| Patricio
Cermele, para MUNDO REDONDO
"UN
GRITO ENFURECIDO... UN TAL BRIGITTE BARDOT"

¿Qué relación
puede existir entre un hombre, Caryl Chessman, acusado de robar y abusar
sexualmente de dos mujeres en Estados Unidos, y la actriz francesa Brigitte
Bardot? ¿Qué tendrán en común para que el Indio Solari los haya homogeneizado,
metáforas mediante, en uno de los temas inéditos más conocidos y festejados por
las huestes redondas?
Chessman
conoció el delito desde joven, cuando cumplió 15 años, su padre intentó suicidarse y él empezó a
robar alimentos para la casa. Conocido como
el ‘bandido de la luz roja’, porque llevaba una sirena policial en el techo de
su auto para confundir a sus futuras víctimas en las rutas de California [1],
Caryl Chessman saltó a la fama tras lograr evitar ser ejecutado a morir en la
cámara de gas (había sido condenado a muerte en 1948) durante largos doce años.
A los 27 años,
un tribunal estadounidense lo condenó a muerte, luego de ser acusado de
secuestro, robo y perversión sexual; Chessman estudió Derecho y Latín en la
cárcel de San Quintín, donde permanecía detenido, y se convirtió en su propio
abogado; fue el emblema de la lucha contra la pena de muerte; escribió cuatro
libros y le dedicó más de diez mil horas a estudiar su caso. Eso le permitió
posponer ocho citas fijadas para que sea ejecutado, a través de recursos y
amparos judiciales. Caryl Chessman siempre se declaró inocente y aseguraba que “el bandido de la
luz roja era un aficionado chapucero con mentalidad sexual retorcida, y no
criminal profesional y frío calculador”, como él se consideraba.
Sin embargo,
nadie pudo prorrogar la última cita: el 2 de mayo de 1960, Caryl Chessman moría
en la cámara de gas de la cárcel de San Quintín, Estados Unidos.
Brigitte
Bardot nació el 28 de septiembre de 1934, en París, Francia. A diferencia de
Chessman, Bardot fue miembro de una familia de la alta
burguesía francesa; hombres de negocio e industriales, como su padre; damas del
“XVI”, el barrio elegante, con su vida mundana, fiestas de caridad, viajes a
sus villas del campo o a las playas de moda. Todo un mundo especial,
característico, hermético en sus costumbres, protocolos y privilegios.[2]
A decir de
Manuel Villegas López en “Los grandes nombres del cine”, la cover girl pasa al cine a los diecisiete años.
Tiene pequeños papeles en oscuras películas, la lucha con productores que la
rechazan y otras muchachas que le disputan aquellos pequeños puestos. Marc
Allégret, descubridor de estrellas en su larga carrera de director, la destaca
en Futures vedettes. Ese año, 1955,
es su fecha decisiva. Filmando con Marc Allégret, conoce al ayudante y
dialoguista de éste, un antiguo periodista y actor: Roger Vadim. Quieren
casarse, la familia se opone y Brigitte intenta suicidarse con el gas.
Pero, finalmente se casa con Vadim, y éste realiza, en 1956, su primer film, “Y Dios creó a la mujer”, entonces acusado de
erotismo, que constituye un gran escándalo.[3]
... Son sólo
partículas, extractos, es cierto... pero, de alguna forma, podemos interpretar
la similitud que encuentra Solari en dos momentos particulares, de dos personas
evidentemente distintas, pero con un destino similar; uno, Chessman, contra su
voluntad, muere inhalando el gas letal de una prisión norteamericana, en 1960;
otra, Bardot, paradójicamente, intenta suicidarse con gas y salva su vida, en
1955, dejando el legado para que Caryl Chessman, “lubricando sus branquias,
respirando otra vez”, grite, enfurecido, “Un tal Brigitte Bardot”.
Patricio
Cermele, para MUNDO REDONDO
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