¿CÓMO NO SENTIRME ASÍ?

Entre preparativos todo comienza a tomar forma, la mañana nos saluda dejando a la vista lo que vendrá, y el día se presta para una noche sin igual.

Y falta poco, cada vez menos, lo sabemos y empezamos a sentir como se nos hiela la piel entre tanto calor humano, como comienzan a resurgir desde lo más profundo esos latidos desenfrenados. Las manos se alzan en el aire, la mirada recorre el lugar haciendo un panoreo sin igual, la voz se va preparando con gritos ensordecedores.

Todo, tanto se resume a ese instante, los nervios ganan la pulseada, el sentimiento es tal que ya el cuerpo no puede sostenerlo, y con un Holaaaaaa!!! añorado, se escucha damas y caballeros… y ya no hace falta decir más, hemos conseguido el pase a un nuevo cielo, ahí todos somos vencedores vencidos, esperando por la palabra unificadora, conociéndonos y reconociéndonos a cada segundo, comprendiéndonos en la multitud. Dejándolo todo hasta los que no tenemos porque sabemos que mañana volveremos a la irreal realidad que nos toca, de la cual venimos. Mañana el reloj continuara su curso pero hoy no! ¡Hoy el tiempo es nuestro!

Abrazos fraternales, risas y lágrimas nos envuelven en ésta misa, renovándonos el aliento, haciéndonos ver que estamos montados a un tren especial, de esos que ya no suelen verse, y del cual nos sentimos orgullosos de haber tomado.

Y así la noche se va consumiendo canción tras canción, emoción tras emoción,  escuchando en su voz  nuestras plegarias, sintiendo… esencialmente sintiendo y dejando el alma al descubierto.

Esperando cnmover de la misma manera que a ese mago de lentes oscuros nos conmueve. Tratando de demostrarle que no hay distancia que nos pueda alejar, que la ruta es nuestra amiga, la mochila nuestra casa y él nuestro más preciado tesoro.

Entre aplausos y amigos hoy vuelvo a casa después de haberle hecho una dobleta a la vida, de recalcarle en la segunda noche por si en la primera no había entendido que acá estamos, que acá vivimos, acá sentimos y decidimos ver con los ojos bien abiertos!

Y vuelvo, vuelvo a casa como vos, como el, como todos… sintiendo el corazón a toda maquina con las piernas cansadas, los brazos en alto, con la voz rasposa de tanto amar, con un gustito agridulce por el letargo venidero, pero con la certeza de saber que estoy viva, que aun somos muchos y que ya nos volveremos a encontrar…

Nora Verónica Iparaguirre