|
LAS
FORMAS DEL ENSUEÑO DIÁLOGO
CON EL ARTISTA PLATENSE ROCAMBOLE Entrevista de Darío R.
Falconi
José Ricardo "Mono" Cohen, más conocido en el
ambiente artístico como Rocambole, estuvo en una fugaz visita por Villa María.
Fue convocado desde la UNVM para conformar un tribunal de concurso en el espacio
curricular Animación Computada de la Lic. en Diseño y Producción de
Imagen.
Tal vez usted se pregunte quién es Rocambole, si
bien sus obras no son conocidas en nuestro interior, es posible que tenga alguna
imagen de su autoría muy cerca, quizás de su vecino o hasta en su misma casa.
Revise bien, en algún rincón de su inmueble es probable que encuentre algún
disco de Los Redonditos de Ricota, banda que generalmente ha sido tildada de
manera injusta como generadora de disturbios. ¿Qué tiene que ver Rocambole allí?
El fue el responsable del arte de tapa de todos sus discos y escenografía. Pero
su obra no comienza ni termina allí, desde muy pequeño tuvo la inclinación por
trabajar "con todo aquello que pueda dejar una señal sobre la superficie".
Rocambole es actualmente el vicedecano de la Facultad de Bellas Artes de la
Universidad Nacional de La Plata, tarea que ejerce junto a la docencia, el
dibujo y la plástica en general.
EL DIARIO CULTURA mantuvo un breve pero
sustancioso diálogo donde se rozaron temas de su trabajo, sus estudios, su
relación con la mítica banda de rock, y hasta quedó flotando la idea de una
futura exposición en esta ciudad que es muy factible se concrete a mediados de
2006. Con ustedes, Rocambole...
Sabemos que es
docente, artista, directivo, ¿de qué manera se
autodefine? Lo de artista, entre comillas. Una de las cosas
con las que siempre tengo conflicto es con la palabra artista, más bien me
considero como una especie de realizador o trabajador con respecto a las
imágenes. Me gusta definirme más bien como dibujante, tengo un especial cariño
con esa palabra, porque recuerdo que antiguamente, tanto en los medios gráficos
como en otro orden, existía el dibujante, en un diario antes no existía el
diseñador gráfico, había un dibujante, en una imprenta había un dibujante, en
una gran tienda tenían un dibujante vidrierista que pintaba los
carteles.
¿Cómo puede describirnos
su trabajo? Fundamentalmente trabajo con imágenes porque desde
chico, como casi todas las personas, tuve una inclinación por expresarme a
través de las imágenes. Siempre digo que hay una especie de divorcio en la
educación con respecto a la capacidad del hombre, de la gente, de los niños en
cuanto a expresarse por imágenes y la otra expresión que es la verbal. Siempre
se prioriza y estimula la verbal, pero nada, o casi nada con respecto a lo que
es la expresión de la inteligencia visual; que para mí, es una cualidad innata
del hombre que aparece desde muy temprana edad y que probablemente en el curso
de la educación formal pareciera que esas capacidades se aquietan porque se
desarrollan otras.
¿Qué tipo de materiales
emplea? Trabajo con todo aquello que pueda dejar una señal
sobre la superficie. Como ilustrador soy una especie de devorador de técnicas,
cuando aparece una nueva técnica o desconocida para mí, inmediatamente quiero
aprenderla. He trabajado en acuarela, grabado, pintura al óleo, acrílica, he
hecho experimentos con volumen, he trabajado con arcilla, también con
serigrafía, otro tanto cuando descubrí por ejemplo el aerógrafo (un pequeño
soplete que produce efectos muy interesantes) y por último con las nuevas
tecnologías. Empecé a practicarlas al principio tímidamente, hoy día a pesar de
que soy bastante viejo y me cuesta aprender este tipo de tecnologías algunos
programas sencillos puedo usarlos como expresión, también.
¿Cómo influye esta
tecnología en la tarea que usted realiza?
Al principio, como
todo el mundo, sentí una especie de pequeño temblor pensando que habían
inventado la máquina de pensar o de crear, pero todavía falta mucho para eso.
Todavía siguen siendo una herramienta en el mismo sentido que lo es una paleta
de colores. Son paletas muy eficaces en algún aspecto pero que tienen límites en
otro, fundamentalmente lo mejor que tienen es la posibilidad de ver el trabajo
en sus infinitas variantes de una manera rápida. Eso con otra técnica, como la
manual resultaría bastante difícil, por otro lado dan una cantidad de opciones
tan gigantescas y tan infinitas que puede perturbar un poco la idea que pueda
tener un realizador; más bien hay que entrar a una computadora teniendo ya
previamente las ideas bastante clarificadas.
En ese caso, ¿cuál es su
fuente de inspiración? Mi fuente de inspiración casi siempre
fue el tipo de imagen que da la historieta y la inspiración proviene de los
temas naturales del hombre; han dicho algunos escritores que los temas
fundamentales son el amor, la locura, la muerte, la justicia, la injusticia;
casi todos ésos son temas que he tocado.
Conocemos también que se
ha graduado tardíamente, ¿a qué se debió?
Es que yo fui de
ganarme la vida desde muy chico y elegí ganármela con el pincel y el lápiz. Me
costó llegar a los estudios superiores, porque toda persona que en un país como
éste tenga que estudiar y trabajar le es bastante costoso. Tampoco estaba muy
definido en cuanto a lo que quería estudiar, suponía que si yo en algún aspecto
podría expresarme en imágenes no necesitaba aprender, pero finalmente terminé
recalando en una facultad de una universidad donde tradujeran aquellas formas
que yo utilizaba para aprender un poco de vocabulario como si pudiera de alguna
manera adquirir criterios conceptuales; o sea, si ya lo práctico lo manejaba la
universidad le daba a uno la capacidad de, por lo menos,
conceptualizar.
En el imaginario social
tenemos a Rocambole como el creador de las tapas de Los Redonditos de Ricota,
¿No le molesta o incomoda que lo cataloguen por una parte de su
obra? No, en un aspecto estoy agradecido al hecho de
haberme vinculado a estos amigos míos que se convirtieron en un fenómeno social
de masas, esto permitió que mis trabajos se difundieran de una manera que yo
jamás hubiera pensado y eso me parece fantástico. Por otro lado, lo negativo de
ese asunto es que muchas de estas imágenes se transformaron en íconos, en una
especie de estampitas que los chicos idealizaron y yo soy bastante enemigo de
todo aquello que tenga que ver con al idolatría. No me gusta el ídolo, no me
gusta la estrella de rock and roll que se transforma en ídolo. A mí me gusta un
buen músico que hace una buena música y me gusta ver un buen artista que hace
una buena imagen; pero muy lejos del concepto de idolatría. El concepto de
idolatría no tiene un criterio crítico y a mí me interesan los criterios
críticos. Además, lo que yo hice con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota es
prácticamente la última parte de mi vida, yo siempre dibujé y pinté durante
muchísimos años, mis imágenes eran bastante parecidas siempre. Pienso que mucho
más importante para mí y mi formación fueron aquellos trabajos que hice con
grupos de rock anteriores como por ejemplo La Cofradía de la Flor Solar que fue
una especie de salto hacia al futuro.
¿Se considera un redondo
más? (Dubita unos segundos y responde) Los Redonditos
de Ricota ya no existen, existían en cuanto estaban unidos, ahora no hay nadie
que sea redondito de ricota, sólo existen cuando están todos. Los que están
ahora hacen covers de Los Redondos.
¿Con qué otros grupos ha
trabajado? He tenido muchos amigos vinculados al rock
nacional sobre todo de los primeros tiempos, Miguel Cantilo, Claudio Gabis;
últimamente trabé relaciones con los chicos de Attaque77 que me propusieron
hacer una tapa. Hay muchos otros grupos más que no han accedido a la fama con
los cuales yo he trabajado. También hice una tapa para un compilado que se lanzó
luego de la muerte de Frank Zappa.
¿Qué tiene más valor para
usted, una exposición en el Malba o ver a algún fanático vistiendo una remera
con algún dibujo suyo? Indudablemente lo segundo que me
permite el hecho de que mis imágenes se difundan sobre cualquier soporte de ese
tipo, como remeras, mochilas, calcomanías, me satisface más por el hecho de que
tienen mayor penetración, llegan más lejos, se reproducen en mayor cantidad. Una
exposición en el Malba la van a ver personas vinculadas específicamente a las
artes plásticas y no todas, solamente las que pueden acceder a Buenos Aires y
pagar la entrada que es bastante cara. Prefiero aparecer en la tapa de una
revista de historietas que en una exposición en el Malba, porque este último
tiene una permanencia a nivel socialmente artístico, pero a mí los pasillos del
arte oficial nunca me interesaron, tampoco esa parte del arte se ha interesado
en mí, yo jamás gané ningún premio; soy invitado a exposiciones por la fama
lograda a través del arte popular de la ilustración.
Además de la pintura y la
música, ¿en qué otra manifestación artística le interesa o le gustaría
incursionar? A mí me interesa todo, yo siempre dije que nunca
tuve una vocación particular, últimamente me está interesando muchísimo la
animación, el cine, la música... de toda la vida; si yo tuviera cuatro o cinco
vidas creo que recién ahí comenzaría a alcanzar a hacer las cosas que me
gustan.
¿Qué música
escucha? Yo soy bastante ecléctico, me gusta la música
buena, me gusta un tango de los buenos como una manifestación étnica de Asia o
un folclore argentino; cuando yo digo bueno, digo bueno para mí, no soy quién
para juzgar la música desde un punto de vista muy excelso; pero me gusta aquella
música que tiene buena factura, que expresa emociones, aquélla donde el músico
realmente pone gran parte o casi todo lo suyo. Particularmente en cuanto a
género lo que más escucho obviamente es rock y blues, sobre todo rock nacional
de los primeros tiempos, no es como un viejo tanguero que recuerda la música que
lo hizo emocionarse en su juventud y siempre la tiene
escuchando.
¿Tendremos alguna vez el
placer de ver a Rocambole exponiendo en Villa María? Y sí, si me
invitan yo vengo. Yo he expuesto en lugares ignotos, últimamente me invitó una
escuela de una localidad que yo jamás había escuchado nombrar, se llama
Piedritas, que queda en el límite de la provincia de Buenos Aires con La Pampa,
y allá fueron las obras. Yo voy a donde me invitan, es más, me interesan
bastante las exposiciones en el interior porque es allí donde hago nuevos
amigos, conozco gente que a lo mejor me sería muy difícil conocer si no fuera
por esas circunstancias; en cambio, el hecho de exponer en lugares centrales
como Buenos Aires, es como que el contacto con la gente es mucho más frío y no
se llega a ese nivel de amistad que a veces uno puede lograr en el
interior. |