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NOTA
DE AUTOR - 13/04/08 Por
PABLO DÍAZ D'ÁNGELO EL
INDIO,
PAYADOR DE JESÚS MARÍA

El ex Redonditos de Ricota se despachó en tierras cordobesas con un
excelente show.
Carlos Solari, presentó el sábado
en el Anfiteatro José Hernández de Jesús María, su último disco de estudio,
Porco Rex ante casi 40 mil personas. Pocas palabras, muchas canciones dibujaron
en el amenazante cielo tormentoso una noche inolvidable donde el ahora frontman
de los estupendos Fundamentalistas del Aire Acondicionado agradeció a los que
vienen con sus mochilas y carpas de todos los puntos del país y recordó a su
madre Celina, repasando gran parte de su excelsa obra con Los Redondos sin
descuidar su etapa plena de solista.
Ciudad temática. Ubicación: N de
la provincia mediterránea. Los bares de todo calibre, pubs, drugstores y vehículos
que merodeaban la zona, absolutamente todos adaptados por motus propio o
condición sin equanon, al magnificente
evento. La ciudad de más de 35 mil habitantes mutó en su fisonomía para
albergar a una de las masas con mayor grado incondicional del rock vernáculo.
Sitiada, días previos, J. M. amaneció el sábado entre carpas, puestos de
comida, banderas, vicios, remeras y la música que estructuraban una
escenografía similar a la de los festivales rockeros de los 60’ (fueron tres putos años nomás…Solari dixit)
salvo que en devoción a un solo artista y con gente de todos los espectros y
edades.
Los desangelados comenzaron a
copar el césped desde apenas abiertas las puertas para intentar estar lo más
cerca de su ídolo. Dentro del predio, expendio de comidas y cerveza, merchandising
oficial, la enorme carpa del sonido y el escenario sencillo de cara al sur,
poco ambicioso con la batería aislada tras una pared de acrílico. Las pantallas,
por detrás de los parches, y en lo más alto, el 43, que en la jerga timbera
simboliza “el balcón” apelando allí al aniversario del festival de doma
autóctono de Jesús María. Los potros estaban sin galopar, y Solari proponía educarlos
con sus canciones.
A medida que se ocupaban los
espacios (a las 21 ya casi nadie se podía mover del lugar) los cánticos
elevaban su tenor para recibir a una banda cuyo líder excede los estereotipos
de cualquier estilo. Los extraños, analizando el marco, esperarían un pelilargo
desalineado al mejor estilo rockstar desinteresado, aunque el Indio supera el
cliché y como casi siempre, abordó el concierto apenas pasadas las nueve. Luciendo
su brillante calva, gafas oscuras, una camisa cumbiamba y jeans sin decir una
palabra para inaugurar la misa con Pedía
siempre temas en la radio, el primer track del conceptual Porco Rex.
Enseguida se interpretaron “Ramas desnudas” que junto a Bebamos de las copas lindas, Tatuaje, Sopa
de lágrimas, Te estás quedando sin balas de plata y Flight 956 (la más pogueada de lo nuevo) debutaron en el show
presentación del sucesor del primer intento solista El tesoro de los inocentes del que salvo Veneno paciente (grabada junto a Andrés Calamaro) no faltó ninguna.
De aquel disco primigenio de 2004, tuvieron prioridad Pabellón Séptimo (que de a poco le saca ventaja a las demás), Tomasito podés oirme, Tomasito podés verme y
luego de un intervalo Nike es la cultura
que quedó trunca pues del público, un teledirigido en forma de zapatilla,
derivó en la entrepierna de Solari que reaccionó como un padre enervado, detuvo
el show y sermoneó con autenticidad de hombre de familia al agresor,
aprovechando para expresar que las nuevas modas lo ponen de malhumor y no son
de su agrado. Luego de unos minutos el concierto continuó dando letra a esta
nota de color porque acabada la canción siguiente volvió a recaer diciendo “Sabés que pasa machito… me sacás de onda…”
y estallaron los aplausos.
La banda es impresionante.
Baltazar Comotto la deja así de
chiquitita tocando la viola con sus solos y el resto del grupo engrana a la
perfección ante la mirada exigente del Indio Solari, que se sabe no es tipo
para nada fácil cuando de buscar la perfección se trata. El sonido no tuvo
fisuras, porque además Los Fundamentalistas (que interpretan musicalmente
precisas las versiones ricoteras) entienden a la perfección el mensaje
rocanrolero y por momentos dark del cabecilla del cual son interlocutores. Sin
bien el escenario fue austero, las pantallas de altísima calidad con imágenes
kistch relacionadas con Porco Rex y
fragmentos del recital en blanco y negro fueron un soporte de lujo.
Pero lo que muchos estaban
esperando, apareció con La hija del
fletero, El infierno está encantador, Un ángel para tu soledad, Ella debe estar
tan linda y Me matan Limón en el
recorrido por la extensa trayectoria de Patricio Rey. También Tarea fina, Nueva Roma y Juguetes perdidos
en una escena digna de retratar con las cámaras de los celulares y las retinas.
También El pibe de los astilleros que
junto a Pabellón… configuraron, para
el Indio, el sector tumbero del
recital. El inevitable cierre con Ji, ji,
ji tras dos horas de show superó como siempre las expectativas, el pogo más
grande del mundo, es cada vez más sanguíneo y pagano.
Dedicó la noche a su madre Celina
que falleció hace unos días tras casi 100 años de vida. Los espacios publicitarios
del José Hernández pintados de rojo sin sponsorización siguen ubicando la
propuesta antiestablishment del Carlos Solari en esa insularidad que el mismo
justifica a ultranza. Lo masivo no siempre es bueno pero lo que el Indio
propone arriba del escenario con sesenta pirulos (como suele él decir) es digno
de describir como uno de los espectáculos más interesantes, impactantes y
mutuos que pueden verse todavía en nuestro país porque el talento desborda
sobre las tablas y debajo, el público (uno de los más complicados y
cuestionados) brinda también lo suyo.
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