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LA
VOZ DEL INTERIOR - 13/04/08 Enviada por Belgrano
Locura de Locuras Ver
nota EL
INDIO SOLARI DIO VUELTAS A JESÚS MARÍA Unos 40 mil seguidores del ex líder
de Los Redonditos coparon la ciudad de la doma y el folklore. El recital fue una
fiesta.

Anoche, en el Anfiteatro José Hernández de Jesús María, Carlos “el Indio”
Solari presentó su segundo disco solista, ante una multitud cercana a las 40 mil
personas, contabilizando las que se encontraban en las afueras del escenario.
Hacía casi siete años que su misteriosa figura no se vislumbraba por
tierras cordobesas. La última vez había sido en agosto de 2001, en ocasión de la
presentación de Momo Sampler, el último disco de Patricio Rey y sus Redonditos
de Ricota.
Esta vez, la obra que lo respalda se llama Porco Rex, y es su
segundo trabajo solista tras la traumática (para los fans) separación del grupo
que lideraba junto al guitarrista Skay Beilinson.
Junto a su banda de
acompañamiento, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado (integrada por
Gaspar Benegas y Baltasar Comotto en guitarras, Marcelo Torres en bajo, Hernán
Aramberri, Alejo Von Der Pahlen en saxos, y Ervin Stutz en trompeta y trombón),
Solari desmenuzó las canciones del esperado sucesor de Bingo Fuel (2004).
Porco Rex, a fin de cuentas, es un trabajo diferente, en primera
persona, intimista y confesional de un artista ícono del Rock Nacional.

Riguroso. La de ayer fue una producción totalmente independiente
de las corporaciones locales y nacional del rock argentino. Desde el viernes
pasado, el Indio Solari se instaló en el Holiday Inn de la ciudad de Córdoba y
desde allí viajó a Jesús María, para este show que acaparó toda la atención del
país ricotero.
Se estima que 40 mil personas coparon la ciudad de la
doma y el folklore. El “Woodstock ambulante” o “el rock del país”, tan
característico de los redondos, tuvo ayer un nuevo capítulo para agregar a la
historia del rock argentino.
En un primer momento se anunció que un
riguroso operativo de control iba a impedir el acceso de cámaras de la prensa,
sin embargo esa cuestión se fue flexibilizando minutos antes del comienzo del
recital.
De todas maneras, estas decisiones pintan la celosa
personalidad de Solari, hombre misterioso si los hay entre la fauna del rock
argentino. No obstante, ese empeño por mantener el mito viviente no impidieron
que Porco Rex se filtrara por Internet antes de su aparición, con 180 mil copias
en las bateas.
El primer tema. El cantante de enigmáticos
anteojos oscuros comenzó su show con Pedía siempre temas en la radio y siguió
con Ramas desnudas, dos temas de su nuevo material solista, Porco Rex.

El recital comenzó a las 21.10. Toda la escena estaba dispuesta,
ataviada de banderas y remeras. Algunos grupos aislados insistieron con bengalas
y petardos. El escenario tuvo una puesta austera, contó con una pantalla gigante
detrás del baterista, que proyectaba imágenes alusivas al relato de las
canciones. La pantalla se extendió hacia sus costados cuando empezó a sonar
Martini y Tafiroles y el show empezó a facturar espectacularidad.
El
Indio, manso, apenas mostraba la elasticidad como showman de otros tiempos. Pero
de inmediato le dedicó al público dos temas de los redondos, La hija del fletero
y Tarea Fina, generando las primeras explosiones en el público, los primeros
karaokes de la noche. En esos momentos agradeció al público mientras las
pantallas por fin tomaban lo que sucedía arriba del escenario. La “bata”
amplificaba y el recital empezaba ser histórico.
La lista siguió con
Mientras tanto el sol se muere, pieza dedicada a su mujer en el último disco.
Luego llegaron Porco Rex, Bebamos de las copas más lindas y Un ángel para tu
soledad, hasta que llegó el intermedio. Cuando volvió, empezó a tocar Nike es la
cultura, pero paró la canción a la mitad para retar a un pibe del público que
arrojó una zapatilla al escenario.
Mientras, el cielo plomizo de la
noche derramó algunas pocas gotas frías, a una olla hirviente del más poderoso
de los rock vernáculos.
A
LAS 20, YA NO HABÍA MÁS CERVEZA EN TODA LA CIUDAD Los ricoteros también acabaron con
el salame de la colonia. 
A las 20 de ayer, la horda ricotera acabó con todas las reservas de cerveza de
Jesús María y zona de influencia.
A esa hora, un desesperado quiosquero
se dirigió a la mayor distribuidora de bebidas de la ciudad pero la respuesta
fue contundente: “Maestro, hace rato que no queda más”. Por lo que a esa altura,
quedaba muy poco tiempo para agotar el resto de las bebidas alcohólicas. Además,
también hubo “desabastecimiento” de salames de la colonia.
Esos
detalles, no menor por cierto, ilustraron parte de las consecuencias de la
“invasión” de los fieles seguidores del ex líder de los Redonditos de Ricota.
Ayer, Jesús María parecía una ciudad tomada.
Ya desde la avenida de
Circunvalación, a la salida de la ciudad de Córdoba, el tránsito se presentó muy
complicado. Los 50 kilómetros que normalmente se pueden recorrer en 30 minutos,
esta vez se necesitaron dos horas.
A pesar de la lentitud del tránsito,
la previa al recital se vivió con mucha tranquilidad. Al lado de la ruta podía
escucharse a todo volumen la música del Indio Solari en los equipos de los pibes
ricoteros, felices de la vida.
Gladys, una bella joven de barrio Obrero
de la ciudad de Córdoba, contó que fue a ver al Indio a pesar de que le gusta
más Skay y anoche esperaba escuchar, al menos, tres temas de Los Redonditos.
Benjamín, de barrio Alberdi, también de esta Capital, ayer dudó sobre
quién es más grande: el Indio o Belgrano. “La verdad es que no sabría qué hacer
si hubiera a la misma hora un partido de la ‘B’ y un recital del Indio”,
confesó.
La mayoría del público que colmó el estadio de la doma y el
folklore tenía entre 20 y 30 años. Vino mucha gente del Gran Buenos Aires. La
hilera de ómnibus tenía varios kilómetros y la imagen se parecía al bloqueo de
los productores rurales.
Ya en la ciudad, varias manzanas a la redonda
del estadio no había lugar dónde estacionar. 
Paso de hombre. De esa manera se circuló por las distintas rutas que
conducen a Jesús María varias horas antes del inicio del show.
No más
sandwiches de salame. Se agotaron los sandwiches de salame de la colonia.
Alrededor de las 20 ya era difícil encontrar algún almacén que los vendiera.
Vale la pena la espera. A Lichi y sus amigos de barrio General
Paz de la ciudad de Córdoba les demandó casi tres horas llegar al estadio, pero
no se quejaron, al contrario, dijeron que valía la pena la espera.
No
a la alcoholemia. A pesar de que todos venían consumiendo alcohol en sus
vehículos, no hubo ningún operativo de control.
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