.
¿Qué lugar queda en la actualidad, de un
determinado contexto social / cultural, para que puedan repetirse experiencias
artísticas, estéticas y conceptuales como las de la Cofradía? Creo que la historia va y viene... Siempre hay
brechas donde se mueven las culturas alternativas, y yo confío mucho en ese
tipo de movidas: aquellas que se mueven en los suburbios de las ciudades o del
arte oficial. Pero va a depender mucho de la aparición de talentos...
¿No cree que los artistas y los músicos tenían
objetivos distintos en esa época? Los ideales del progreso humano siempre están en
pie. Y en una época como la actual, están más en pie que nunca. Me parece que
la historia, un poco, nos ha dado la razón. Creo que las primeras movidas, en
las cuales estuve cuando era más joven, como las de la Cofradía, fueron más
bien una advertencia por el tipo de torción que iba a sufrir el espíritu humano
en unos pocos años. Entonces, al concretarse ese tipo de presión al que nos
condenó el sistema capitalista, hoy, más que nunca, la aparición de resistencia
a ese tipo de presiones o de formas que intentan hacernos caminar por una fila,
son más actuales...
Horizontalidad conceptual
¿Cómo trabaja
los conceptos del Indio y Skay para realizar la idea de ilustración de cada
disco de Los Redondos? El concepto no
proviene de ellos; no baja de arriba hacia abajo. Al concepto se llega en
equipo. Normalmente, hay planteos para producir alguna obra o algún disco y el
concepto va llegando después, porque se juntan todas las cosas y se ve qué tipo
de relación tienen entre sí. Y muchas veces, surge como un descubrimiento. En
cuanto al sistema de trabajo de los dibujos, si me pusiera a trabajar después
que ellos terminan de grabar, el disco tardaría muchísimo en salir... Más bien,
siempre se trabaja en conjunto, a la vez. Voy escuchando tomas, leyendo
poesías... Es como que nos invade un tipo de espíritu común que nos hace llegar
a puntos comunes...
Los alumnos lo
esperan. Pero antes de seguir dando clases, y al preguntarle por los últimos
discos de Los Redondos (Ultimo bondi a Finisterre, de 1998, y Momo Sampler,
de 2000), Rocambole no duda en afirmar que pudo concretar parte de sus
objetivos: “El uso de abundante tecnológica permitía soñar más. Había muchas
cosas que, antes de los discos, siempre habían estado presente en cuanto a
soñar otras cuestiones. Los últimos discos de Los Redondos, por el tipo de
material que pudo utilizarse, no fueron más que la realización de viejos sueños
postergados...”
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