Esta es la historia de un
asesino porteño.
Tenía 19 años y parecía
10 Lo llamaban el petiso orejudo Creía que hacía
el bien, mataba a los niños sin mirar a quién.
Pobre petiso orejudo... quiso
crecer y no pudo Pobre petiso orejudo... ¡quiso crecer
y no pudo!
La policía llegaba y el declaraba
"¡Yo estaba aquí cuando pasó! Lo quise
ayudar. Pobrecito, no lo pude salvar." Así él
mataba y nadie sospechaba.
La policía creía en
su ingenuidad, pero el noveno crimen ya era mucha casualidad.
Pobre petiso orejudo... quiso
crecer y no pudo Pobre petiso orejudo... ¡quiso crecer
y no pudo!
Un día ya nadie creyó
y el petiso orejudo a la cárcel marchó. Le daban
lástima los niños y para que no sufran con
clavos oxidados morían y decían:
Pobre petiso orejudo... quiso
crecer y no pudo Pobre petiso orejudo... ¡quiso crecer
y no pudo!
|