|
Si el sol le diera sombra,
la vida sería un poco más justa y el suelo no le quemaría los
pies.
Si cada vez que quiere algo el viento sopla nublado y la deja
parada,
vestido volando, escalofrío azul.
El cielo le besa las mejillas,
su mente le teje pesadillas (el que sueña siempre corre el
riesgo).
Cree a veces que los focos son su esperanza,
chupa una fruta un poco asqueada,
sigilosa busca en laberintos sepulcrales aquel genio amor que la
desentierre.
De vez en cuando lo encuentra,
de vez en cuando lo pierde.
Y de vuelta mirando el cielo raso,
no es ella,
no es aquella.
Ojos ciegos sucios con dolores y demás,
solitaria, mirando por el umbral de su espalda.
Quizás lo encontró,
quizás lo perdió. |