Material
aportado por Martín Conde
POGO,
EL PAYASO ASESINO
LA HISTORIA DE JOHN WAYNE
GACY
La
historia real de John Wayne
Gacy dice que
una arteria cerebral
colapsada, producto de un golpe
en la cabeza con una hamaca en el
jardín de su casa cuando tenía
once años, era la responsable de haber transformado su
cerebro en una mente
psicopática, según algunos
expertos. También padecía
una extraña dolencia cardíaca cuyo origen nunca
pudo ser determinado.
Nació el 17 de marzo de 1942
en Chicago. Hijo de John
Stanley y Marion Gacy. Su
padre era un alcohólico que lo
maltrató de pequeño y lo
llamaba “nena”. Durante
la adolescencia sufrió varias peleas con su padre, pero
la relación con su madre y sus hermanas se mantuvo siempre
muy fuerte. Su padre, era un alcohólico abusivo que agredía
físicamente a su madre e insultaba a sus hijos. Sin embargo,
John amaba profundamente a su padre y desesperadamente trataba
de ganar su atención y devoción. Desafortunadamente
no lo logró nunca hasta el día en que su padre
murió, algo que lamentó por el resto de su vida.
Toda la
vida de Gacy resultó una
constante sucesión de idas y
venidas. Fue torpe en los
estudios, se matriculó en
cinco universidades y tuvo que
abandonarlas todas; sin
embargo, terminó su último
intento de estudiar Ciencias
Empresariales y se licenció
con brillantez. Hasta llegó a
ser un hábil hombre de
negocios. Se enroló en asociaciones caritativas,
cristianas y civiles que apoyaban
a la comunidad, entretenía a los niños que estaban
en el hospital y en los orfelinatos encarnando a "Pogo,
el payaso".
Incluso llegó a actuar en un acto frente a la primera
dama de los Estados Unidos de aquel entonces, Rosalyn Carter.
Era considerado un
buen ciudadano, honesto y
agradable, de aspecto
bajito y obeso, intimo
amigo del alcalde y
nombrado en una ocasión,
por una revista, “Hombre
del Año”.

ALGUNOS DETALLES PREMONITORIOS
Gacy
había sido acusado previamente de violentar sexualmente
a un niño de la
ciudad de Waterloo. Él siempre
sostuvo que las acusaciones no
eran más que un montaje creado
por el sector crítico de una
de las asociaciones cívicas a
las que él pertenecía.
SIn embargo lo encuentran culpable, le dan diez años
de prisión y por buena conducta queda libre en un año
y medio.
Mantuvo una oscura
relación con su primera
esposa, llena de altibajos y
cambios de temperamento. Tuvo
dos hijos a los que amó y
respetó, sin que eso nublara
un ápice su eficacia para
atraer y matar a 33
adolescentes. En 1968, se convierte
en gerente de un
restaurante en Iowa pero
es arrestado por sodomizar
a uno de los empleados y
sobornar a un testigo. A
causa de este incidente su
mujer se divorcia de él.
Al poco vuelve a Chicago y
se casa por segunda vez
pero mantiene oculta una
homosexualidad, que nadie
conoce.
Ya
en esta erapa, John Gacy se vuelve un
eficaz hombre de negocios,
dedicado plenamente a hacer
crecer su empresa de
albañilería y decoración, a
cuidar de su casa, a amar a su
segunda esposa y a cultivar
las relaciones sociales. El
tiempo libre siempre lo
dedicaba a los demás:
organizaba las fiestas
vecinales más famosas del
barrio, volvía a encarnar
a "Pogo,
el payaso"
y
amenizaba las tardes de los
niños ingresados en el
hospital local. Incluso fue
tentado por la política y se
presentó como candidato a
concejal. Y lo habría llegado
a ser si no se hubiera cruzado
en su camino el joven Jeffrey
Rignall y su tenaz lucha por
la supervivencia.
SALIR
VIVO
El 22 de mayo de 1978, Rignall
decidió salir a tomar unas
copas en alguno de los bares
del New Town de Chicago.
Mientras paseaba, ya de noche,
un coche le cortó el paso. Un
hombre de mediana edad y peso
excesivo se ofreció para
llevarlo a la zona de bares
más famosa del lugar. Rignall,
aceptó la
invitación sin sospechar que
aquel hombre, en un descuido,
lo iba a atacar desde el
asiento del conductor y a
taparle la nariz violentamente
con un pañuelo impregnado de
cloroformo.
Lo siguiente que Rignall pudo
recordar fue la imagen de su
atacante desnudo frente a
él, exhibiendo una colección
de objetos de tortura sexual y
describiendo con exactitud
cómo funcionaban y cuánto daño
podrían llegar a producir.
Rignall pasó toda la noche
aprendiendo en carne propia una y otra
vez la dolorosa teoría que su
secuestrador iba explicando. A
la mañana siguiente, el joven
torturado despertaba bajo una
estatua del Lincoln Park de
Chicago, completamente
vestido, lleno de heridas, con
el hígado destrozado para
siempre por el cloroformo,
traumatizado… pero vivo. Tenía
el triste honor de ser una de
las pocas víctimas que
escaparon a la muerte después
de haber pernoctado en el
salón de torturas de John
Wayne Gacy. En sólo seis años,
33 jóvenes como él vivieron la
misma experiencia, pero no
pudieron contarlo.
UN
JARDÍN QUE OLÍA DEMASIADO
MAL
La vida social del hombre que
los fines de semana se vestía
de payaso para entretener a
los niños enfermos en varios
hospitales subía como la
espuma. Dos de sus fiestas más
sonadas, una al estilo
"vaquero" y otra hawaiana,
llegaron a congregar en su
casa a más de trescientas
personas. Todas regresaban a
sus domicilios comentando dos
cosas: lo agradable que era
aquel ciudadano regordete,
bonachón y trabajador y lo mal
que olía su jardín. Se
rumoreaba que un
terrible hedor fluía por las
calles cercanas a la casa de
Gacy y su segunda esposa. Ésta
estaba convencida de que bajo
las cañerías de su casa había
algún nido de ratas muertas.
Él aseguraba que el olor se
filtraba desde un vertedero
cercano. Ningún vecino supo
reconocer el tufo de los
restos humanos, por eso,
ninguno llegó a sospechar.
En diciembre de 1978, la madre
del joven de 15 años Robert
Piest empezó a impacientarse
al ver que no regresaba del
trabajo. El chico se ganaba un
dinero extra ayudando en una
farmacia, y estaba a punto de
entrevistarse con un tal Gacy
que le había ofrecido mejorar
su situación si trabajaba como
albañil para él. La
desaparición de Robert fue
puesta en conocimiento del
teniente Kozenczak del
departamento de policía de Des
Plaines. Entre sus pesquisas,
el agente hizo una llamada a
Gacy, ya que su nombre
aparecía entre los papeles del
chico. Por supuesto, el
ciudadano Gacy no acudió a la
cita (se excusó diciendo que
estaba enfermo), pero se
presentó voluntariamente en la
comisaría al día siguiente.
Para entonces, el teniente se
había encargado de estudiar el
historial penal de aquel
hombre (sentenciado e
indultado por asaltar a un
menor). Aunque Gacy negó
cualquier relación con Piest,
la policía logró una orden de
registro de su domicilio en la
que se incautó del más
completo arsenal de
instrumentos de tortura jamás
visto en la región. Pocos días
hicieron falta para lograr que
Gacy confesara y entregara a
la policía un detallado plano
del jardín de su casa, en el
que había marcado los lugares
donde yacían 23 cadáveres,
los demás fueron encontrados en el río Des Plaines.
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La policía
descubre los cadáveres en la casa de John
Gacy
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John Gacy arrestado
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Una de las víctimas
de Gacy
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En febrero de 1980,
comienza el juicio contra
Gacy. Durante el juicio,
Gacy aseguró que existían
"cuatro John: el contratista,
el payaso, el vecino y el
asesino" y constantemente
respondía con las palabras de
uno y de otro. Sus abogados defensores
alegaban inocencia por
enajenación por un
trastorno de
personalidad. El jurado no se
convenció ya que en el
crimen había un seguimiento
de la víctima y
premeditación. En 1988 fue condenado a
21 cadenas perpetuas y a
12 penas de
muerte.
Lo que Gacy no pudo
explicar fueron los motivos
que le llevaron a dejar con
vida al joven Rignall, cuya
declaración sirvió para mandar
al criminal a la camilla donde
se le aplicó una inyección
letal el 10 de mayo de 1994.
La prensa lo apodó
“The Killer Klown” (El
Payaso Asesino) y
generó todo tipo de
películas cinematográficas, como
“Gacy,
the killer Clown”,
“It”,
"To
catch a killer" y “Clown
House”.

Mientras
estuvo en prisión se
dedicó a la pintura de
cuadros de temas
relacionados con el
circo y los payasos,
que llegaron a tener
un valor de más de
300.000
dólares.

También concedió varias
entrevistas al FBI, en las
que llamaba a sus víctimas
“maricones” y “escoria de
la sociedad”. Al hablar de sus
crímenes, hablaba de su
otro “yo”, Jack Handley,
el cual había sido el
autor de los
asesinatos. Pasó 14 años en la
cárcel y el 9 de mayo de 1994, fue
ejecutado por inyección
letal.
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Gacy es conducido
a la sala de ejecución.
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Gacy se tapa el rostro
con las manos minutos antes de ser ejecutado.
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Sus últimas palabras fueron:
“¡Bésenme el culo!,
nunca sabrán dónde están enterrados los
demás"...
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