|
Rolling
Stone Online | 5/07/2010 Enviado por Gustavo
Calcagno Ver
nota
ROBLEDO
PUCH, FAN DEL INDIO SOLARI
Un libro rescata la figura del mayor homicida múltiple de la historia
argentina y su culto por el cantante de los Redonditos de Ricota.

Carlos Robledo Puch, en el momento de su captura
(Archivo La Nación)
Entre marzo de 1971 y febrero de 1972, Carlos Robledo Puch mató a once
personas. A algunas les disparó por la espalda. A otras, mientras dormían. A un
bebé le erró el tiro. A su socio lo asesinó durante un asalto y luego le quemó
el rostro con un soplete para dificultar su identificación. Robledo tenía
entonces 19 años y cara de niño, y cuando lograron capturarlo ya era un monstruo
temido por toda la sociedad.
A casi cuarenta años de su vertiginosa carrera en el sindicato del crimen,
Robledo se convirtió en un ermitaño al borde de la locura que ha vivido más
tiempo adentro de la cárcel que afuera. Un tipo que mira al mundo desde un
televisor viejo y que no recibe visitas. Un rey en el pabellón 10 de la Unidad 2
de Sierra Chica, donde logró imponer las películas de acción y el rock para
silenciar la cumbia villera, a la que le echa la culpa de la inseguridad: "Por
eso después salen y te meten un balazo en el medio de los ojos", le dijo a
Rodolfo Palacios, el periodista que lo visitó ocho veces y acaba de publicar
El Angel Negro: Vida de Carlos Robledo Puch, asesino serial (Aguilar),
una crónica oscura e hipnótica en la que el homicida aparece en su intimidad, a
veces a su propio pesar.
Pasó sus primeros años de cárcel escuchando Creedence, en los 70, y eso lo
marcó para siempre. "En el cuarto encuentro ya se nos acababan los temas para
hablar. Yo le pregunté qué música le gustaba y él me respondió de una manera muy
genérica", recuerda Palacios. Pero la insistencia dio sus frutos y Robledo le
puso un casete marca Comahue, prolijamente rotulado, con música de los
Redonditos de Ricota. La cinta vieja sonaba demasiado aguda o demasiado grave,
pero todavía se podían escuchar los temas preferidos del asesino: "Queso ruso" y
"El infierno está encantador esta noche".
Palacios se metió de lleno por los caminos que le propuso Robledo, y buscó a
Solari. Palacios dio con el manager y, tres días más tarde, el Indio le envió un
mail: "No encuentro manera de que mis emociones abarquen con sensibilidad
adecuada hechos fenomenales como los acontecimientos en que Robledo Puch estuvo
involucrado. Cruzó una frontera extrema que creo reconocer, pero nunca me vi
extraviado más allá de sus límites".
Sin embargo, Robledo niega haber cruzado cualquier "frontera extrema". Nunca
confesó sus crímenes y desde hace años pide su libertad. ¿Sería capaz de ir a
ver a su venerado Indio Solari si saliera de la cárcel? Su devoción es auténtica
a tal grado que eligió afeitarse la cabeza para imitarlo. Sus rizos dorados -que
en 1972 enmarcaban su cara de nene- ya no existen: "Ahora los dos somos
pelados", se jactó frente a Palacios en uno de esos encuentros, alzando la voz
sobre el audio arruinado de la cinta Comahue.
Por Javier Sinay |
|