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Solo
nos quedan astillas de aquellas
ilusiones, parece todo hoy vestirse
de dolor, las fieras siempre
tan sueltas, en cualquier lugar,
esperandonos, acechandonos.
Son
cenizas lo que resta de aquel invierno, el
mundo controlado bien abajo, todas
las voces bajo control, a orillas
de un sueño nos enteramos
del señuelo, son miles
y miles, son gargantas, son banderas,
ya son presas, cada cual en su
camino, todos van hacia el mismo
lugar.
El
tiempo no tiene piedad, aqui ya
nada tiene piedad, si abro mis
ojos no puedo ver, y si no miro
dicen que soy ciego, hay un secreto
en algun lugar, mi esperanza escondida, no
hay servicio de mis manos en muros
de colores, rojas y negras profugas
palabras que van marcandome a fuego, el
camino donde nadie sale a caminar, tan
alto el precio, el costo de la humildad.
Yo
busco la sonrisa compañera
que cambia el rumbo de mis ojos, los
anhelos que de otros ya son mios,
busco, un susurro, un consuelo, alivio
de esta tierra tus voces, que
echan por tierra toda su opulencia, y
silencian el rugir de sus guardianes, palabra
serena, letal liturgia, para
esta ciudad que extraña lo
que fuistes, y espera; en silencio,
vuelvas a ser.
Fernando
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