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LA
VOZ DEL INTERIOR - 23/12/07 PorPablo
Leites Enviada por Elías Lardito Ver
nota EL
TUERTO ES REX
A FAVOR Y EN CONTRA

Una semana antes de publicarse,
Porco Rex estaba en Internet. Un fan del Indio Solari lo subió
a un foro recomendando a todos que cuando saliera a la venta lo compraran e
implorando un “Perdón, Indio” al final del post. El colmo de la paradoja es que
el archivo de extensión “.rar” en el que el culposo admirador comprimió los 13
temas del disco llevaba la contraseña “sólo te pido que se vuelvan a juntar”.
Cual hincha que se desgañita pidiendo a “Maradooooo”, al habitante medio de la
mística ricotera le alcanza con el gesto.
Que Porco Rex
haya sido el disco más vendido durante la primera quincena de diciembre es el
dato que falta para completar el retrato del rock nacional actual, un paisaje en
el que los referentes más importantes son gente que pasó la barrera de las 40 y
50. O lo que es casi lo mismo, una escena en la que Soda y Redondos siguen
mandando aun sin existir.
En ese contexto, parece que en el país de los
ciegos, a Solari se le exige demasiado: no sólo que sea coherente y viva de
acuerdo a la leyenda que lo consagró, sino también que todos sus discos resistan
ser medidos con la misma vara de calidad que los de Patricio Rey, y esto vale
para Porco Rex. Un ejercicio bastante inútil. Solari lo sabe y
se despacha con un buen puñado de canciones nobles que retoman el sonido
ricotero y le lavan un poco la cara. Y mientras tanto el sol se
muere; Flight 956; Vuelo a Sidney y
Bebamos de las copas lindas, seguramente superarán el test de
perdurabilidad.
En resumen, hablamos de un disco no digerible a la
primera escucha, sí. Pero también de un trabajo, hecho de realismo puro, que
invita a bajar las expectativas para adecuarlas al
contexto.
El desencanto porque sí Por Germán
Arrascaeta
El ciclo es conocido: Indio Solari sólo da entrevistas cuando
tiene algo para decir. En rigor, siempre hay algo para decir, así que habría que
reformular la frase y plantear que Indio sólo da entrevistas cuando edita o está
a punto de presentarse en vivo, instancias que cumple con aceptable
periodicidad.
Así fue como hace un par de semanas, a propósito del
lanzamiento de su segundo solista, Porco Rex, leímos su verba
irrefrenable en todos los diarios metropolitanos y en revistas del “palo”, casi
a riesgo del loop de declaraciones. Una de ellas, la más resonante y, por qué
no, repetitiva es “estoy desencantado con la cultura rock”. OK, el sponsoreo, la
falta de ideas y de profundidad, los artistas que tienden a imitarlo a él y a
Calamaro, el cipayismo ante cualquier movimiento del rock anglo, entre otras
cosas, le dan marco a un diagnóstico ideal para cerrar filas y adherir a su
consideración. Ahora bien, ¿qué le opone Indio a ese ordenamiento?
El ya
citado Porco Rex, un disco que, si bien (re) suena a
trascendental y tiene buenas canciones, reincide con algunos vicios: la opacidad
del sonido, el enjambre de violas que buscan suplir ese misticismo que a Skay le
sale como si nada, algunas letras que pueden hacer que se muerda la cola en
cuanto credibilidad (por ahí sugiere “a vos te va muy bien con tu tristeza”, a
lo que se le puede retrucarle “a vos te va muy bien con tus fobias”) y otros
tics de un deber ser rockero que hace perder frescura. Vaya a saber uno si tal
valor (la frescura) está en los manuales como una obligación, pero hay quienes
gustan de la cuestión troglodita, puramente sensorial, sin chasis literario ni
intelectual.
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