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"LA
BRONCA DE PAPÁ" Texto
de Damián En memoria a las víctimas de Hiroshima y Nagasaki...
(6/8/1945 – 9/8/1945)
Papá esta enojado, sale
echando putas del sofá, harto ya de los pecados de un montón de hijos bastardos
de la suerte, que osan enfrentar a sus deseos. Pero "ya no habrá piedad", piensa
en su loca madriguera craneal, mientras frente a un espejo termina de rasurarse
lo último que queda de su asquerosa humanidad.
Ellos se encuentran casí
a sus pies, sin embargo debía darle un mensaje a sus gélidos amigos. Aquellos
cubitos comunistas, que cometen el grave error de hacerle sombra.
Nuevamente, 1945 años después del primer salvador, otro pequeño niño
caerá del cielo para redimir y perdonar a los condenados. Seis de agosto, el
dios de turno en el paraíso del norte toma el teléfono y llama a la cigüeña. Un
pajarraco tonto, como deben ser para volar en su nombre, se encargará de
entregarle a los necios el obsequio divino.
Ocho y cuarto de la mañana,
los pequeños granitos de arroz duermen armoniosamente. "Cielo descubierto, cielo
descubierto" proclama el amarillo meteorólogo en el último informe de su
existencia. Es el momento, el obediente pajarraco lleva en su bolsa al pequeño
niño, a quien arroja al pueblo con una simple apertura del pico. Mientras el
nuevo Mecías desciende a la tierra, el ave se santigua, obteniendo así el perdón
del dios grande, el jefe de los jefes. Se ha ganado el cielo.
Llegó la
hora, el niño se recuesta sobre el suelo y comienza a llorar tempestades de
fuego, lágrimas que hacen arder la piel de todos los ciegos que no quisieron
abrir sus ojos (tal vez porque era mejor que ver lo que los demás querían
dejarlos observar). Los gritos del pequeño se convierten en ráfagas
devastadoras, que acaban con toda vida que se encuentra a su paso. El llanto
cesó, y ha redimido los pecados de casi todos los obtusos y tercos animalitos.
Quienes lograron sobrevivir, quedarán condenados a la desgracia, al sufrimiento,
a los cambios internos que le darán fin a su existencia solo cuando ya hayan
sufrido demasiado. Pero bien sabemos que para el amigo sufrimiento, nada es
demasiado.
Otra vez en el sofá, con el estómago repleto de emoción, con
su miembro ardiendo de placer, se encuentra el padre. "¡Que espectáculo tan
maravilloso me han regalado mis preciosos difuntos!". Como todos sabemos, para
algunos nada es suficiente, mientras más guita, mas placer, mas se quiere. Y así
es como el señor de las tierras del norte decide ejecutar un nuevo acto. Más
grande, más ostentoso, mas muerte y dolor para colmar el vaso de sus emociones
una y otra vez.
Tres días le tomó a la cigüeña ponerse lo
suficientemente fuerte para llevar al segundo enviado. No por casualidad lo
llamaban "el gordo". El gordo era ya un hombre grande, con una vida de excesos,
de atracos con riquísimos bueñuelos de plutonio que se devoraba en cantidades
monstruosas.
Nueve de agosto, y otra vez volar, santiguarse y obtener el
cielo, el trabajo era fácil para el animalucho de no ser por la pesada y
asquerosa carga que llevaba. Todo el camino comiendo sus buñuelos y eructando
horribles emanaciones de azufre que mareaban al emplumado mensajero. Ha llegado
al lugar, abre el pico con inmenso placer y deja caer a la enorme bola de
destrucción que desciende cantando el precioso himno de las barras y estrellas.
Boom! El gordo cae en la sorprendida población de herejes aplastando con
su enorme culo a todo ser viviente. Luego antes de desaparecer, despide de su
vientre salvador la más hedionda y mortífera flatulencia que jamás haya
existido. ¡Que bien le habían sentado los buñuelos de plutonio!. Mientras el gas
termina de aniquilar a los malditos profanadores de la fe, el gordo se despide
con una lágrima.
Aplausos, risas, lluvias de semen bañan la sala oval.
La recámara predilecta de los dioses norteños. ¡¡¡Bravo, bravo!!! Más muerte,
más desesperación. Pero en medio de tanta felicidad, papito sintió un vacío,
algo que no terminaba de satisfacerlo. ¡Puede ser mejor!,¡¡¡¡ Puede ser más
grande!!!!!... Risas en el taller del diablo (diría el dios Patricio), donde
empezarán a construir el verdadero Apocalipsis. El que no vendrá montado en
caballos, no serán jinetes... Pilotos en águilas de acero, terminarán con lo que
alguna vez, un viejo barbudo con aires de científico loco, construyó para
divertirse.
Damián |
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