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La
equivocación de antaño
¿Cómo
lloran esos perros? ¿Cómo
pueden llorar? ¿Acaso
ya no obedecen? ¿Ya
no obedecen a un nefasto
amo? ¿Pueden llorar
los ciervos voluntarios? ¿O
solo imitan las tristezas
obligadas?? Tienen
precios sus cabezas
en el infierno Los
rebeldes no soportan
esa cobardía.
Y
que un portador de luz
los libre, mas que
un divino ser se distraiga, y
puedan robarlos de sus
garras. Pobre Luzbel,
incomprendido social, difamado
por el aceptado patrón
celestial. ¿Es el
paraíso la castidad
y abstinencia?
Un
ejercito santo y angelical,
para los monoteístas. Un
millón de estampas y
mercancías, para
los negadores del fetichismo. Un
palacio dorado, para
los que regresan lo
del Cesar al Cesar. Un
olvido, Para los
inquisidores. Una
procesión, Por la
muerta inteligencia
humana.
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Paisanos
del Mictlan
Y
hay una manada espantosa jugando
a disimular miserias
con otras. Quizás
inventen una miseria
peor, pero mientras
no descubran la real, todo
estará perfecto en la
sociedad.
Los
hombres van desenfrenados, salpicando
su lujuria por todas
partes. Hay mujeres
frígidas y otras excitadas, que
pelean sin motivos reales. Una
histeria marca sus miradas. Los
niños se masturban temerosos.
La
ley sexy desea ser,
y lucir sádicamente
un uniforme ajustado. Un
siervo sirve fiel a
su amo, el sirviente
sumiso es peor que el
amo malvado. El religioso
solo teme, y el negociador
no disfruta al amar, los
niños juegan a matar,
y las niñas a no pensar.
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