Diario Clarín
- 9/9/2003 Enviado por Francisco Cachán EL
PETISO OREJUDO EL CHICO
QUE NO PODÍA PARAR DE MATAR
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El
personaje de la canción inédita redonda, cantada
por Vivi Tellas, asesinó a cuatro nenes
de entre 3 y 6 años. Los ahorcaba o les prendía fuego. Se sospecha que mató a más de 10. VER
LA LETRA
- BAJAR
EL TEMA
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"Señas particulares: orejas aladas". El hombre
que apareció muerto hace 59 años en su celda de la cárcel de Ushuaia llevaba
con él la marca que figuraba en la ficha del presidio. Murió herido en un
ataque, durante una pelea con otros presos. Y se llevó tras él la sordidez de
su historia increíble.
Cayetano Santos Godino fue
mucho más que él mismo y una serie de crímenes inexplicables a cuatro chicos de
entre 3 y 6 años a los que golpeó, prendió fuego o ahorcó con un cordón que
usaba como cinto. Fue el asesino serial más estudiado de la criminología
argentina. Y el mito a una pregunta sin respuesta: ¿supo lo que hacía cuando
mataba?
"Las condiciones de la
personalidad lo definen como un imbécil", informaron los forenses Negri y
Lucero. "Se está ante un caso de degeneración por el abandono social del
que ha sido víctima, y por lo tanto no es responsable de sus crímenes",
dijo el profesor Nelson.
Los dos jueces que
investigaron su caso lo absolvieron por inimputable. Pero la Cámara del Crimen
revocó ese fallo y lo condenó a perpetua. Muchos pedían la pena de muerte. Pero
era un chico de 16 años, con 27 cicatrices en la cabeza por los golpes de su
padre. Las discusiones ardían. ¿Había que mandarlo a la cárcel o a un hospital
psiquiátrico?
Llegó al penal de Ushuaia en
1923 y salió en 1944, muerto. Nadie jamás lo visitó. Por vergüenza, su familia
se había vuelto a Italia.
CAYETANO SANTOS GODINO – ALIAS “EL PETISO OREJUDO” LA
HISTORIA DEL PRIMER ASESINO SERIAL ARGENTINO
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El
petiso y el cordón con el que asesinó
a una de sus víctimas
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El
petiso en el penal de Usuahia, con
ropa de recluso.
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Un día de 1906 el empleado municipal Fiore Godino entró en
la comisaría décima, de la calle Urquiza 550, a los gritos y clamó ayuda para
controlar a su propio hijo, Cayetano Santos Godino, de sólo 9 años.
-¡Señor Comisario, yo no puedo con él! Es imposible
dominarlo. Rompe a pedradas los vidrios de los vecinos, les pega a los niños
del barrio... y si lo encierro en casa es peor, se pone como loco. El otro día
encontré una caja de zapatos, había matado a los canarios del jardín y les
había arrancado los ojos y las plumas y me los dejó en la caja, al lado de mi
cama..
El comisario fue a buscar a Cayetano al conventillo de la
calle 24 de noviembre 623, donde vivían entonces los Godino, y se lo envió al
juez. Tras una reprimenda fue devuelto a sus padres. Como no mejoraba, en 1908
lo encerraron en un reformatorio de Marcos Paz. Iba a pasar allí tres aos, pero
no sirvió para nada.
Cayetano Santos Godino comenzó a matar y a quemar en un raid
criminal como la ciudad jamás había visto. Buenos Aires celebrarba con grandes
fastos el centenario de la patria, la ciudad era una fiesta, pero algunos
comensales no habían sido invitados. Entre ellos, Cayetano Santos Godino, que
quedó en la historia criminal argentina- y en la mitología negra de Buenos
Aires- como “el petiso orejudo”.
Fiore Godino y Lucía Rufo, dos campesinos sardos, habían
llegado en 1884 a Buenos Aires. Eran analfabetos y huían de la pobreza de
Italia, pero también de una tragedia personal: el hijo primogénito, también
Cayetano, había muerto de una afeccióncardíaca a los diez meses de vida.
Después los Godino tuvieron una hija, Josefa, con la que emprendieron la
travesía en barco hacia la Argentina. Ya en Buenos Aires les nacieron nueve
hijos más. Al último que vio la luz en 1896 en el conventillo de Dean Funes
1158 lo bautizaron Cayetano, como al muertito.
La vida de los Godino no fue fácil, no sólo porque l’América
ya estaba hecha, sino por las desventuras de Fiore. El padre de Cayetano era
sifilítico y alcohólico, aunque se las arreglaba para ir tirando, hasta que
finalmente consiguió un trabajo de farolero (encendía el fuego en los faroles
de alumbrado público de aquella época). Cayetano era un chico frágil, enfermó de
enteritis a los pocos años y creció raquítico. Peor les fue a algunos de sus
hermanos, como Antonio, que era epiléptico. Cuando Fiore llegaba a casa -las
dos piezas del conventillo donde la familia habitaba- les propinaba feroces
palizas a Lucía y a sus hijos. Cayetano fue a varias escuelas, pero duraba
poco. Lo expulsaron seis veces y nadie le enseñó a leer. Cuando fue revisado
por los médicos, éstos contaron 27 cicatrices en la cabeza provocadas por las
palizas del padre y de su hermano Antonio.
A los siete años, Cayetano era tan bajo y menudo que parecía de cuatro. Lo llamaban “el Oreja” o
“el Petiso Orejudo” porque sus apéndices auditivos eran grandes y apantallados.
A los ocho años cometió su primera fechoría: tomó de la mano a un niño de 21
meses y lo llevó a un baldío donde comenzó a pegarle en la cabeza con una
piedra. Al pequeño Miguel de Paoli lo salvó el vigilante de la esquina, que
llevó al agresor a la comisaría. EL padre tuvo que ir a buscarlo. ¿Quién podía
pensar que en ése incidente comenzaba la carrera el mayor asesino serial y
pirómano nunca conocido en América del Sur?
No se sabe qué sucedió durante los tres años que Cayetano
pasó en el reformatorio de Marcos Paz, salvo que varias veces intentó fugarse. Pero a
fines de 1911 mandaron a Cayetano a casa para que pasara Navidad en familia.
LA NIÑA EN LLAMAS El año siguiente, 1912, iba a ser un año lleno de
acontecimientos en la Argentina y en el mundo. Se hundió el Titanic en el
Atlántico Norte y en algunos cabarets de Buenos Aires comenzó a actuar un dúo de tangueros: el cantor Carlos Gardel y
su guitarrista José Razzano. Pero para muchos porteños aquel 1912 quedó en la
memoria como un año atroz porque fue cuando un fantasma recorrió Buenos Aires dejando
una huella de sangre...
El 25 de enero de 1912 se encontró en una casa vacía de
Pavón 1541, elcadáver de Arturo Laurora, de 13 años, golpeado y estrangulado.
A las 6 de la tarde del 7 de marzo de 1912, una niña de 5
años llamada Reina Bonita Valdinicoff, hija de inmigrantes judíos que vivían en
la avenida Entre Ríos 522, miraba la vidriera de una zapatería. De pronto, sin
que nadie atinara a darse cuenta cómo, el vestido blanco de Reina, lleno de
volados y puntillas, comenzó a arder. Alguien le había tirado un fósforo. A
pesar de los desgarradores gritos de la niña en llamas, y de que un policía se
tiró sobre ella para apagar el fuego con su cuerpo, no pudo salvarse. Reina
Bonita, con quemaduras múltiples, murió 16 días más tarde. La tragedia se
ensañó con la familia Vainicoff: el abuelo, al ver que su nieta ardía, cruzó la
avenida Entre Ríos sin mirar y lo mató un auto.
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Graffiti
en una casa de Usuhaia
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El 16 de julio de ese mismo año, Cayetano incendió un
corralón en Garay al 3100. En septiembre, mientras trabajaba de mandadero en
unos almacenes del barrio, acuchilló a un caballo en los establos de Chiclana
al 3300. Dos días después prendió fuego a la estación de tranvías de la
compañía Anglo. El 8 de noviembre, y en un descuido de sus padres, despareció
el niño Roberto Carmelo Russo, de dos años y medio que jugaba con su hermanito
mayor en la vereda de Carlos Calvo al 3800. Minutos más tarde, un vigilante
rescató a Roberto Carmelo en un baldío. Lo habían maniatado y juinto a él
estaba un muchacho menudo y de orejas apantalladas. Cayetano alegó que acababa
de descubrir a Robertito y que estaba desatándolo.
Durante ese mes de noviembre, otros extraños sucesos
conmovieron al barrio. Alguien incendión un galpón de azulejos, y una niña de
tres años, Carmen Ghittoni, fue golpeada en un baldío de Chiclana y Dean Funes.
El vigilante llegó corriendio y vió al agresor cuando huía. Cuatro días
después, Carolina Neolener, de cinco años, sufrió un ataque similar en el
umbral de su casa. Pero todo se iba a precipitar el día de la tragedia, el
martes 3 de diciembre de 1912.
UN CHICO LLAMADO JESUALDO. Esa mañana, la señora María Giordano, abrió la puerta de
calle y le dijo a su hijo Jesualdo que permaneciera jugando en la vereda, sin
cruzar la calle. Fue lo último que le dijo, cuando volvió a verlo su hijo
estaba muerto.
La tarde del 3 de diciembre Jesualdo fue hallado muerto en
un basural conocido como la quinta Moreno, donde antes funcionaba el horno de
ladrillos de la fábrica La Americana. Lo habían estrangulado con 13 vueltas de
un piolín que se le hundió en el cuello. Como no terminaba de morir, el
homicida le perforó la sien con un clavo de cuatro pulgadas, al que golpeó con
una piedra hasta que la punta le salió por el otro parietal. Luego tapó el
cuerpito con unas chapas de cinc y se fue tranquilamente a su casa.
El horroroso crimen de Jesualdo Giordano hizo explotar la
ciudad. El conventillo de Progreso 2585 donde vivían los Giordano se colmó de
vecinos indignados. Según la crónica del diario La Prensa, la policía sabía
perfectamente quién era el asesino: sospechaban hace tiempo de Godino pero no
tenían pruebas. Quizás no se animaban a proclamar que un niño fuese el autor de
esos crímenes que la opinión pública adjudicaba a siniestras organizaciones
criminales como la Mano Negra, dedicada a secuestrar chicos.
El “Oreja”, con inconsciencia, parecía provocar al mundo.
Durante la reconstrucción del crimen de Jesualdo Giordano, Godino fue visto
entre la gente que llenaba el baldío de la quinta Moreno. También fue al
velorio y algunos dijeron que hasta se mostró compungido al acercarse al
féretro blanco y tocarle la cabecita al muerto. Se sabe que se compró un
ejemplar del diario y se hizo leer la crónica de los hechos porque era
analfabeto. Luego recortó la noticia y se la guardó.
Los vecinos que declararon ante la policía coincidieron:
poco antes del hecho, ahbían visto pasar a Jesualdo de la mano con Godino. EL
“Oreja” fue detenido la noche del 5 de diciembre. Los diarios revelaron
detalles de la confesión del “Petiso”, que habló durante varias horas.
LOCO MORAL El proceso a Godino se prolongó por dos años, durante los
cuales el “petiso” fue recluido en el Hospicio de las Mercedes. Las más
importantes figuras de la psiquiatría criminal concurrían para examinar al reo
y comprobar cómo era aquel ser al que la prensa calificaba de “fiera humana”.
Muchas voces reclamaron que se lo condenara a la pena capital, que entonces
estaba en vigencia para delitos como el homicidio, aunque no podía aplicarse a
menores. Para esa altura, Godino tenía 15 años.
Godino fue procesado por tres homicidios (los de los niños
Arturo Laurora, Reina Bonita Vainicoff y Jesualdo Giordano) y once agresiones.
El proceso nunca esclareció si cometió otros crímenes más. Se dijo con
insistencia que el “oreja” había matado a otros niños, por ejemplo la pequeña
María Rosa Face, una nena perdida que nunca apareció ni viva ni muerta..
También al niño Lautaro Marchi, que no figura en el expediente criminal.
No había mucho que discutir en el proceso a Godino,a sesino
y pirómano confeso. Para el doctor Domingo Cabred, célebre analista y director
del Hospicio, Cayetano era un imbécil o bien un loco moral.: su degeneración
provenía de la falta de afectos, la limitación de su inteligencia y su
impulsividad mórbida. “Tiene conciencia y memoria del impulso destructor”,
sostenían los dictámenes, pero era “un degenerado hereditario” y eso explicaba
su sadismo.
Godino era examinado como un cobayo, en el diagnóstico se
destacaban sus características físicas: la escasa talla (medía 1,51 metros), la
cabeza pequeña (microsomía), la extensión de sus brazos (abiertos alcanzaban
1.85 metros), sus orejas desmesuradas y en asa, su miseria física y la
desmesura de su órgano sexual. Todo conducía a una conclusión: estaba
predestinado al crimen.
El doctor Cabred sostuvo este diálogo con el “Petiso
Orejudo”:
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¿Es usted un muchacho desgraciado o feliz? Feliz. ¿No siente remordimientos por lo que usted ha hecho? No entiendo. ¿Piensa que será castigado por sus delitos? He oído que me condenarán a 20 años de cárcel y que si no
fuera menor me pegarían un tiro. ¿Por qué incendiaba las casas? Porque me gusta ver trabajar a los bomberos. Cuando ellos
llegaban yo les colaboraba acercándoles baldes con agua. ¿Y robar le gusta?
He probado pero no me gusta.
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¿Qué pasaba por la mente de Godino cuando cometía los
crímenes? Según sus propias palabras, una fuerza ingobernable lo dominaba, el
dolor le partía el cráneo y ese sufrimiento sólo se aliviaba golpeando,
matando. Sin embargo, todos los exámenes médicos descartaron que padeciera
epilepsia.
Godino fue condenado a reclusión perpetua en 1914, y fue
destinado a la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras, donde podía ser
aislado en una celda. Allí pasó varios años, aprendió a leer y a ecribir, a
sumar y restar.
En 1923 se inauguró en Ushuaia un presidio de máxima
seguridad, que se llamó “la cárcel del fin del mundo”. Godino, severamente
custodiado y engrillado, fue trasladado a ella.
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Graffiti
en Usuhaia
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LOS GATITOS MUERTOS En 1933, José María Soiza Reilly, periodista y escritor muy
popular, entrevistó a Cayetano Santos Godino en la celda que ocupaba, la número
90. Por esa entrevista, publicada en la revista Caras&Caretas, el público
se enteró que Godino había matado a dos gatitos que eran las mascotas de los
presos y que por ello le habían propinado una feroz paliza. También contaba que
en una de las primeras operaciones de cirugía estética que se habían hecho en
el país, le habían achatado las orejas., esas orejas aladas que según algunos
eran la causa de su maldad. La operación fue auspiciada por el gobierno, que
envió un equipo médico y un fotógrafo a Ushuaia.
Cayetano Santos Godino nunca recuperó la libertad. Según el
certificado de defunción, “el Petiso Orejudo” falleció el 15 de noviembre de
1944 por una hemorragia interna causada por una gastritis avanzada, pero también
se dijo que fue por una paliza propinada por los otros presos. Cuenta la
leyenda que, cuando el penal fue clausurado, los huesos de nuestro primer
asesino serial no pudieron ser hallados en el camposanto del lugar. En cambio,
la esposa del último director, tenía un pisapapeles con el fémur de Cayetano
Santos Godino.
Fuentes:
- “El petiso orejudo” (1994), de María Moreno.
- “Orejas aladas” (2000), de Leonel Contreras, reeditado en 2003
con el título “La leyenda del Petiso Orejudo”.
- Revista La Nación, 15-01-2006.
- www.petisorejudo.com.ar
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