LA CAPITAL - 14/04/08
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EL INFIERNO VOLVIÓ A ESTAR ENCANTADOR

 

 “El Indio en Jesús María”. La inscripción acompañaba un pequeño mapa de la ciudad de Jesús María que era entregado a cada una de las más de 40 mil personas que el sábado por la noche se dieron cita en la localidad cordobesa para la presentación en vivo de “Porco Rex”, el segundo disco solista del ex cantante de los Redonditos de Ricota, el mítico Carlos Indio Solari.

En el anfiteatro José Hernández, sitio del tradicional Festival Nacional de Doma y Folclore, el enigmático hombre de gafas oscuras salió a escena el sábado a las 21.20, cuando con un escenario en penumbras su inconfundible voz paralizó las almas de jóvenes y no tan chicos que colmaron el predio. Desde San Juan, Bahía Blanca, Cipolletti, Berisso y hasta de Uruguay llegaron cientos de fieles seguidores, para dar cuenta que, pese a todo, el espíritu de Patricio Rey sigue vivo. Como las casi 400 personas que el viernes por la noche partieron desde Rosario en micros desde la Plaza Libertad , mientras otro tanto lo hacía en combis, autos o en cualquier transporte que los lleve a la “misa redonda”.

Las vías de tren que separaban las calles Córdoba y Juan B. Justo se transformaron el fin de semana en lugar donde las tribus ricoteras decidieron esperar la vuelta del Indio a los escenarios. Lejano ya aquel noviembre de 2005, cuando en el Estadio Único de La Plata presentara “El tesoro de los inocentes”, su primer disco solista después de la separación de los Redondos, en 2001.

“Señoras y señores, los Fundamentalistas del aire acondicionado”, dijo la voz en off del pelado nacido hace 58 años, para presentar a su banda, integrada por Gaspar Benegas y Baltasar Comotto en guitarras, Marcelo Torres en bajo, Hernán Aramberri en batería, y Alejo Von Der Pahlen y Ervin Stutz en vientos.

“Pedía siempre temas de la radio”, “Ramas desnudas” y “Martinis y Tafiroles” fueron las primeras canciones que se escucharon en el anfiteatro cordobés, las tres de su último disco, mientras imágenes de cerdos (o
puercos) se daban cita en la enorme pantalla apostada en el fondo del escenario. La temperatura comenzó a subir con este último tema, con una potente guitarra de Comotto y la voz áspera pero intacta del Indio Solari.

Hasta que llegó la primera referencia a aquella banda-fenómeno social llamada “Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota”, cuando el mítico cantante invito a acompañar “una que sepamos todos”. En agradecimiento a los chicos “que vinieron con sus mochilas y sus carpas desde lejos”, llegó el turno de “La hija del fletero” y “Tarea fina”, temas que erizaron la piel de los 40 mil seguidores de Solari y cía. No estaba la guitarra de Skay ni el saxo de Sergio Dawi, pero los músicos que acompañan al Indio se destacaron por una solida interpretación de los viejos hits ricoteros.

La primera parte del show cerró con “Y mientras tanto el sol se muere”, “Porco Rex” y “Bebamos de las copas más lindas”, de su última placa. No sin antes regalar “Un ángel para tu soledad”, tema coreado a viva voz por todo el anfiteatro.

Tras un breve descanso, la banda volvió a escena con “Nike es la cultura”, pero en la mitad del estribillo Solari paró tema para retar a quien desde el público le había arrojado una zapatilla. El anfiteatro quedó en silencio y el Indio volvió a meterse en el show con “Sopa de letras (para el pibe delete)”, a la que le siguieron “Te estás quedando sin balas de plata”, “Ella debe estar tan linda”, “Me matan limón", “Pabellón séptimo (relato de Horacio)”, “El pibe de los astilleros”, “Tatuaje” y “Porqué será que no me quiere Dios”.

No importaba tanto el frío de la noche cordobesa, ni el sueño acumulado por las bandas, fieles seguidoras de esa calva leyenda del rock nacional. El Indio estaba de regreso después de dos años y medio arriba de un escenario, y ese era motivo suficiente. Una noche dedicada por el propio Solari a la memoria de su madre, Celina, fallecida pocos días antes del show.

El final del recital se acercaba con “Tomasito podés oirme, Tomasito podés verme” y “Nueva Roma”, mientras las tribus ricoteras no paraban de cantar y saltar por la vuelta de los Redondos. Un manto gris y casi sin estrellas cubría el cielo de Jesús María cuando, con los primeros acordes de “Juguetes perdidos”, miles de celulares se encendieron entre el público para dar un marco ideal a una canción-himno que clama por las “banderas en tu corazón”.

“Gracias para siempre” exclamó Solari antes de pedir al público que le cuenten como estaba la noche, en clara referencia a “El infierno está encantador esta noche”, del primer disco Redondo. Una potente versión de “Flight 956” allanó el camino para escuchar, y sobre todo presenciar, el “pogo más grande del mundo” que se desató con “Ji, ji, ji”, el tema emblemático con el que cerró a las 23.30 la mágica noche de Jesús María.

Con una nueva presentación confirmada por el propio cantante desde el escenario para el 5 de julio en Tandil, los fans vivieron una impresionante vuelta a puro rock del padre de uno de los grupos más convocantes de la música nacional. Porque en la noche de la capital nacional de la doma y folclore, el
Indio Solari creó un "infierno encantador".

Es encantador, tan encantador

POR FLORENCIA O´KEEFFE
“Indio, te regalo a mi vieja”. El ofrecimiento que hizo el muchacho de la voz ronca se escuchó potente y tierno. Pocos segundos antes, Carlos Solari, el ex líder de Los Redondos, confesaba ante más de 40 mil almas que su madre, Celina, había “dejado este mundo” cuatro días atrás. La ocurrencia deja al descubierto que la entrega de los seguidores del cantante va más allá de la presencia masiva, abrumadora, en cada una de sus “apariciones”. Porque todos los que estuvimos allí deseamos de algún modo “comernos su dolor” y darle un abrazo entrañable.

Más cercano y emotivo que en otros tiempos, el Indio “usó” el sábado a la noche a su Porco Rex como “carnada” para pescar miles de voluntades. Y allá fueron, allá fuimos hacia “Jesús María” a participar de la ceremonia.

En un país diezmado por las antinomias da cierto placer compartir la hermandad que el mito viviente genera. Ahí no hay sabiduría, posición socioeconómica, sexo o color que marque distancia. El Indio tiene el don de borrar las diferencias. El privilegio de que en su boca hasta las cosas más obvias suenen a Revelación.

¿Idolatría? ¿La búsqueda del Padre admirado que cobija, que ama a todos por igual y que cada tanto también reta? Puede ser. Pero, ¿importa? Si “es encantador que pueda sentirme así”. Si el mayor pecado que un ricotero puede cometer es dejar todo por un par de días y recorrer los cientos o miles de kilómetros que los separan de la Fiesta para no perdérsela. Porque algunos dirán Misa, pero en realidad se trata de una verdadera fiesta. Fiesta que libera, energiza, y que luego trae la calma que permite irse en paz.

 

El Indio Solari volvió a escena y juntó 40 mil almas en Jesús María

Unos 40 mil fanáticos se dieron cita el sábado por la noche en el recital que ofreció Carlos "Indio" Solari en el anfiteatro José Hernández de la ciudad cordobesa de Jesús María, donde presentó por primera vez en vivo los temas del segundo y flamante disco de su carrera solista, "Porco Rex". El recinto, habitual epicentro del Festival Nacional de Doma y Folklore, se vio cubierto por varias generaciones de ricoteros. El ex líder y emblema de los Redonditos de Ricota estuvo acompañado por la banda Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.

Pasadas las 21.15 irrumpió en escena con lentes oscuros y comenzó su show con "Pedía siempre temas en la radio" y "Ramas desnudas", dos canciones de su nuevo material. En el recital, que se extendió hasta pasadas las 23, el cantante desgranó "Martini y Tafiroles", y viejos éxitos que hicieron delirar a la multitud como "La hija del fletero" y "Tarea fina".

También se impusieron el bello "Mientras tanto el sol se muere", "Porco Rex", "Bebamos de las copas más lindas", "Un ángel para tu soledad" y "Nike es la cultura" (éste de "El tesoro de los inocentes", su primer trabajo solista).

La llegada de los seguidores del Indio desde diversos puntos del país generó en Jesús María y la región una gran demanda de bebidas y alimentos, que provocó faltante de cervezas y salames, en particular. También provocó una gran congestión de tránsito, que se tradujo en demoras de hasta tres horas para llegar desde Córdoba, distante a 50 kilómetros. El operativo de seguridad contó con 715 efectivos.