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EL ARGENTINO.COM | 15/04/2010 Nota de Bruno
Lázzaro Enviada por FRAN Ver nota
MAVIROCK...
¡A BRILLAR, MI AMOR!
Nació como un homenaje familiar a una
chica fallecida. El Indio le dedicó un tema. Hoy convocan multitudes, editan una
revista y apoyan causas solidarias. Un fenómeno sociocultural surgido del dolor.
 Ángel. Los padres de Mavi sostienen una imagen de su hija
junto al resto de la banda.
Ante 70 mil fanáticos congregados en una de esas gloriosas misas ricoteras
celebradas en el estadio de River Plate hace exactamente diez años (el 15 de
abril de 2000), el Indio Solari miró hacia el cielo y, antes de dar paso a
“Juguetes perdidos”, pronunció: “Tenemos pensado dedicarle esta canción a
algunos redonditos que nos están mirando desde las plateas más altas...”. Y,
entre otros fans fallecidos, nombró a “Mavi”. En el campo, quebrados por la
fuerza de la palabra amplificada, Luis Lata y Silvia se abrazaron y sintieron
que María Victoria, “Mavi”, estaba junto a ellos, como en Huracán o en Tandil,
con su bandera atada al cuello y los pantalones llenos de barro. Invisible,
“como esos pájaros de la noche / que oímos cantar y nunca vemos”, que describe
aquella canción.
Había pasado un año desde la partida de su hija a raíz
de un cáncer terminal. Y todavía quedaban tres calendarios por arrancar para
empezar a escribir el destino de Mavirock, una banda que no estaba en los sueños
de nadie y que nació desde el dolor. “Lo que tratamos de hacer –explica Luis
ahora, en la casa familiar– es rescatar el espíritu de Mavi y volcarlo en todo
lo que la banda hace: en su estética, en su música, en sus
canciones.”
Mavi no era una adolescente más en Ramos Mejía. Bastaba
caminar junto a ella para notar su popularidad. “Era muy sociable y, aparte, muy
linda”, comenta Ernesto Salinas, guitarrista de la banda y amigo de Mavi. “Era
una piba muy solidaria: si a uno de sus amigos le gustaban sus zapatillas, se
las sacaba y se las daba.” Hernán, bajista y hermano de Ernesto, cuenta qué lo
unía a la joven: “Los Redondos eran nuestro punto de encuentro. En la
adolescencia nos empezamos a interesar por la política y por cuestiones
solidarias. Leíamos al Che Guevara, nos mandábamos a la marchas y comenzamos a
ir a reuniones del Partido Comunista”.
En esa época, la casa de los Lata
era el lugar de encuentro para todos los amigos de Mavi. “Se juntaban todos los
días de la semana –recuerda Luis, que es docente–. Nosotros no éramos padres
convencionales y en mi casa se hablaba de todo. Venían los pibes del colegio,
los amigos del barrio y se ponían a hacer música. Se armaban unas fiestas
increíbles. Todo desde la libertad absoluta. No se hacían muchas preguntas.
También venían amigos nuestros y se hablaba de política. Menos fusiladores,
había de todos los bandos. Mavi se crió escuchándonos, pero ella tenía sus
opiniones tomadas, y eran muy firmes.”
A los dieciséis, Mavi había leído
toda la obra de Osvaldo Soriano, Primavera negra de Henry Miller, Vuelta de
Página de Jorge Lanata, acumulaba varias canciones escritas –“Ya no más” y “Tu
mente cruzó la línea”, que figuran en los dos discos de la banda, Cartas
marcadas y Mavirock y su tercer ojo, editados de manera independiente– y había
participado de marchas por el 24 de marzo y a favor de la Carpa Blanca. “Si bien
nosotros tuvimos incidencia, ella tenía un bagaje de cosas innatas –comenta su
madre, profesora de educación física–. Mavi era más avanzada que el padre y que
yo. Antes de partir, ya tenía encanutada la plata para irse a Cuba. Eso habla de
alguien que tenía un sueño y un destino claro.” Luis coincide: “Mavi no tenía
sueños de shopping. Ante hechos de la vida cotidiana, tenía actitudes en las que
nos hacía replantearnos quién carajo era el adulto”. Ernesto sentencia: “Tenía
una emoción que contagiaba. Nos decía de ir a la ESMA y muchos no entendíamos
nada. Su pasión se te hacía carne”.
Mavirock nació hace siete años,
durante un homenaje que Silvia organizó invitando a los amigos y compañeros de
colegio de su hija. A partir de esa experiencia –de la que Luis no pudo
participar “por no tener los ovarios” de su mujer–, comenzaron a juntarse en una
sala de ensayo improvisada en el garaje para crear algunas canciones –ya con
Luis como cantante– y tocar covers de las canciones preferidas de Mavi: Sumo, La
Renga y, por supuesto, Los Redondos. En la pared, tallaron el nombre que resume
el espíritu de la banda: Mavirock.
El 28 de diciembre –una fecha especial
para los ricoteros, que celebran su propio Día de los Inocentes– de 2003,
Mavirock se presentó en Ramos Mejía a través de una convocatoria de boca en boca
y algún afiche callejero. Las 300 personas sobrepasaron todo lo imaginado. “Se
nos acercaron un montón de pibes que no conocían a Mavi y nos saludaban, ex
maestras de Mavi... Fue muy shockeante. La segunda presentación, en agosto
siguiente, estaba hasta las pelotas. Había 500 personas”, cuenta
Luis.
¿Sintieron que se les escapó de las manos? Luis: –En
diciembre de 2005, en el primer aniversario de Cromañón, llenamos media cancha
de Laferrere. Se nos fue todo a la mierda. Silvia: –Mavi era un cascabel,
se tentaba siempre. Nosotros la recordamos así. La gente que no nos vio piensa
que es todo triste y nada que ver. Es un dolor que se convierte y se siente sin
ningún tipo de culpa de estar saltando, cantando o bailando. Hay una energía tan
especial y tan linda, es una bola de amor entre los de abajo y nosotros. Si
llegás vacío, te aseguro que te vas a ir con algo.
Esa energía se siente
donde se crió Mavi. Sentada alrededor de una mesa, la banda en pleno –que
completan el saxofonista Topo Cabrera y el guitarrista Rodrigo Cervetto– marca
las horas al ritmo del mate. Los dos perros se muestran sin tapujos y lo que
parece una escena casual forma parte de una prueba involuntaria. “Cuando
empezamos a llevar gente a los shows, se nos acercaron muchos músicos para tocar
con nosotros. A algunos los rechazamos porque no tomaban mate o no les gustaban
los perros. No somos artistas. Somos un papá, una mamá y un grupo de amigos de
Mavi. Y funcionamos como familia: si no hay cosas básicas en común, es difícil
congeniar”, afirma Luis.
Esa cuestión familiar los llevó a construir una
identidad solidaria. “Acá todos los chicos laburan: todo lo que ganamos va para
un pibe que necesita un trasplante, para la casa de una chica de Laferrere, para
una chica con cáncer en Córdoba o para la familia de Luciano Arruga, el pibe de
Lomas del Mirador desaparecido hace más de un año: es como si fuera un hijo
nuestro que nos secuestró la policía. También nos comprometimos con Rubén
Carballo. La banda es un homenaje a Mavi y ella hubiera formado parte de las
marchas por Arruga, como estuvo, con fiebre después de una quimioterapia, un 24
de marzo en Plaza de Mayo.” Según la madre, “si no, sería una careteada, como
decía ella”.
En 2005, la historia del conjunto se amplió más allá de la
cuestión musical: nació la revista. Hoy, el proyecto acumula quince números con
notas de sociales, culturales y musicales y periodistas de la talla de Enrique
Symns y Vera Land. “Mavi quería dedicarse al periodismo. Como ella escuchaba a
Dolina, la primera tapa que hicimos fue con él y con Tom Lupo, por su ligazón
con Los Redondos. Le hicimos una nota a Manu Chao porque Eduardo Codina, de la
Radio La Colifata, escribe en la revista. Y el Indio, que la conocía como fan,
también nos dio una nota. Eso sí, sale cuando juntamos la guita.”
En la
sala de ensayo, entre pinturas en honor de Mavi y dibujos de los músicos que
ella admiraba, la banda se junta alrededor de su imagen. La foto de Veintitrés
los muestra alegres de haber podido ir más allá de los propios sueños de Mavi.
El Topo cierra el círculo: “La nuestra es una relación que se afianza cada vez
más por tener actitudes consonantes con el pensamiento de Mavi y por una inercia
que nos lleva hacia el mismo lugar. Poder ayudar nos gratifica. Es un acto muy
contagioso que cada vez camina mejor. No tenemos una posición comercial, sino la
de una familia que cada vez se agranda más”. Mavi, desde la más alta de las
plateas, lo celebra.
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