DOS POEMAS
ENVIADOS POR JERÓNIMO CÉSAR ORTIZ


La equivocación de antaño

 ¿Cómo lloran esos perros?
¿Cómo pueden llorar?
¿Acaso ya no obedecen?
¿Ya no obedecen a un nefasto amo?
¿Pueden llorar los ciervos voluntarios?
¿O solo imitan las tristezas obligadas??
Tienen precios sus cabezas en el infierno
Los rebeldes no soportan esa cobardía.

Y que un portador de luz los libre,
mas que un divino ser se distraiga,
y puedan robarlos de sus garras.
Pobre Luzbel, incomprendido social,
difamado por el aceptado patrón celestial.
¿Es el paraíso la castidad y abstinencia?

Un ejercito santo y angelical,
para los monoteístas.
Un millón de estampas y mercancías,
para los negadores del fetichismo.
Un palacio dorado,
para los que regresan lo del Cesar al Cesar.
Un olvido,
Para los inquisidores.
Una procesión,
Por la muerta inteligencia humana.

Paisanos del Mictlan

Y hay una manada espantosa
jugando a disimular miserias con otras.
Quizás inventen una miseria peor,
pero mientras no descubran la real,
todo estará perfecto en la sociedad.

Los hombres van desenfrenados,
salpicando su lujuria por todas partes.
Hay mujeres frígidas y otras excitadas,
que pelean sin motivos reales.
Una histeria marca sus miradas.
Los niños se masturban temerosos.

La ley sexy desea ser,
y lucir sádicamente un uniforme ajustado.
Un siervo sirve fiel a su amo,
el sirviente sumiso es peor que el amo malvado.
El religioso solo teme,
y el negociador no disfruta al amar,
los niños juegan a matar, y las niñas a no pensar.

 

Jerónimo César Orits