"SUEÑOS DE REVOLUCIÓN"
RAQUEL DIANA

El siguiente texto pertenece a Raquel Diana, directora de la obra Banderas en tu corazón, y fué publicado en LadoB, revista digital de Rock de Urugauy en su columna La hija de la lágrima. (www.ladob.8m.net)


Rebelarse: volver a taparse con un velo. Dijo alguien no me acuerdo quién. Pero supongamos que ese fulano no tenía razón sino una confusión entre b y v, y que es posible rebelarse. Por lo menos estamos seguros de que es necesario, definida la necesidad como las ganas de, o esa opresión en el pecho de cada mañana que quisiera explotar en un aullido o algo. Pero cada vez que grito pasa un tren y no se escucha nada.

Seguramente en la edad media la gente vivía peor, pero tenían la promesa de que la buena vida estaba después de la muerte. Tenían su caja de Pandora con esperanza y todo. La más perfecta definición del infierno, la de Dante: el lugar donde no hay esperanza.

O a lo mejor tenía razón aquel alemán loco que decía que la esperanza era en realidad el peor de todos los males. Hemos de vivir así, en puro presente, al golpe del balde, o en el mejor de los casos esperando que los zapallos se acomoden en el carro con el traqueteo. Pero uno quiere rebelarse. Aunque sea mínimamente, en un ómnibus, con los walkman puestos, curtiendo rocanrol y haciéndole pito catalán al "cutcsa way of life". A lo sumo agitando en algún recital. 

Puta madre, no alcanza. 

Entonces, perdidas las referencias uno busca algo a lo que sujetarse. Artigas, me quedo con Artigas. Un tipo bueno, rebelde, valiente. Se jugó la vida, tuvo sueños de privilegiar a los más infelices, de inventar una patria americana justa. Y al final se fue. 

Se me ocurre que el mensaje artiguista hoy es irse al Paraguay. Que no es irse al país ese en concreto ahora. Es irse precisamente a la mierda (este no es el proyecto por el que luché, algunos de mis propios compatriotas me han vendido al extranjero), y quedarse abajo de un árbol tomando mate. A lo mejor con brote de ceibo (no sé si usted sabe pero los charrúas ya le daban a los alucinógenos). 
Parece que al final toda revolución es traicionada. Pensemos en La Marsellesa o La Internacional. Dura la canción que no la revolución. Será que lo que pervive es la música: un sueño de revolución.

De cualquier modo, deseo no ser tomada en serio en nada de lo que afirmo. Casi no tengo pensamientos positivos y todo lo malo ha de ser descartable. Sin embargo estoy aquí, escribiendo, no para deprimir a nadie, sino porque no se me ocurren muchas otras formas de abrazarme con los demás y agarrarme a los pastitos hasta que pase la tormenta (¿pasará?). A pesar de todo, a pesar de mí misma, seguiré siendo rebelde, aunque sea inútil.

Raquel Diana 
Setiembre de 2002