LA PARADOJA ROCK
(Buen nombre para una banda, ¿no?)

TEXTO ENVIADO POR PABLO DE EZEIZA
 

Es harto sabido: en la vida encontramos un sinnúmero de paradojas; casi inevitables, tan humanas como el hombre mismo.

Describir una paradoja, nada tiene que ver con hacer una comparación. La primera es expresar el sentimiento de lo opuesto y dejar ver como esto se refleja ante nuestro estado de ánimo. Lo siguiente es meramente marcar puntos diferentes de uno y otro sujeto.

Algo es, más o menos paradójico a puro criterio del observador que la describe, y, que por este acto se convierte en escritor. Sin lugar a dudas, es este sujeto quien decide esa cuestión.

Asimismo, las paradojas pueden ser evidentemente opuestas, tener diferencias ocultas o solo existir en la imaginación del escritor.

Con esto último, podemos decir que, es ahora el lector, que al interpretar la descripción del escritor, es quién luego de un análisis meramente objetivo, decidirá o no esta última cuestión.

Como se han dado cuenta y casi sin querer, vemos que en los párrafos que anteceden se ha configurado una paradoja: definitivamente son inevitables.

Se puede elegir ser escritor, lector o ambas cosas. Eso es libre albedrío. En particular, pienso que se puede ser solo lector y no escritor, pero no al revés.

Considero que, como muchas otras cosas, es imposible en el tiempo que lleva una vida, tratar de enumerar o clasificar las paradojas que se nos van presentando en nuestro camino. Para eso el escritor tendrá que acudir a útiles herramientas. A mi criterio, es esta etapa, es infaltable acceder a la particularización.

En el acto de observar que lleva al arte de escribir, el proceso se podría describir sintéticamente como un simple resultado de conclusiones que, sin necesariamente tener que emitir juicios de valor, son corporizadas en descripciones gráficas a fin de expresar sentimientos de lo percibido.

Con estas salvedades, particularizando, solo desde el punto de vista literario y luego de un fuerte shock emocional personal, me atreveré a describir sintéticamente una del millón de paradojas que acosan mi poder de observación, en lo que va de mi vida: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota vs. Callejeros.

Teniendo en cuenta, pero más allá de cuestiones de marco de una u otra especie, tales como el tiempo o modas (“mejor era lo de antes”, “mejor es lo de ahora”, etc.), sociedad y política (represión, libertad, libertinaje, derecha, izquierda, pobreza, austeridad, abundancia, etc. ) y económicas (liberalismo, comunismo, progresismo, etc.), nos centraremos en la cuestión que, a mi criterio es la más importante: los legados o mensajes.

Señalo esta cuestión como la más importante, ya que teniendo en cuenta que el arte es, a grandes rasgos, una manifestación de voluntad creativa, el mensaje que se brinda con esa obra es el “alimento” de los pretendidos destinatarios. A su vez y al fin de cuentas son éstos sujetos los que van a aceptar y compartir o en su defecto rechazar y criticar determinado producto.

Con todo esto, tenemos por un lado a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Sin lugar a dudas, altísimo voltaje emotivo. Adictivo y cruel fenómeno. Mensaje o legado literario extremadamente metafórico, lleno de códigos implícitos y con innumerables puntos oscuros entremezclados.

Es en este estilo donde se nos obliga a pensar. Se nos invita a tratar imperiosamente de buscar algún sentido o identidad a lo que esa agresiva y eufórica melodía, trae como contenido instantáneamente a nuestros oídos.

Es en ese momento cuando fluye de nosotros la sagaz libertad de conciencia, muchas veces equívoca, brutal y desgarradora. En este caso, justo esto último es lo peligroso. En esto debemos tener cuidado, ya que los únicos responsables de nuestra interpretación somos nosotros mismos.

Reconozcámoslo, los intérpretes de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota nos “mojan la oreja” una y otra vez. Es parte de su filosofía. Como cuando te invitan a apostar y te enfrentan a un reto, que nunca podrás ganar. Sumisión pura.

Es más, hasta van dejado pistas falsas y erróneas de su literatura por doquier, dignas de una antigua logia oculta y perversa.

Cuanto más grande es el desafío, más inseguros nos sentimos. ¿Pero quien tiene la verdad, sino nosotros mismos?

Hasta el arte de la gráfica de los discos, ha sido oculta y mística. Como si el Indio y Skay dejasen que el libre albedrío de Rocambole dibuje los sentimientos que dejaron esas canciones en su alma. Esto último, claro, sin darle la menor pista de la verdadera intención que el autor pretende cubrir con esa obra.

A medida que pasan los años, se observa que esta gente va cayendo en los abismos de la actualidad. Ahora separados los tantos y ya de lleno sus obras solistas, son ¡tan evidentes! Pero atención esto último, no es algo negativo, sino que nos hace sentirlos más humanos.

Digo esto último porque que una época lejana, casi místicamente, encontraba una suerte de profecía o presagio en esta literatura. Con el tiempo y mucha lectura, veremos que los fenómenos históricos se van manifestando nuevamente en el tiempo una y otra vez. O sea que, ser profeta solo es cuestión de ser un excelente observador y oportuno en la manifestación.

Para ser más claro con lo que señalo en el párrafo que antecede solo ejemplificaré comentando una experiencia actual personal de observación que sorprenderá a más de uno. Al margen que, después que el Indio decidiera lanzar su álbum solista, no fue que llovió, sino que un “Tsunami” arrasó Indonesia, me gustaría que aprecien nuevamente “El ultimo Bondi a Finisterre”. Sobretodo deténganse en la letra y gráfica final. Específicamente en el último corte “Esto es to to todo amigos”. Si leen esta letra verán que menciona curiosamente, ya en esa época y de manera explícita, al empresario Omar Chabán. Extrañamente el texto de esta canción se encuentra inserto en una gráfica que interpreto como una sala significativa de la industria rock, con discos colgado y numerosos cuerpos muertos que podrían haber sido mutilados por el fuego...

¡Si esto último no es ser un buen observador, sino que es!

Pero volviendo al grano, en lo particular, consumí y consumiré esté arte siempre. Este exceso me llevo a ser, como a muchos de mí alrededor, un “elitista” del rock. No había hasta el momento ningún tipo de lugar en mi corazón para otra manifestación artística de este tipo.

En lo personal, seguí buscando verdades de vida, que en todos los casos fueron pasajeras. Corrí dejando de lado, una y otra vez, fidelidades suplentes. Que dichos sea de paso las percibía como tales siempre desde el principio.

Pero todo llega, y llegó. Y uno que se pretende objetivo y ya con una línea de pensamiento acabada, no puede explicar como la vida es tan opuesta y paradójica.

Así, y sin compartir lo que sigue que es al solo efecto ejemplificativo, sería como ese erudito que encuentra su verdad luego navegar añares por los mares de la investigación y los caminos autónomos y axiomáticos de la ciencia que llega por fin a ese punto límite, donde, y ya en el final de su vida, se deja enamorar por la fe. Entonces vuelve a retomar ese camino que había dejado, por uno de los medios más cómodos: la religión. Tal como le habían enseñado en su niñez.

Es así, ese el punto: volver a los instintos primigenios. Solo es cuestión de momentos. Pero la verdad es como el amor, tan evidente que se percibe con el corazón. El sentimiento se expresa también desde ese lugar. Así sentimientos y amor se entrelazan en esa confusión que llamamos fanatismo fervoroso.

Entonces, es así que uno ya perdido en otra historia, un buen día es atacado por una melodía de “rockito” ligero y picante: sí me había encontrado con los simples Callejeros. Decidí leerlos, como hago en todos los casos.

Como era de esperar, para nada novedoso, el resultado fue encontrar totalmente lo opuesto. Estaba siento víctima de una nueva paradoja. A mi criterio, la antítesis literaria misma de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Algunos dirían incomparables, hasta por trayectoria, (acepten todo esto dejando de lado Cromagnón, ¿no?). Y esto es verdad, no lo niego.

Pero hagamos un esfuerzo, rescatemos como antes este nuevo mensaje o legado: ¡si es hermosamente explícito! No chabacano, sino más bien crudo y desamparado. Tan sensible como frontal. Exquisitamente descuidado e irresponsable. Joven, rápido y sagaz. Humano y terrenal como nosotros mismos.

El arte visual de la discografía, desparrama pistas exactas y evidentes, como si el Pato Fontanet dibujara él mismo. Esto señores es también un legado verdadero, cómodo y simplista. Y es en esto donde debemos tener cuidado.

Y una vez más, tenemos que hacernos cargo: sí, seremos nuevamente los responsable de esta comprensión, que al ser general, legítima y uniforme, no tiene por que ser una verdad absoluta.

Bueno, así sigo y veo la vida pasar. Curiosamente todo va llegando de nuevo al comienzo y crece de nuevo, una y otra vez, casi constantemente.

En vez de fé, como en el ejemplo del erudito, hablemos acá de punto de partida, específicamente de raíces. Uno ya creció es lo que buscó ser o no, exitoso o no, lejos o cerca, mal o bien, pero nunca y casi genéticamente hablando dejará de ser... UN PIBE DE BARRIO.

Pablo de Ezeiza
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"Me acaban el cerebro a mordiscos, bebiendo el jugo de mi corazón y me cuentan cuentos al ir a dormir"