Desde Tandil
Tandil alberga a unos 123 mil habitantes. Los que la rockearon en la noche
del sábado fueron más de 80 mil. Las cuentas dan una idea de lo que significó el
único recital que el Indio Solari brindó este año: en el hipódromo local se
juntó un número que representa al 65 por ciento del total de una ciudad. Hasta
al Indio se lo notaba sorprendido. “No se puede creer”, repetía con insistencia,
cuando se decidía a observar lo que ocurría detrás de sus anteojos negros. Era
una auténtica misa india con hostias de ricota y momentos inesperados. Con sus
palabras, el Indio respondía al gran interrogante que despierta su figura: ¿qué
le pasa al artista que se define por el ostracismo acérrimo en su show más
poblado?
Se sabe que la misa es pagana, pero los tandilenses lo ignoraron al caratular
el fenómeno que el Indio desata por estos pagos cuando se presenta con Los
Fundamentalistas del Aire Acondicionado: es “la segunda Semana Santa”. La
mayoría de los fanáticos llegó el día del recital, desde la provincia de Buenos
Aires. No obstante, el movimiento había comenzado entre el miércoles y el
jueves. Todo estaba colmado. De hecho, la oficina de turismo derivaba a la gente
a ciudades cercanas. El diariero de la terminal hacía de eso una lectura
sociológica: “Los ricos y los pobres se juntan, porque están los que alquilan
una cabaña por 500 pesos y los que duermen en la calle”.
Tal cantidad de visitantes –los había también de Bolivia, Chile y Uruguay–
hizo estallar Tandil horas antes del recital. La ciudad volvía a recibir al
músico después de dos años, cuando reunió a poco más 30 mil espectadores. En
esta oportunidad, la ansiedad se combatió en la calle, con la música del Indio a
todo volumen y el flameo de enormes banderas. Había decenas de puestos
improvisados. Un comerciante piola sacó el parlante a la calle y así absorbió a
un buen número de consumidores. Claro que cuando sonó “Ji ji ji” se armó el pogo
en plena avenida. No el más grande del mundo, pero sí una postal de lo que
vendría después, en una velada que sedujo sobre todo a un público joven, de
menos de cuarenta (¿cuántos de los que estaban ahí habrán visto a Los
Redondos?).
Lo que vendría después sería la confirmación de que el Indio es el icono del
sentimiento ricotero, ya que cánticos y remeras remitían por sobre todo a la
banda, pero también la reafirmación de lo que puede dar en tanto estrella de
lujo. Lo acompañaron Sergio Colombo (saxo), Miguel Tallarita (trompeta), Hernán
Alamberri (batería), Pablo Sbaraglia (teclado, coros y guitarras acústicas),
Baltasar Comotto (guitarra), Gaspar Benegas (guitarra) y Marcelo Torres (bajo).
Cuando todos pedían el regreso, el Indio respondía con su capacidad de generar
estados de ánimo, de pasar de la euforia a la emotividad sin escalas, durante
dos horas. Pareciera haber una fórmula matemática: el Indio conoce el momento
justo para dar el cambio. Sabe cuándo actuar como ladrón de cerebros, cuándo
apuntar al corazón, cuándo pedir el agite. La veta visible de esa fórmula está
en la mixtura que suele aplicar en sus presentaciones: clásicos ricoteros y
temas propios. Pero hubo novedades interesantes.
El factor sorpresa estuvo desde el inicio, poco antes de las 22. Con
pantallas gigantes que proyectaban llamaradas, el Indio ofreció lo que nunca: un
cover de “Jugo de tomate frío”, de Manal. No sería el único tema ajeno: más
tarde sonó “Post-Crucifixión”, de Pescado Rabioso, en la que arrasó con su
potencia vocal. Al primero lo ensambló con un inesperado inédito de Los
Redondos, “Un tal Brigitte Bardot”; al segundo, con el clásico “Vamos las
bandas”. Y se reservaría otro viejo inédito para descoserla más tarde: “El
regreso de Mao”.
“Se vinieron unos cuantos hoy”, recalcó antes de dar paso a la inquietante
“Ramas desnudas”. En ese momento cambió la dirección de los elogios del campo:
el cantito comenzó a dirigirse a su entidad como solista. Se lo siguió ganando
con ese retrato de obsesiones personales que es “Martinis y tafiroles”, también
de Porco Rex. Llegó luego el primer pack ricotero, con clásicos de distintas
etapas: “Noticias de ayer”, “Me matan limón”, “Rock para el negro Atila”, hasta
el clímax con “Divina TV Führer”. Lo cierto es que el campo estallaba con los
temas de Los Redondos, a los que el Indio antecedió más de una vez con un “vamos
a cantar una que sepamos todos”. Y así brillaron “Un ángel para tu soledad”, “El
arte del buen comer”, “El infierno está encantador esta noche”, “Juguetes
perdidos” y “Fuegos de Oktubre”.
“Asistamos con cariño a los amigos que andan con enfermedades malas” –algunos
en el campo gritaron “Gustavo Cerati”, pero él no aclaró de quién hablaba–,
expresó luego de “Bebamos de las copas lindas”. Como teoriza el tema, “donde hay
dolor habrá canciones”, y parte de esa atmósfera en la que la sensibilidad se
agudiza la completaron “Vuelo a Sydney” y “Flight 956” (de Porco Rex), “El
tesoro de los inocentes (Bingo fuel)” y “Pabellón séptimo” (de El tesoro...),
dedicado a “amigos, primos y cuñados que están pasando por un lugar espantoso”.
Otro tema regalado fue “Héroe del whisky”, para Enrique Symns, “un viejo amigo
que antes me odiaba y ahora parece que me quiere”.
En una noche de varios “increíble”, la puesta en escena mereció varios
elogios: la figura del Indio estuvo enmarcada por proyecciones que eran
verdaderas obras de arte, que actuaban como escenografía, pero que también
tenían efectos narrativos. En este aspecto, el show superó al de julio de 2008
en esta ciudad, también en las luces y en el sonido. En medio de esa estética
poderosa se encontraba el Indio con su semblante firme. Su conmoción se filtraba
en las frases que pronunciaba entre tema y tema. Primó el buen humor, salvo en
dos oportunidades en las se quejó porque arrojaban objetos al escenario. El
punto final, claro, fue “Ji ji ji”. A la medianoche, la frase se seguía
repitiendo: “No puedo creer lo que fue este recital”. Todos bien contentos, aun
sin noticias del regreso. Todos contentos con el Indio solista. Todos contentos,
a pesar de una salida del hipódromo terriblemente lenta. Todos contentos por el
cielo poblado de fuegos artificiales... y por el anuncio del siguiente show, el
26 de marzo en Salta. Otra fecha, otra misa.