Portal Terra | 20-09-2003

BAJO EL SIGNO DE LOS REDONDOS

Para el comienzo de su carrera solista, Skay Beilinson dejó de lado la experimentación electrónica que se reflejaba en los últimos dos discos de los Redondos, Ultimo bondi a Finisterre y Momo sampler, y apostó al sonido más clásico de la banda.

Esta decisión se nota tanto en las canciones de su nuevo disco, A través del Mar de los Sargazos, como en los temas de la banda que elige hacer en vivo. En su presentación de este viernes en El Teatro tocó varios himnos de los Redonditos, como Ji, ji, ji (del emblemático Oktubre) y El infierno está encantador y La gran bestia pop (ambos de Gulp).

Los fans ricoteros, encantados. Además, si a la lista de temas llena de clásicos se le suma el tono de voz de Skay, tan parecido al falsete del Indio Solari, cerrando los ojos casi se podía soñar con una vuelta al pasado.

El (re)cambio más notorio es el del público, sorprendentemente joven. Muchos de los chicos y chicas que coreaban aquello de "violencia es mentir" jamás pudieron ver a los Redondos en vivo.

Afortunadamente, ya no hay más violentos ni punguistas, como en los recitales de River o Huracán. Tampoco una excesiva custodia policial. Si hasta Benjamín, el ídolo adolescente de R-Way, pudo ver el show tranquilamente, tapándose la cara con un pañuelo palestino y custodiado celosamente por un grupo de amigos. Pese a la renovación, los cantitos deseándole la muerte a Cerati continúan, sumados ahora al ruego por la vuelta de La Gran Bestia Rock. A un primer bloque con canciones de A través..., del que sobresalieron la poderosa Gengis Khan y la perturbadora Oda a la sin nombre, le siguió el segmento ricotero.

Skay ocupó el centro de la escena con contundentes riffs de guitarra y la comunicación con su gente se dio exclusivamente por la música, ya que casi no pronunció palabra en todo el recital.

El ex guitarrista de los Redondos, que aprovechó para presentar dos nuevas canciones, parece sentirse muy cómodo haciendo viejos temas, a contramano de lo que sucede con la mayoría de los ex miembros de grandes bandas devenidos solistas, que dan prioridad a sus nuevos intentos musicales.

Para el final quedaron los aires marciales de Nuestro amo juega al esclavo (de Bang, bang, estás liquidado) y Astrolabio. Quedó la sensación de que Skay les dio a las bandas aquello que habían ido a buscar: un poco de mística ricotera, un consuelo ante la ausencia de los Redondos.