|
GRACIAS REDONDOS ENVIADO POR MAITE
PIGINI RIVAS
Cuántas
cosas se nos pasan por la cabeza a tan poco
de una nueva misa ricotera. Hoy nuestra casa
está más carnavalesca que nunca, y cada vez
son más los ciegos travestidos que piden amenizar
la función, y delicadamente redimir a los que
“no tienen salvación”, a los que en definitiva
son el país, y el resultado de un sistema hipócrita.
De un lado de esta angosta calle, unos usan
las pocas armas que tienen para defenderse de
una sociedad que les da la espalda, y expresan
la realidad que se vive en las villas a través
una “música” para consumición pirata que dice
lo suyo en una forma simpática. Del otro lado,
sigue vivo ese paraíso que atrapa en superfluas
burbujas para idolatrar artificios, que fue
y seguirá siendo para vivir en una nube de pedos,
disimulado bajo el nombre de “música para divertirse”
y consumido por los tenaces hijos de nuestros
enemigos, que viven placenteros en un país que
se hace añicos. Y en la cultura rock, mientras
unos, bonitos y educaditos, se pasean desfigurando
el verdadero propósito rockero, haciendo de
una contracultura algo netamente comercial,
otros pocos plantean una alternativa válida
que nos abre los cerebros y nos hace ver la
realidad tal cual es, de una manera difícil
de llegar a comprender, pero perfecta al haberla
entendido. Los Redondos, desde hace ya muchos
años, nos cuentan las cosas como pocos lo hacen.
Desde la vez que nos llevaron a la Revolución
Rusa por medio del rock hasta hoy, que nos describen
el trágico carnaval de los argentinos, no hicieron
más que musicalizar la verdadera realidad: una
realidad que no todos ven, pero por la que algunos
luchamos para que cambie. Es por esto que los
admiro, porque pase lo que pase, en todo esto
que es perfectamente efímero, lo único eterno
es su principio siempre enarbolado de no transar,
porque ellos son de los pocos tuertos que existen
en el país de los ciegos.
La
prensa, hipócrita como siempre, hace lo suyo:
nombra, describe, puntualiza, machaca y enmierda
a quien le conviene y como más le conviene.
Los que les pasan algún metálico brillo son
descriptos con hermosura infinita y los que
no transan, los que no les dan una nota ni les
dejan sacar fotitos, esos son a los que quieren
hacer quedar para el culo y sobre los que montan
un escenario-ghetto de sangre y tragedias. Y
la sociedad consume todo eso sin saber bien
de qué se trata, obedeciendo a su TV líder que
la informa con verdades-mentiras. Mientras hoy
un “nuevo” inútil tiene la licencia para envenenarnos
–que paradójicamente aportó durante años para
que este país sea como es hoy–, nosotros intentamos
no alimentar la emulación a la que adhieren
casi todos los argentinos y ser fieles a nuestros
ideales ricoteros. No sé si logramos hacerlo,
porque en una sociedad de cuadrados sabemos
bien que es difícil escapar de ciertos parámetros
conservadores por los que está regida, pero
lo importante es que tenemos la suerte de saber
escuchar a unos tipos como ellos. Por eso les
agradezco eternamente a Los Redo, porque los
hijos de puta que están arriba nos pueden afanar
absolutamente todo, pero nunca nos van a poder
robar una “tal” visión del mundo presente en
nuestros corazones a causa de, entre otras cosas,
haber escuchado las palabras del Indio.
Mi
adrenalina para este recital se inunda en las
inmediaciones de catástrofes en las que pretendemos
subsistir, pero recobra vida al notar que hoy,
luego de más de 20 años, ellos vuelven a reflejar
la realidad argentina. Nuevamente, el Indio
resurge, nos encandila y se va –hasta la próxima–,
pero queda presente en lo que dijo y en cómo
lo dijo. A poco de un nuevo capítulo de la única
misa que vale la pena en este país, quiero agradecerle
a todos los redondos que existan y hayan existido
en este mundo, no sólo a los ocho que forman
el altavoz artístico de nuestros ideales, sino
también a las miles de almas que resisten diariamente
contra un sistema y una sociedad hechos por
y para cuadrados. Gracias Redondos.
M.P.R.(1-02)
MAITE
|
|