| ¿Willy,
por qué cantas black music y en inglés?
No es que domine tanto el castellano como el inglés, pero
esta música es como que te lo pide. No me lo he planteado
mucho y la verdad, cada vez que he intentado adaptar las letras,
los resultados han sido repugnantes. Creo que se le da demasiado
al idioma: el Indio
Solari canta en castellano cosas
que cada uno entiende como quiere, a diferencia de otros que pueden
cantar en cualquier idioma y no dicen nada en ninguno.
Llega un punto
en que el rocanrol se agota? No
creo que se agote. Pasa que si uno va a ser sincero consigo mismo,
y va a tocarlo con ganas, es muy difícil poder tocarlo con
ganas siempre. Yo no puedo estar tocando siempre lo mismo. El rocanrol
es parte de mi vida, y me emociona.Con Los Redondos me pasó
rocanrolerísticamente. No hay duda. Skay es uno de mis
ídolos en vida. Mis ídolos son Frank Zappa y él.
Skay tiene una manera de tocar que es una vacación. Yo necesito explorar, arriesgarme. Perder. Con el jazz
es buenísimo porque nunca sé si voy a poder terminar
el solo bien. Son otras armonías, estoy buceando ahí...
Skay me decía el otro día que iba entendiendo
un poco la vuelta del jazz. Yo creo que Skay largado a tocar jazz
sería impresionante.
Casi al mismo
tiempo que los aires democráticos Willy volvía al
país... En el
82, llegué, y de distraído, compré un saxo.
Aproveché todo un invierno para hacer mis primeras armas
en ese asunto del saxofón, ese instrumento tan vistoso. Y
fue en ese verano que se produjo un encuentro muy especial: Conocí
a un pelado muy extraño, que decía cosas como "hijo
de puta de mierda" y cosas rarísimas, y tenía
una banda muy buena, que me hacía acordar a Gong, una banda
que era como los Pink Floyd pero más deformes, todavía,
por eso de la promiscuidad musical. Toqué un par de veces
y me invitó a tocar con una banda paralela, Sumito... Pero
cuando llego a Buenos Aires, Luca se había ido a Túnez.
Y fue Tito Fargo quién me mencionó a un tal Patricio
Rey y sus Redonditos de Ricota. Lo primero que pensé es que
era música para chicos, por el nombre. Y sí, es música
para chicos, para muchos chicos. Ahí empezó todo el
asunto: me di cuenta de lo que era una banda que funcionaba, que
había que ensayar y estuvo muy bien. La verdad, muy bien.
Al final era una disciplina... Patricio Rey no existe, ni viene
nunca, pero te tiene cagando. Es un jefe celoso, aunque no exista.
Lo contaste mil
veces, pero es sabido que el Indio no te hablaba cuando empezaste
a tocar con ellos...
Y, sí. Con todas las
razones. Yo no sabía de qué se trataba el asunto.
Me di cuenta sobre la marcha de que todo eso era una banda, que
tenía que tocar, que había que tocar los temas como
eran. No sé, no tenía ninguna disciplina. Tocaba bajo
los efectos de los alcaloides hasta que se me acababa la respiración.
Nada más, no tenía método...
Todo de oído,
no? Lo seguías a Skay...
Claro, no como ahora. Sí,
me pasaban las frases, las memorizaba un poco, y adelante, vigilante.
Cosa que no ha cambiado. Uno se hace un vicioso y cuesta muchísimo
adquirir disciplina.
En
el año 86 se fue de Los Redondos a España. Luego volvió,
y cuando volvió contó con pequeñas ayudas de
sus amigos: Los Man Ray me invitaron a tocar varias veces,
en el 91. Y con Los Redondos toqué tres veces en Obras. Ahí
me dí cuenta de que habían crecido, realmente. Me
llegaban rumores, pero no sabía que eran tan grandes.
En algún
momento te arrepentiste de haberte ido de Los Redondos?
No, cumplió su ciclo.
Aparte, qué sé yo, con ellos no cambió nada.
Disfruto mucho tocar con ellos. Cuando tocamos en Mar del Plata,
lamentablemente, el espectáculo de afuera del estadio tuvo
más trascendencia que el de arriba del escenario... pero
igual fue impresionante. Yo la pasé muy bien, muy bien. La
verdad me dio mucha pena lo que pasó. La Negra no nos dijo
nada, para no desconcentrarnos, pero después, en la otra
mañana, en el hotel, salía en la tele y, además,
lo envolvieron con el celofán más rojo que pudieron.
Y qué sé yo. No voy a dar opiniones. Yo sé
que a Los Redondos no les pasa ní ahí lo que les ocurre.
Son cosas que no se sabe de dónde vienen. El mundo está
loco.
Sacado
de la Revista La García, del Número 14, del jueves
16 de setiembre de 1999.
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