INICIO

VOLVER A LA SECCIÓN

Willy Crook y Los Redondos 

Willy Crook

Quizás nacer en Villa Gesell fué sólo un pequeño error de cálculos. Visionarios sus padres, deciden trasladarse a Europa.

Allí Willy es instruído por músicos jamaiquinos en todo lo que se refiere a soul, reggae y funk. En la calle es donde encuentra su ritmo.
Cuando vuelve a la Argentina empieza a construir su currículum entrando a hacer saxo nada menos que en las filas de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. De aquellos tiempos, a Willy le quedan muchos recuerdos:

-" ...aprendí de Skay su casi marcial disciplina de trabajo para los ensayos, algo que en su momento llegué a odiar y ahora valoro muchísimo."-

¿Willy, por qué cantas black music y en inglés?
No es que domine tanto el castellano como el inglés, pero esta música es como que te lo pide.
No me lo he planteado mucho y la verdad, cada vez que he intentado adaptar las letras, los resultados han sido repugnantes.
Creo que se le da demasiado al idioma: el
Indio Solari canta en castellano cosas que cada uno entiende como quiere, a diferencia de otros que pueden cantar en cualquier idioma y no dicen nada en ninguno.

Llega un punto en que el rocanrol se agota?
No creo que se agote. Pasa que si uno va a ser sincero consigo mismo, y va a tocarlo con ganas, es muy difícil poder tocarlo con ganas siempre. Yo no puedo estar tocando siempre lo mismo. El rocanrol es parte de mi vida, y me emociona.Con Los Redondos me pasó rocanrolerísticamente.
No hay duda. Skay es uno de mis ídolos en vida. Mis ídolos son Frank Zappa y él. Skay tiene una manera de tocar que es una vacación.  
Yo necesito explorar, arriesgarme. Perder. Con el jazz es buenísimo porque nunca sé si voy a poder terminar el solo bien. Son otras armonías, estoy buceando ahí...
Skay me decía el otro día que iba entendiendo un poco la vuelta del jazz. Yo creo que Skay largado a tocar jazz sería impresionante.

Casi al mismo tiempo que los aires democráticos Willy volvía al país...
En el 82, llegué, y de distraído, compré un saxo. Aproveché todo un invierno para hacer mis primeras armas en ese asunto del saxofón, ese instrumento tan vistoso. Y fue en ese verano que se produjo un encuentro muy especial: Conocí a un pelado muy extraño, que decía cosas como "hijo de puta de mierda" y cosas rarísimas, y tenía una banda muy buena, que me hacía acordar a Gong, una banda que era como los Pink Floyd pero más deformes, todavía, por eso de la promiscuidad musical. Toqué un par de veces y me invitó a tocar con una banda paralela, Sumito... Pero cuando llego a Buenos Aires, Luca se había ido a Túnez.
Y fue Tito Fargo quién me mencionó a un tal Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Lo primero que pensé es que era música para chicos, por el nombre. Y sí, es música para chicos, para muchos chicos. Ahí empezó todo el asunto: me di cuenta de lo que era una banda que funcionaba, que había que ensayar y estuvo muy bien. La verdad, muy bien. Al final era una disciplina... Patricio Rey no existe, ni viene nunca, pero te tiene cagando. Es un jefe celoso, aunque no exista.

Lo contaste mil veces, pero es sabido que el Indio no te hablaba cuando empezaste a tocar con ellos...
Y, sí. Con todas las razones. Yo no sabía de qué se trataba el asunto. Me di cuenta sobre la marcha de que todo eso era una banda, que tenía que tocar, que había que tocar los temas como eran. No sé, no tenía ninguna disciplina. Tocaba bajo los efectos de los alcaloides hasta que se me acababa la respiración. Nada más, no tenía método...

Todo de oído, no? Lo seguías a Skay...
Claro, no como ahora. Sí, me pasaban las frases, las memorizaba un poco, y adelante, vigilante. Cosa que no ha cambiado. Uno se hace un vicioso y cuesta muchísimo adquirir disciplina.

En el año 86 se fue de Los Redondos a España. Luego volvió, y cuando volvió contó con pequeñas ayudas de sus amigos: Los Man Ray me invitaron a tocar varias veces, en el 91. Y con Los Redondos toqué tres veces en Obras. Ahí me dí cuenta de que habían crecido, realmente. Me llegaban rumores, pero no sabía que eran tan grandes.

En algún momento te arrepentiste de haberte ido de Los Redondos?
No, cumplió su ciclo. Aparte, qué sé yo, con ellos no cambió nada. Disfruto mucho tocar con ellos. Cuando tocamos en Mar del Plata, lamentablemente, el espectáculo de afuera del estadio tuvo más trascendencia que el de arriba del escenario... pero igual fue impresionante. Yo la pasé muy bien, muy bien. La verdad me dio mucha pena lo que pasó. La Negra no nos dijo nada, para no desconcentrarnos, pero después, en la otra mañana, en el hotel, salía en la tele y, además, lo envolvieron con el celofán más rojo que pudieron. Y qué sé yo. No voy a dar opiniones. Yo sé que a Los Redondos no les pasa ní ahí lo que les ocurre. Son cosas que no se sabe de dónde vienen. El mundo está loco.

Sacado de la Revista La García, del Número 14, del jueves 16 de setiembre de 1999.

 

  

 

10/1998 | PETO y RULO, desde la Ciudad Prohibida