Revista "LA MANO".
N° 3
Entrevista por Marcelo Fernández Bitar Fotos de Fernando Massobrio

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"NÍNGÚN ARTISTA PLÁSTICO PIENSA
EN SER ESTRELLA DE ROCK"
A
mediados de mayo Ricardo Mono Cohen fue designado
vicedecano de la facultad de Bellas Artes. Todo
un acontecimiento para el famoso realizador
de las tapas de los Redonditos de Ricota y un
dibujante con una rica historia vinculada al
rock. |
Un
personaje clave en la historia de La Plata fue Manuel López
Blanco, un profesor de Bellas Artes que fue echado por los militares
en 1966 y cuyas enseñanzas inspiraron la creación de una ítica
comunidad llamada La Cofradía de la Flor Solar. Ahí estaba Rocambole,
quien hoy, en una curiosa vuelta del destino y de la historia,
es nombrado oficialmente en esa misma facultad de Bellas Artes.
Gran contador de historias y anécdotas sin perder jamás el hilo
de la conversación, nos contó algunos detalles de aquella época,
las comunidades y por supuesto su trabajo con Patricio Rey y
sus Redonditos de Ricota.
Contanos de
tu nombramiento en la facultad... En
diciembre ganamos las elecciones con el Frente de Docentes de
Bellas Artes y el mandato de las autoridades anteriores llegó
hasta mayo. Primero se tuvo que reunir el consejo académico,
donde ahora tenemos la mayoría, y ahí se votó para designar
al decano, quien me designó a mí como vicedecano, junto a otras
autoridades.
¿Manuel López
Blanco había estado en esa misma cátedra? Había
estado en la cátedra de Estética de esa misma facultad.
¿Se puede
decir ahora que se completa un círculo? Estuve
en Bella Artes casi toda mi vida. De chico fui a cursos para
niños para estudiar dibujo y más tarde ingresé a la facultad,
pero tardé muchos años en recibirme porque tuve que entrar y
salir por los sucesivos golpes de militares. Volví después de
la democracia, cuando me llamaron las nuevas autoridades para
reorganizar todo. Antes iba y volvía según los avatares: entraba
en la democracia y salía cuando no la había.
¿En qué influyó
Lopez Blanco en todos ustedes? Manolo
ya estaba en la facultad desde antes de que yo entrara, en la
década del 60. Tenía una cátedra de Filosofía y Estética que
era muy abierta, muy de desatornillar cabezas y destapar cráneos.
Era una cátedra fundamentalmente marxista. En la época del golpe
de Onganía es echado de la facultad y nosotros, como centro
de estudiantes en el exilio, lo llamamos para que diera cátedras
paralelas a la universidad, al aire libre. Influyó en la mentalidad
de elaborar una comuna,. Eran instancias que nos planteó él,
y circulaba mucho un apunte suyo sobre "Introducción a
la Estética". Fué muy importante para nosotros.
¿En qué año
fue la Cofradía? En
el verano del 67. Lo que pasa es que al principio La Cofradía
éramos ex-estudiantes de la facultad de Bella Artes, que nos
fuimos todos a vivir en una casa. Ahí empezaron a darse todos
los fenómenos de la convivencia, que al final fuimos desarrollando
hasta armar una comuniadd con cierto tipo de reglas y objetivos.
También influyó un libro "La antiestética" de Luis
Felipe Noé, y una serie de apuntes que teníamos de una comunidad
de los tupamaros en Montevideo, que era un grupo de gentes vinculado
a la imprenta, un oficio con tradición anarquista. Esos apuntes
eran casi un manual, y hablaban de cómo resolver el problema
económico, por ejemplo.
¿Las ideas
eran sólo marxistas o ya empieza a meterse el hippismo? Todo
eso estaba totalmente mezclado en nosotros, no nos influían solamente
esas ideologías un poco más duras, porque hacía rato que veníamos
leyendo lo que traía Muguel Grinberg, más la influencia de la
Generación Beat. Yo venía leyendo a Henry Miller hacía mucho.
Entre los
textos marxistas y la filosofía hippie, ¿cómo entra la experiencia
lisérgica en todo eso? Nosotros
no teníamos ni la más mínima idea. En La Plata, al menos, llegó
años después. Creo que lo lisérgico ya estaba en los cerebros
con la revolución de ideas que había entonces.
La Cofradía
era una comuniadd pero no grababa en forma independiente. En
esa época era imposible grabar en forma independiente porque
no había tanto acceso como ahora a la posibilidad de grabación.
Pero cuando organizamos una ópera beat en el Di Tella, La mezcladora
de cemento, un español llamado Manuel Román nos consiguió un
contrato por 3 años en un sello que no hizo nada salvo dejarnos
en un cajón. Pero uno de los cófrades se disfrazó de abogado
y fue a RCA con nosotros, alegando artículos inexistentes y
exigiendo la disolución del contrato. ¡Y funcionó! Después apareció
Billy Bond y nos ofreció grabar en TNT, pero als cintas quedaron
retenidas por una deuda, y finalmente se solucionó todo sacando
el disco, regrabado nuevamente en Phonalex, por el sello Talent
de Microfón.
¿Cómo se diferenciaba
la comunidad del grupo de rock? En
la Cofradía estaba todo mezclado e incluso los músicos no eran
estables: había unos tres betristas, diez guitarristas y así
con todo. Era una comunidad de trabajo que tenía un taller de
serigrafía donde hacíamos afiches para las compañías de teatro
independiente de La Plata.
Lo insólito
es que tenían el apoyo de los vecinos. Hasta
principio de los 70 estaba todo bien, porque la gente todavía
no se había difundido en el imaginario el hecho del hippie drogadicto.
Éramos sólo gente rara. Estábamos juntos desde el 67 y creo
que las primeras nociones del hippismo se difunden en la revista
Siete Días en el 68.
¿Vos que hacías
en La Cofradía, sólo dibujabas? Siempre
dibujé, toda mi vida. La tapa del disco la hicimos Kubero Díaz
y yo. Teníamos la idea del artista anónimo y por eso trabajábamos
en forma colectiva.
¿Cuáles eran
los artistas que vos mirabas? Como
todo dibujante argentino, fuí muy influenciado por Francis Bacon.
Lo que yo admiraba plásticamente eran más bien los dibujantes
argentinos, porque considero que hay una escuela del dibujo
argentino que ha hecho lo suyo dentro del mundo. Y es raro que
no se mencione eso, que los argentinos son buenos jugadores
de fútbol y también buenos dibujantes. Hay historietistas que
son los mejores, como Altuna, y ni hablar de los que se quedaron,
Nine es un caso excepcional. Y Carlos Alonso es un paradigma.
¿Cómo se terminó
la Cofradía? En
realidad la Cofradía duró bastante poco, a pesar de tanto bombo
que hicieron después los cófrades recordándola. Duró hasta el
verano del 72, cuando fuimos a tocar a Villa Gesell y alguien
nos dijo que Pierre Bayona andaba por Mar del Plata con Sui
Generis y Pedro y Pablo, así que fuimos para allá. La Cofradía
viajaba así: iban los equipos y todas las cosas en una pequeña
camioneta, y todo el resto iba a dedo. El resto incluía a mujeres,
hijos, amigos y hasta gente del público. Pero en esa época estaba
en Mar del Plata un célebre comisario al que le decían "Lobo"
como al de Tango Feroz, y un día hubo una denuncia de vecinos
y cayeron patrulleros al lugar donde estábamos parando. No encontraron
droga porue justo los que estábamos en ese grupo no tomábamos.
Y el Lobo dijo: "Yo no voy a movilizar 5 patrulleros para
nada" y enseguida hizo aparecer droga. Nos llevaron todos
a un centro de detención ilegal y todos estuvimos 5 días desaparecidos,
incluso mujeres y hasta un bebé. Creo que nos salvó mentalmente
estar con uno de nuestros maestros de meditación, así que el
tiempo pasó velozmente y la gente no se quebraba. Salimos porque
hubo unos familiares que leyeron del operativo del lobo y lo
relacionaron con la desaparición de su hijo y movilizaron abogados.
Nos salvamos, pero descubrimos que en La Plata hubo un operativo
similar y se llevaron todos los instrumentos y rompieron todo
el taller. Nos quedamos sin la estructura y hasta se negaron
a seguir alquilándonos el lugar; así que decidimos desensillar
hasta que aclaare. Algunos se fueron a vivir a la casa de Conesa,
otros al sur, otros a Brasil. Yo me quedé en Mar del Plata donde
organicé la feria del Torreón y la de la diagonal. Después fuí
a Brasil.
¿Cómo ves
el panorama del arte actual? Cambiaron
ciertos paradigmas. El arte plástico está en crisis desde la
primera etapa del siglo XX. Se repite hace setenta años, tal
como se comprueba con la muestra del dadá en Malba. Creo que
podría variar su participación con la gente porque se refugió
en pasillos aislados y herméticos. Tal vez el cine captó el
espíritu del siglo y creó un lenguaje nuevo.
Cuando se
hizo tu muestra en el Palais de Glace, muchos chicos que te
conocían por las tapas de los Redondos pudieron conocer al artista
integral. ¿Vos sentiste que el público rockero sólo conocía
parte de tu obra? El
público rockero lógicamente sólo me conoce por eso. Lo que hice
con Los Redondos es la última parte de mi vida., porque yo siempre
pinté y expuse. Pero el asunto con los Redondos es que fué una
cosa impensada. Ningún artista plástico piensa en ser estrella
de rock.
Una obra que
aparece hasta en tatuajes... Esas
son cosas que no entran en el espectro de lo que pueda pensar
un pintor o un dibujante, que es gente más autista y que le
disgusta terriblemente la exposición personal. Es otro tipo
de personalidad que la del artista que está sobre un escenario.
Lo interesante de la difusión con los Redondos fue ver que un
dibujo que hiciste una noche termine en una bandera en el estadio
de River. Es conmovedor. Otra vez ví una espalda cubierta con
un tatuaje de la tapa de Oktubre. Oscilo entre el terror y la
emoción, porque no sé qué pensar al respecto: es una persona
que toda la vida va a tener eso escrito en el cuerpo.
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ANECDOTARIO
DE ROCAMBOLE
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*
En abril del 69 organizamos en La Plata lo
que se llamó 30
horas de Música Beat,
porque nos habíamos puesto muy envidiosos de lo
que pasó en Woodstock y decidimos hacer lo nuestro.
Entonces organizamos en el club Atenas de La Plata
un festival de tres días sin parar, a diferencia
de Woodstock donde a la noche se paraba. Vine a
Buenos AIres e invité a Moris, Manal, ALmendra y
todos, incluyendo a Arco Iris. Todos se quedaron
impresionados con el sonido porque había una pared
de Marshall como sólo se veía en las películas,
eran los famosos equipos de SKay y Guillermo Beilinson.
Fué extraordinario y hubo 5000 personas todo el
tiempo.
*
La Cofradía tenía su interna a favor y en contra
de las drogas. Éramos básicamente una comunidad
de trabajo con un taller de artesanías, serigrafías
y decoraciones, además del grupo musical. Había
reglas férreas como el horario de ensayo y la hora
de meditación, además de la orden de levantarnos
temprano, algo rarísimo en una comunidad. Los liderazgos
también cambiaban y el líder anterior caía en desgracia.
Y lo que yo había notado con respecto a las drogas,
que eran marihuana y ácido, era que el rendimiento
del taller caía cuando alguien caía con fumo.¡Y
si bajaba mucho la producción no podíamos pagar
el alquiler!
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Uno de los cófrades vivía en Glew y tenía una plantación
inmensa de marihuana. Un día escuchó por Radio Colonia
que nos habían atrapado en Mar del Plata, y del
miedo a que fuera una persecución, salió y quemó
toda la plantación.
*
Otro cófrade ganó la lotería y fué a Londres a convencer
al sello Virgin, mandando pasajes para todos. Pero
llegaron los de Scotland Yard porque algo había
en el estuche de la guitarra, los deportaron a Holanda
y terminaron como squatters. Perdimos el contrato.
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