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MUNDO ROSSO BLOGSPOT Enviada
por DIego Amutio 27/04/2008 Ver
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¡CUIDADO!
PORCO REX QUEMA SIN LLAMA

Hace unos meses el diario Perfil me encargó un
comentario del álbum Porco Rex, del Indio. Un álbum que conviene escuchar en
detalle, porque muchos de sus pasillos y encrucijadas sólo revelan su presencia
después de un puñado de audiciones. Aún en esta época vertiginosa, donde los
estímulos sobran y la mecha de la paciencia es corta, vale la pena escuchar lo
que el Indio tiene para decir.
PORCO REX : UN FUTURO TAN BRILLANTE QUE DEBO USAR GAFAS
La imagen no es nueva: ya Discepolín nos anunciaba
que terminaríamos en un mismo lodo, todos manoseados, y Porco Rex acerca la
banda sonora de una película que estamos rodando a pesar nuestro. Un film con un
puñado de actores que habita la irrealidad de esos comerciales de TV
surrealistas con cuatro por cuatros recorriendo desiertos inhollados, y un
elenco interminable de extras sin franquicia, que miran la fiesta de afuera y
planean venganzas por lo bajo. En esta era donde nada es verdad y nada deja de
ser verdad, como dijo lúcidamente el escritor J. G. Ballard, las calles cobran
vida, sudan y se marean como un enfermo que delira de fiebre. Nuestra piel
percibe un desastre a punto de suceder, algo que mañana saldrá en los diarios.
Si hay alivio, es precario y efímero: aquí y ahora no pasó pero quizás allá y
dentro de un rato sí. La voz interna nos reclama: “No quiero ser un número, no
quiero ser una cifra. Quiero dejar una marca, no convertirme en un
marcado.”
Finalmente uno comprende que es un invitado más de Porco Rex y
empieza a responder a esta música extrema y claustrofóbica, hecha de capas de
sonido abigarrado, con guitarras que disparan riffs quemantes antes de sumarse
al aglomerado de la mezcla. La voz enmascarada del Indio convoca a la danza
macabra de este Séptimo Sello porteño y las cartas del tarot de la corte porcina
se caen una por una sobre el paño rojo de su portada. Cae el loser que “pedía
siempre temas en la radio”; otra de esas polillas citadinas que buscan el calor
de la llama y se queman, sin pena y sin gloria. Cae el reflejo inútil de recrear
un amor que ya fue, convertido en rama desfoliada, entre bronces y bandoneones.
Podríamos seguir en una lenta, letárgica letanía hasta deshojar todo el mazo de
Porco Rex. Detenernos en espectros recurrentes de la fantasmagoria solariana,
como el cheronca embustero, traidor de sus orígenes -otra de las infinitas
variantes de la viveza criolla de la que hablaba Mafud- que habita “Te estás
quedando sin balas de plata…” O compadecernos por un momento del iluso que vive
un sueño sin fin encerrado en su tatuaje. Presenciar el desfiles de dioses que
no nos quieren, soles que se mueren, amantes que no conjugan los mismos verbos y
vuelos hacia el olvido... Pero el viajero que huye, tarde o temprano detiene su
andar y si el segundo álbum del Indio, en algún punto, nos quema en el equipo,
si tenemos que quitarnos los auriculares por un momento y mirar al vacío con una
pregunta que no terminamos de formular, es porque la puntería de Solari es
certera: su blanco es este chiquero nuestro de hoy, rutilante y menesteroso de
ilusiones mediáticas flatulentas, en el que bailamos por un sueño entre carritos
cartoneros. Sí, Porco Rex es una película, no hay duda. Pero el Indio no precisa
hacer videos ni DVD. Las imágenes están vivas dentro de nosotros, gatilladas
desde estos surcos digitales como balas en pos de nuestra cerebral corteza.
Por Alfredo
Rosso
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