Después de tres años de silencio, el músico habla
sobre su disco solista, sus planes
y de Patricio Rey y sus Redonditos de
Ricota.
Tirado en un sillón del cuarto oficina de Luzbola, el estudio que construyó
en su casa, el Indio Solari acompaña la escucha de las catorce canciones de "El
tesoro de los inocentes (bingo fuel)", su primer disco solista, que sale a la
venta hoy.
En el arte de tapa con forma de libro, sobrio, impecable, con
las letras de los temas y dibujos hechos por él mismo, figura como Indio, a
secas, y aun, en los créditos, como el Artista Invitado de la banda los
Fundamentalistas del Aire Acondicionado: maneras de nombrarse, de borrarse tal
vez, para estar aún más presente.
Parece satisfecho con el resultado de
este largo proceso creativo que comenzó un tiempo después del "parate redondo"
de fines de 2001 y del que, claro, también hablará a lo largo de la mañana en
este rincón de Parque Leloir. Verde, mucho verde y, afuera, los famosos perros
que, sí, hay que guardar antes que entre o salga algún visitante.
Su
casa, su estudio, su mundo. Dirá también que sí, que es cierto, que vive
bastante enclaustrado, que puede pasar semanas y meses sin salir de sus
dominios. Un lugar que llama "como de francotirador" y que le permite "hasta ver
la vida más clara". Aclaración necesaria en típico lenguaje Solari: "Es que ante
una vida paródica, cualquier mirada es mucho más certera que la del que está
dejándose contar la vida por los medios. La gente habla de lo que pasa en la
tele, en lo de Tinelli o lo que sea, de acuerdo con la tarjeta social a la que
pertenezca. Creo que no me estoy perdiendo nada. Alguno puede pensar que miro
desde un ensueño órfico muy cómodo, pero no es así. Mientras la gente está
ocupada buscando qué papear, uno ve todo el tiempo la crueldad en la que se está
viviendo".
Aquí, entonces, con el tiempo de su lado, fue armando las
poderosas canciones de diseño de este disco construido minuciosamente. "No soy
un instrumentista, no tengo ninguna destreza para lucir. Yo construyo", se
definirá a sí mismo. ¿Y el cantante? "El único rol que tengo que aceptar y no me
gusta es el de cantar. Lo disfruto en el escenario, porque estoy perdido en una
circunstancia musical, pero no le adjudico a mi voz ningún carácter atractivo".
Será por eso que en muchos de los temas su voz está entreverada entre los muchos
instrumentos y sonidos que conforman una intrincada red sonora.
No
parece sentir una particular presión ante este nuevo estado social: solista, ex
cantante de la banda más convocante de la Argentina, lanzándose por las suyas.
En algún momento encontrará en parte una explicación. "Lo único que pretendo es
que me vaya lo suficientemente bien como para seguir produciendo. Deben ser los
años y la tranquilidad de que, con los Redondos, llegamos a lo máximo, fue la
banda que más entradas vendió y con una trayectoria de discos difícil de
empardar."
Solari tiene facilidad de palabra. Disfruta de la
conversación y de enganchar un tema con otro. Hablará de los medios, la
violencia actual y los bandoleros románticos de los años cuarenta; de lo
políticamente incorrecto del tema "Pabellón séptimo", sobre lo sucedido en la
cárcel de Devoto en 1978; estarán las postales de Nueva York ("ver una viejita
con tutú y en patines, en una esquina, al lado de un musulmán, de un chicano y
de un alemanote"), una ciudad en la que disfrutaba de un anonimato vedado en el
país. "Aquí soy ese monstruito público al que le cuesta tener nuevas relaciones
que prefieran tu real intimidad al muñeco. Todos quieren que el Indio no se
desmienta a sí mismo." Hay también comentarios sobre su hijo y su habilidad con
la computadora, el cumpleaños que viene y sobre un libro, "El delito americano",
que escribe hace años y que tal vez se transforme alguna vez en una película
animada.
El Indio tiene, también, un humor particular. Que ya expone en
el nombre de la banda, los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. "Es que sin
aire acondicionado la vida no vale la pena -bromea-. Es un chiste, como cuando
le puse los Redonditos de Ricota. Nombres que después se cargan de importancia
no por sí mismos sino por lo que pase o no con el proyecto." También hay humor
en la cita, en el libro de este disco oscuro, del tema de Rafaella Carrá. "Lo
hice para aflojar un poco, porque puse una de los Beatles y otra de Jacques Brel
que, como habla de un rey, iba a generar variadas interpretaciones. Me pareció
mucha solemnidad y agregué esa canción pedorra, «Cinque-tre, cinque tre...»." A
esto se suma una dedicatoria triple: al hijo y a la memoria del Capitán Ojo
Muerto y de la hermosa muchacha de Los Toldos. Entre el humor y el enigma, tal
el vaivén creativo en el que habita y crea el Indio Solari.
Las
canciones fueron hechas en un largo proceso. Primero, solo y con máquinas; luego
la convocatoria a músicos que, en algunos casos, nunca vieron la canción
completa, y finalmente el proceso de edición, en que cortando, pegando, sumando
sonidos y haciendo bucles tomaron su forma definitiva. El trabajo de un
constructor.
Algunas, cuenta, vienen de larga data. De aquellos
minidiscs con ideas musicales que se intercambiaban con Skay y de donde salían
las canciones. "Algunas cosas que no prosperaron porque no coincidían con lo que
él tenía las recuperé ahora."
¿Y no extrañás ese intercambio, esa
manera de trabajar de a dos?
No, Skay y yo teníamos una decisión de
hacer música juntos, pero hacía mucho que podríamos haberlo hecho por separado.
Yo sigo haciendo lo mismo que hacía con los Redondos: hago música, letra,
bauticé a la banda, ahora hago los dibujos. A veces lo que más extraño es el rol
de la Negra de ensuciarse la mano con el mercado. Pero tampoco me siento
liberado, como leí que le pasa a Skay. Pero entiendo, porque por ahí yo soy un
poco tirano, los dos últimos álbumes se hicieron casi todos sobre canciones mías
y hasta medio los produje. De alguna manera fui el jugador dominante en los
Redondos y creo que uno puede necesitar liberarse de alguien que tiene un rol de
ese tipo.
Sí confiesa que los extrañó. "Son gente inteligente, con la
que nos reíamos de las mismas cosas y cuando uno es un freak que hace música
privilegia la calidad de la persona a la del instrumentista."
Y hubo un
tiempo de duelo. "Porque sentí que lo que pasó con los Redondos merecía terminar
de otra manera. Pero eso no se puede ficcionar. Hubo fallas en lo que considero
que era un contrato íntimo. Y no quiero hablar más. Pero tampoco puedo caretear,
no puedo decir que está todo bien, porque si fuera así estaríamos tocando
juntos."
No es un año sabático, entonces.
De la
libertad se vuelve muy difícilmente. Y cada uno ha adquirido compromisos con los
músicos con los que está trabajando. A medida que se fortalecen los proyectos de
Skay y míos, más difícil se hace abandonarlos.