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El Indio en este fragmento de Yo, Caníbal juega simbólicamente con el incendio de Roma que supuestamente ordenó realizar el emperador Nerón (37-68 d.C); y con la suerte de los habitantes de la ciudad. Si bien existen dos versiones respecto del origen del incendio de Roma, el simbolismo elegido por el Indio es válido para ambas versiones. Nerón nunca vió el Coliseo porque
fue construído después de su muerte por suicidio en el 68 d.C,
luego que el Senado romano lo declarara enemigo público por todas sus
locuras. El Coliseo o Anfiteatro Flavio fue
terminado de construir en el año 80. Se le llamó Coliseo ("Colosseo", en italiano) por su
vecindad con el "Coloso de Nerón", una enorme estatua de bronce de
30 metros de altura. El Coliseo se construyó demoliendo parte del inmenso palacio de Nerón, la llamada 'Domus aurea'. El palacio de Nerón es justamente famoso no solo por sus enormes proporciones y el lujo con el cual fue construido sino porque, necesitando el excéntrico emperador más espacio para levantarlo porque nada parecía conformarlo, decidió extenderse sobre los barrios vecinos y en Julio del año 64 mandó incendiarlos, una noche en la que él se encontraría fuera de la ciudad. Como el incendio fue tal que fallecieron cientos de personas, para apaciguar el rumor que se corría sobre su culpabilidad, usó como chivo expiatorio a los seguidores de un tal Cristo que empezaban recién a hacerse conocidos en Roma. Les echó la culpa del incendio y los condenó luego a horribles muertes: crucifixiones, ser quemados vivos, perecer devorados por las fieras... Es sabido que entre estos miles de ajusticiados se encontraba el jefe de la facción, un tal Pedro. En la segunda versión, más reciente, se dice que Roma fue incendiada por saboteadores cristianos y judíos. Por aquellos días inquietos circulaban panfletos que predecían el inminente final del mundo y la venida del Mesías salvador. Los cristianos y judíos de Roma interpretaron el mensaje como una invitación a la insurrección. Los cristianos odiaban Roma y creían en la profecía de que Jesucristo derrotaría al mal con un gran fuego o cataclismo. La leyenda sólo cuenta que Nerón -matricida, déspota, colérico y vanidosamente caprichoso; pero también amante de la gramática, el arte teatral e impulsor de una loable reforma fiscal- ensayaba un poema tocando el arpa mientras ardía la ciudad de Roma. Arrastrado por su locura, Nerón acusó de la catástrofe a los cristianos y ordenó la ejecución de entre 200 y 300 cristianos de los 3.000 que habitaban en Roma. Según las crónicas del historiador latino Tácito, muchos fieles de Cristo fueron atados, cubiertos de alquitrán y usados como antorchas humanas para iluminar al insomne Nerón durante sus paseos nocturnos en los jardines de su residencia privada, la Domus Aurea, mientras él ensayaba poemas en medio de los gritos horrorosos de quienes estaban siendo quemados vivos. "Voy al Coliseo a prenderme fuego"... voy a quemarme vivo... voy a asumir mis propios riesgos...
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