Revista La Mano, N° 13, Abril de 2005

ANTICIPO DEL LIBRO
"INDIO SOLARI, EL HOMBRE ILUSTRADO"


CAPÍTULO 4: EL ASTRONAUTA ITALIANO
(O de cómo, preso de tu ilusión, vas a bailar)

Radiante, la chica sale al superpoblado escenario del Teatro Lozano, frente a una multitud de tipos de aúllan y patean el suelo. Tiene puesto un vestido blanco con botones enormes, un bonete en la cabeza y lleva una gallina blanca en los brazos; mueve las caderas, da unos pasos y se cae de punta en la puerta trampa del borde, que está abierta. Totalmente descalabrada, va hundiéndose en el hueco, patas para arriba. Adiós Mónica Berna. ¿Quién carajo dejó abierto eso? El Indio quiere tragar saliva, pero tiene la boca muy seca. La gallina está en shock. Cecilia Elías, (la piba de dieciocho años a la que le compusieron el tema "Solita, dejala solita"), vestida como Carmen Miranda, se pone a reír tan fuerte que las bananas y ananás en su sombreo empiezan a oscilar.  Susana, la mujer de José María Aguirre, disfrazada de egipcia, se contonea para distraer a la muchedumbre. Como una exhalación, una figura desolada surge desde el fondo y esquiva a la veintena de actores, dancers y músicos que se amontonan en el escenario, su misión de rescate tiene un componente emocional: es el Mufercho, presentador de la debalce y además, el novio de la señorita desaparecida en el agujero. Más vale que la banda se ponga a tocar de nuevo.

El Indio sigue sin poder tragar saliva; no importa: Guillermo Beilinson se pelea con Iche Gómez por el micrófono; uno de los dos, tampoco importa cuál, empieza a cantar. SKay trata de ordenar el quilombo. Todos salen al frente, a los ponchazos: Fenton en el bajo, Beto Verne se cuelga una viola, Ricky Rodrigo enchufa el violín. Basilio, su hermano, arranca con un tema suyo: "El Supersport". Y ahí sube otra vez ese Quique Compuertas, el cargoso! Quique, completamente quemado del cerebro, se pone a molestar a los músicos y a las bailarinas. ¿Querés hacer algo?¿Querés hacer algo, Quique? - Poli arde - ¡Bueno, agarrá alguna puerta! ¡Cerrala y abrila! ¡Cerrala y abrila! Y ahí va el tipo a abrir y cerrar la puerta del costado del escenario.

Carlitos Pinchevskito, el hermano menor de Jorge Pinchevsky,  tiene 17 años o poco más. Sube, toca tambores, es un desastre abominable. Sale de escena gracias a los codazos de un pintor anónimo que acaba de treparse al escenario y baila, habla y grita. Los petardos que tenían que explotar no explotan. Empiezan a incendiarse cosas. La Urraca y el Ñandú se esconden.

- ¡Y éste es el Blues del Pollo! - grita Basilio.
La idea es que las gallinas que compraron en la feria comiencen a danzar en escena, pero alguien les ató las patas (¡!). Las fucking gallinas están inmóviles, con una estúpida expresión avícola, ahí paradas sobre el escenario.
-
¿Qué hacemos? Estas gallinas no se mueven! 
- ¡Tirálas, tirálas!

La novia del Mufercho sigue pataleando en el hueco. Las gallinas se desparraman soltando plumas sobre la multitud. El Indio agarra el micrófono. Está ronco.

ROCAMBOLE: En los Lozanazos el Indio pelaba una voz muy extraña, que le costaba sus dolores de garganta. Era difícil cantar un rato seguido impostando esa voz. Después fué perfeccionándose, indudablemente, tuvo que aprender a cantar para poder manejar eso. Pero se exigía mucho. Aparecía con ese enterito, tipo overol. Se lo conocía como el Astronauta italiano. El que ponía mucos nombres era el Mufercho: Mufercho es brillante, tenía una fantástica capacidad de poner apodos... Y ahí cantaba cualquiera: Guillermo Beilinson, el Docente (el Doce, Eduardo Gaudini) que cocinaba los redonditos de ricota... Cantaban Fenton, Basilio Rodrigo... Todo era un caos donde por ahí se destacaba cierta organización cuando aparecía Skay con algún tema armado, pero después todo seguía en zapadas que podían durar horas. Blues, rockanroll y música hindú... a Skay le gustaba mucho la música psicodélica, siempre le gustó; él añora esas zapadas en las que se ponían a tocar el sitar... Todavía no había una distribución de roles muy organizada.

En el teatro Lozano se hacían como "encuentros", donde todo el mundo iba y tocaba. Pero no era que vos organizabas un happening: era que alquilabas el teatro y de repente venía uno y tocaba; aparecía el grupo Ataúd (banda platense de heavy metal donde tocaba la batería un jovencísimo Marcelo Montolivo); decoraban todo con velas y después subía otro; se subía alguien del público, pelaba un instrumento y tocaba... Y generalmente todo terminaba en grandes barahúndas; o sea, eso era el germen de Patricio Rey, una cosa informe, sin dirección. Era 1977. Y era un aquelarre: cantaban unos, tocaban otros, se mezclaban todos... Eran los mismos que solían juntarse en el estudio del Pasaje Rodrigo. Cualquiera, es decir. Alguna traía una idea y los demás la iban trabajando; ése era el método. El Indio estaba acostumbrado a manotear la guitarra española y con cuatro notas hacer una canción; después era menester pasarle la idea a Skay, o a alguno que tocara ens erio para que le diera más forma. Así salieron "Blues del Noticiero", "Superlógico"...

FENTON: Por ahí venía SKay y tiraba un tema, o el Indio una letra. No había un liderazgo notorio. Al que más respetábamos era a Skay; él era el que nos organizaba. Es más: en escena usaba un pito para avisar en los cortes.