Material
aportado por Gastón Wagmaister

La canción ¡Me matan Limón! hace referencia
en su letra a El Limón, guardaespaldas y mano
derecha de Pablo Escobar Gaviria, mucho más que
el Jefe del Cartel de Cali, considerando por la mayoría
del pueblo colombiano como un líder, que al morir
se transformó en leyenda. El Limón
adquiere enorme significación en la historia
porque fué el único de los seguidores
de Pablo Escobar, que permaneció fiel a su lado,
cuando todos se aliaban con el Bloque, la CIA estadounidense
y el gobierno colombiano, para asesinar al peso pesado
del narcotráfico, idolatrado, defendido y varias
veces ocultado por el mismo pueblo. Les acercamos
la historia con más detalles para que conozcan
parte de la fuente de inspiración del Indio para
el octavo tema de LUZBELITO.
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EXTRACTO DE "LA PARÁBOLA
DE PABLO" |
Doña Hermilda
mira esta vastedad, mar de muertos extendido a sus pies,
pero su corazón de madre sólo ve la tumba
de su hijo. Y se duele de lo que llama su sacrificio
y de quienes lo traicionaron: "Quienes no vienen son
los torcidos, los que le dieron la espalda -dice- los
que pasaron por Nápoles, su hacienda, a ofrecer
y pedir. Políticos, empresarios, ex presidentes,
artistas, periodistas, reinas, divas, a quienes él
les mandaba el avión o el helicóptero
a Bogotá, les prestaba dinero y les hacía
todo tipo de favores".
Pablo
no está solo en este barrio de los acostados [entiéndase Cementerio],
lo
rodean sus amigos y sus enemigos, vea le muestro -me ofrece Arcángel-.
A
su lado está Álvaro de Jesús Agudelo,
el Limón, el guardaespaldas que lo acompañaba
el día de su muerte".
¿Que
cómo fue ese día? El
coronel Aguilar, del Cuerpo Elite de la Policía,
lo cuenta:
Pablo conversa por teléfono con su hijo Juan
Pablo y confunde los estruendos en la puerta con los
ruidos de una construcción vecina. Los hombres
de la Policía entran preparados para disparar,
pero la primera planta de la casa está vacía.
Pablo deja el teléfono y busca la ventana por
donde ha salido el Limón y lo sigue por el techo.
Vuelve su mirada y ve a un policía en la ventana,
le dispara con una pistola automática. Los policías
que cubren la parte trasera de la casa les disparan
con fusiles. El Limón cae sobre la acera y Pablo
sobre el caballete del tejado. El oficial al mando grita:
«¡Viva
Colombia!».
Lo agarra de la camiseta azul, esboza una leve sonrisa
y posa con su presa para la cámara. Los mandos
dan el reporte al ministro de Defensa y al presidente
de la República. Dudan, temen una nueva salida
en falso. Esperan ansiosos y lo anuncian al país.
Al
Osito, el hermano mayor de Pablo, siempre lo ha irritado
que los tombos -como
llaman a los policías- digan que fueron ellos quienes
mataron a Pablo. "Mentiras -asegura-. Mi hermano se suicidó,
siempre tuvo claro que vivo no se dejaría atrapar
porque sólo lo esperaba la muerte o la extradición,
por eso se anticipó, para no darles gusto a sus
enemigos se disparó con su pistola detrás
de la oreja". |
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LA HISTORIA
En
la guerra contra Pablo Escobar, todo valía, incluso las alianzas
con sus enemigos. Durante años, los organismos antinarcóticos
de Colombia e indirectamente de Estados Unidos, dependieron en buena
parte de la información que les daban del mismísimo
Cártel de Cali y de Los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar).
Pero ésa era una realidad incómoda para aceptar.
El jefe del Cártel de Cali, Miguel
Rodríguez Orejuela, explicó en sus propias
palabras lo que oficialmente ninguno de los gobiernos
beneficiados había querido admitir. Rodríguez,
declaró a la Fiscalía General de Colombia
que en la búsqueda de Pablo Escobar "las altas autoridades
siempre estuvieron enteradas de que éramos nosotros
los que poníamos en conocimiento y a su servicio
toda esta valiosa información, así como
en algunas oportunidades algunos informantes que fueron
utilizados por ellos".
Al
hablar de altas autoridades, explicó Rodríguez,
se debía entender los presidentes de la República
Virgilio Barco (1986-1990) y César Gaviria (1990-1994).
Desde ese día, el gobierno abrió sus radios
a la frecuencias del Cartel y los miembros de
esa organización recibieron una clave secreta
para ser reconocidos en las comunicaciones... se llamarían
Los Canarios. |


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Aquel
jueves 2 de diciembre de 1993, Pablo Escobar Gaviria se despertó,
como solía, un poco antes del mediodía. Comió
un plato de espaguetis y echó su grueso cuerpo de nuevo en
la cama; pero esta vez con el teléfono inalámbrico.
Siempre había sido un hombre pesado, pero en su vida de prófugo
había aumentado unos diez kilos, y todos en la zona abdominal.
Lo
cierto es que "fugitivo" no describe la vida de Pablo
con precisión. La mayor parte del día la pasaba tirado
en la cama, comiendo, durmiendo y hablando por teléfono.
Contrataba a prostitutas, la mayoría adolescentes, para matar
el tiempo. No se podía comparar con las espléndidas
orgías que montara en el pasado, pero su dinero y su notoriedad
todavía le permitían ciertos lujos.
Siempre
estaba solo, las únicas personas que estaban con él
eran su mano derecha y guardaespaldas Limón, su mensajero Jaime Rúa y su cocinera
Luz Mila.
Ese
día Pablo Escobar trató de comunicarse con su familia
por teléfono varias veces sin éxito, los operadores
de las centrales telefónicas estaban advertidos de esta posibilidad
y cada llamada era interceptada por miembros de Seguridad que estaban
rastreando las señales. Cuando Pablo logra comunicarse con
su hijo Juan Pablo, haciéndose pasar por periodista, los
puestos de rastreo fijos de Centra Spike y el Bloque de Búsqueda
habían localizado la señal, triangulado sus lecturas
y calculado que provenían de Los Olivos, un pequeño
barrio de casas de dos plantas y tejas en hileras de Tequendama.
Ni
bien localizaron la procedencia de la señal, "Hugo"
(un agente de seguridad que durante años siguió a
Escobar) y su compañero se dirigieron al barrio y se apostaron
frente a la hilera de casas de dos plantas. Nadie podía saber
en cuál se encontraba Pablo. Varias veces subieron y bajaron
por la calle. "Hugo" comenzó a observar las casas
detenidamente, una por una.
Y entonces lo vio. Era un hombre gordo,
de pelo negro largo ondulado y barba, asomado a la ventana
de la segunda planta. Sólo había
visto a Pablo en fotos y, salvo el bigote, siempre había
estado bien afeitado, pero la policía sabía
que se había dejado crecer la barba, y además
el tipo estaba hablando por teléfono contemplando
desde arriba el tráfico de la calle. El hombre
se metió rápidamente en la casa.
Años
de lucha, cientos de vidas perdidas, miles de redadas
inútiles, incontables millones de dólares,
de pistas falsas y de horas y hombres, todas las meteduras
de pata, los fallos, las falsas alarmas... y allí
estaba. Por fin.
Un
solo hombre en un país de treinta y cinco millones
de habitantes, una tarea literalmente más difícil
que la de encontrar la aguja en el pajar. |


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Hugo
había encontrado a ese hombre rico, despiadado y disciplinado,
que por sí solo había tenido en su puño al
submundo criminal de su país y de buena parte del planeta,
durante casi dos décadas; un hombre que en aquella urbe de
millones era adorado como una leyenda. Hugo le indicó al
resto de los agentes cuál era la casa.
Hugo
sabía bien que solamente él y otro vehículo
estaban en posición. Estaba seguro de que Pablo los había
visto y que sus pistoleros no tardarían en llegar. Los dos
compañeros de Hugo saltaron del coche y se colocaron a ambos
lados de la puerta principal. Hugo entró por el callejón,
contando las casas dio con la parte trasera de la de Pablo. Muertos
de miedo pero con las armas cargadas, esperaron. Fueron unos diez
minutos.
La
puerta principal era pesada, de hierro. Fueron necesarios varios
golpes para derribar la puerta que los separaba de Pablo. Los hombres
de seguridad entraron corriendo en la casa. De inmediato comenzaron
a sonar los disparos. Limón saltó desde la ventana
de atrás al tejado apenas el equipo de asalto hubo irrumpido
por el frente.
Limón saltó, cayó sobre las tejas y comenzó
a correr, los hombres del Bloque de Búsqueda desplegados
en el callejón detrás de la casa abrieron fuego.
Docenas
de hombres con armas automáticas se habían apostado
a todo lo largo de la calle, algunos de ellos de pie encima de sus
vehículos para mejorar su posición de fuego. Un francotirador
incluso había trepado al tejado de la casa contigua. Fué
así que Limón recibió varios impactos
mientras corría, y su propia inercia, unida a la de los disparos,
hizo que cayera del tejado al césped.
El
segundo en salir fue Pablo. Tras ver lo que le había sucedido
a Limón, se mantuvo junto a uno de
los muros, el cual le ofrecía algo de protección.
El agente apostado en la casa de al lado no tenía el campo
libre como para disparar, así que hubo una pausa en el tiroteo
mientras Pablo se deslizaba hacia el callejón con la espalda
pegada al muro. Ninguno de los policías en la calle podía
verlo, pero al llegar al final del muro, Pablo vio su oportunidad
y se dirigió hacia la cima del tejado, para saltar y refugiarse
del otro lado.
La andanada de disparos fue atronadora,
y antes de llegar a la cima, Pablo cayó tendido
boca abajo, desplazando varias tejas. Pero los disparos
continuaban... los innumerables proyectiles que entraban
por la ventana taladraban las paredes y el techo. En
la calle y el callejón posterior todo el mundo
estaba disparando hasta vaciar los cargadores. A los
hombres del Bloque de Búsqueda les llevó
varios minutos darse cuenta de que ellos eran los únicos
que estaban disparando, y finalmente los disparos cesaron.
El
francotirador del tejado gritó: "¡Es Pablo!"
y
los hombres subieron a ver. El mayor Aguilar levantó
el cadáver por el hombro y lo dio vuelta. La
cara ancha y barbuda estaba hinchada, salpicada de sangre.
Aguilar tomó la radio y habló directamente
con el coronel Martínez, con tanto entusiasmo
que hasta los efectivos que llenaban la calle lo pudieron
oír:
-¡Viva Colombia! ¡Hemos matado a Pablo Escobar!
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Sin
embargo, los rumores que se filtraron del procedimiento indican
que cuando Escobar escapaba por los techos huyendo del Bloque, una
bala le dio en un brazo y cayó herido en el techo. Cuando
Pablo yacía herido en el tejado, uno de los agentes del Bloque
lo ejecutó. "Había
tanta ansiedad, que eso puede haber sido posible', dijo el coronel Oscar Naranjo, quien dirigía
el servicio de inteligencia de la Policía en esa época.
La
alianza entre el Cártel de Cali, Los Pepes y los organismos
antinarcóticos de Colombia y Estados Unidos tuvo un
precio muy alto en la lucha contra el narcotráfico.
Mientras los jefes del cártel posaban como los adalides contra
el narcoterrorismo, y gozaban de un relativa libertad de acción
como resultado de esa alianza, sus ingresos por el tráfico
de drogas aumentó escandalosamente. Cuando la guerra contra
Escobar culminó, el nuevo enemigo de hoy era el aliado de
ayer.
Hasta aquí,
algunos detalles más de la historia de Álvaro de Jesús Agudelo,
el Limón, quizás
el único aliado fiel entre tanto traidor, que cuidó
de Pablo Escobar hasta el día de su muerte. |