Del
libro "Banderas en tu corazón" de Marcelo Gobello
APUNTES SOBRE EL ROCK
Como
la Negra Poly, Rocambole (Ricardo "Mono" Cohen) forma
parte indisoluble del núcleo ricotero original. Conocido
principalmente como responsable del área estético-gráfica
de la banda, en los primeros tiempos también participaba
de los reportajes. Así es como rastreando en las primeras
notas que se le hicieron a Los Redondos podemos encontrar definiciones
como la siguiente:
"Patricio
Rey no es un grupo musical ni un grupo de gente que hace determinadas
actividades artísticas. Es un factor de reunión de
energías. Para mí, por ejemplo, es un grupo de creación
colectiva, para Skay, es su camino hacia la música, para
Poly, es una investigación de tipo antropológica.
Para todos, es un motivo para descubrir gente. Al principio,
aquello que nosotros llamábamos fiestas, era la canalización
de toda esa energía, un poco cósmica, que era personificada
en Patricio Rey. Algunos creen que Patricio Rey no existe, pero
otros creen que sí. El hecho de que el grupo exista, da por
sentado que Patricio Rey existe, de alguna manera esa energía
que ordena es Patricio Rey".
(revista Pelo, número
217, julio de 1984).
En
el número cuatro de la revista "Cerdos & Peces", julio del 84, se editó la
segunda parte de unas controvertidas notas tituladas "Proceso al Rock Argentino"; en dicha segunda y
última nota (después del número cuatro la revista
fue cerrada por primera vez) se entrevistó a los representantes
de tres de los, por esa época, más importantes grupos
de los denominados marginales del rock nacional: Ricardo Iorio por
V8, Gustavo Noto por Super Ratón, y Skay y Poly por Patricio Rey. En el transcurso del reportaje Poly leyó
una nota mecanografiada escrita por Rocambole (quien no pudo asistir en persona) donde este expresaba
su postura con respecto al tema. A continuación el texto
de la misma, raro y vital documento donde podremos atisbar parte
del pensamiento de una de las personas más allegadas a la
banda: el maestro Rocambole.
POR
ROCAMBOLE "Cuando el rock
nació, en la década del cincuenta, nadie- ni aquellos
que integraban la mezcla de confluencias que le dio origen- se dieron
cuenta de lo que representaba como fenómeno cultural. Así
fue como nosotros, adolescentes de aquella época, nos apropiamos
instintivamente de él, convirtiéndolo en una propuesta
de cambio contra todo un sistema cultural, atacando la hipocresía
de la sociedad, y contra la represión, la alienación
y la masificación. Se cuestionaba la existencia misma de
la cultura.
Más tarde, otras generaciones de jóvenes
encontraron en el rock un territorio libre donde incorporar sus
propuestas de creatividad, sus filosofías, sus políticas
o sus viajes personales. Las más diversas formas de folklore
mundial se sumaron sin que nadie les achacara falta de ortodoxia;
gracias a esa apertura no se anquilosó ni envejeció,
y a través de la música muchos jugamos a esa temida
experiencia llamada libertad, buscando una verdadera revolución
total, una mutación en la misma psiquis del hombre, pensando
que las instituciones eran estructuras artificiosas e impuestas
que no nos daban respuestas valederas. Fue en aquel momento
que la mayor o menor fortuna de los músicos que, habiendo
desechado los sacos plateados de los favoritos del sistema, subían
a los escenarios con la misma ropa que su público, se basaba
no en sus incipientes calidades o sonidos magnificados sino en su
grado de representatividad. Perseguido o relativamente tolerado
por el sistema, el rock aglutinó a grandes multitudes y -en
consecuencia- las miradas de los mercaderes que habiendo quedado
afuera le apuntaron sus miras y por desgracia le acertaron, atravesándolo
con un proyectil de vanidad. Los músicos volvieron a los
trajes de luces, limitándose a cuidar la sotisficación
de sus sonidos y -como si nada hubiera pasado- descubrieron que
en lo profundo de sus almitas quizá siempre quisieron ser
estrellas rutilantes y frívolas. (...) Musicalmente
hablando, se nota una general tendencia a regresar a formas del
rock superadas y confortables tal vez en los años cincuenta.
Otros, ante la desesperación frente al hecho de no verse
incluidos en el proceso de cambio de la sociedad argentina en su
totalidad (es evidente que el camino de la liberación elegido
por el pueblo no tiene puntos de contacto con el actualmente propuesto
por el rock), lo llevaron al populismo y la demagogia, perdiendo
genuinidad ideológica. Con estas debilidades, el rock es
blanco fácil para xenófobos que lo descalifican negándole
inserción en la realidad nacional (otra cosa hubiera pasado
con Moris, Tango o los Manal de la primera época). Mientras
tanto, los verdaderos héroes del rock fueron sus seguidores:
el público de los recitales es el que probablemente haya
sufrido en forma fuerte y humillante los efectos de la represión,
el hijo de la clase media y por supuesto mucho más el chico
pauperizado de la villa que encontró en el rock una posibilidad
de experiencia auténtica de libertad y autodeterminación.
El reviente ha sido tal vez el sector de la juventud que pudo haber
dicho no a la cultura oficial, pero en cambio le afirmó con
su adicción, convirtiéndose en su paranoia- como el
sistema quería- en simple delincuencia. El reviente no pudo
afirmar, ni siquiera realizar su propia cultura desarrollándose;
eligió en cambio el camino del suicidio para lavar su pequeña
culpa de rebeldía, no tuvo una opción de libertad
real e independiente, sino que se autoalienó"
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