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"PAREDÓN" Texto
de DAMIÁN
Paredón... ¿y después?
Ladrillo sobre
ladrillo te construyeron, estanca y olvidada estructura en la cual algún soñador
ideó un palacio. Trunco proyecto de escuela, hospital o simple y acogedor hogar
donde alguien observaría crecer sus pequeños.
Lejos de todo aquello, te
encuentras allí. Solitario, no hay otra cortina de material en los alrededores.
Como si la tierra donde te plantaron estuviera maldita. Años de desolación, de
no ser por ellos. Ocasionales visitantes que posaron su espalda en tu fría
superficie, mirando fija la luz de la justicia. Nadie te pintó con alegres y
vivaces colores, sino que fuiste tiñéndote con la roja esencia que brotaba de
los grandes y desgarrados poros.
No hubo en tu piel la firma de un
enamorado, declarando sus sentimientos a quien le quita el sueño por las noches.
Ni siquiera una pareja que se posara ante tu cobijo para actuar como animales en
celo, con sus cuerpos tibios y el placer emanando de su respiración, de sus
labios. Nada de eso, ni un niño te ha intentado derrumbar con su pelota recién
comprada. Y dudo que haya podido, pues albergás en tu interior las duras balas
que hicieron tumbar al más rudo de los hombres.
Condenado a permanecer
al margen de la vida, a ser el último andén en el viaje de aquellos que
cometieron el terrible error de pensar distinto, o tan solo la enorme zoncera de
caminar o permanecer en el lugar indicado a la hora de la cacería. Los ruegos
vanos atravesaron una y mil veces tu inmutable presencia. Los cuerpos
destrozados por las ráfagas de la libertad, de los divinos justicieros que
amaban dar el “tiro de gracia”.
Cerca de tuyo esta ella, tu hermana.
Profunda hendidura en la tierra, aquella que tantas veces se transformó en un
rojo y denso lago. Allí rodaban los caídos ante tus pies, para luego recibir el
sepulcral y exorcizante manto de sal y alquitrán. Cubriendo muerte y la culpa de
un sistema que hizo todo para perpetrar su fórmula de odios y tiranía.
Sur... paredón y después.... la zanja eterna y pantanosa, refugio de los
santos inocentes. Destino de algún padre, futuro doctor o simplemente un soñador
de alma. ¡Que destino maldito has recibido, erguido paredón!, vos y tu eterna
compañera. Imborrables recuerdos inundan el lugar. Si hasta aquel solitario y
anciano árbol dice recordar por las noches la cruel matanza, los destellos y
fogonazos, los gritos de terror, las súplicas por dioses. Si el pasto del lugar
que crece vigoroso, alimentado durante años con pura muerte, trata de
justificarse... “la culpa no la tiene el chancho”... repite el manto de grama
una y otra vez buscando convencerse y alivianar dolores.
Y es que las
noches son eternas, y no podrán tener paz jamás. Es la humedad que chorrean tus
orificios la forma que has encontrado para llorar. Añorando ser derribado, para
no ver nunca más esa zanja rojiza, ese pasto testigo. Para no ser otra vez
protagonista de la película de heroísmo que escriben los crueles y dementes que
son cegados por el poder. Es que el frío se hace helado con cada grito de dolor,
con cada faro destellante, con cada hombre “Fusilado por el brazo firme del
poder”.
Dedicado a todas las víctimas de fusilamientos, a los que
cometieron la herejía de querer pensar. También en memoria a esos simples
personajes que solo pasaban por el lugar donde el verdugo señalaba con su
excitado pulgar las víctimas para el sacrificio. Y finalmente en honor a mí
querido “Rodolfo Walsh”. “Conocer tu obra es conocer el origen mí pueblo, ese
que ama mirar siempre para el lado que conviene, ese que nunca ve ni sabe nada”.
Damian
Y así te dan! Así te quiebran!
Así te dan por culo allí... sin más
Por esa vez, la Vieja Cosechera
Vino por mí y no quiso besar mi vida. |
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