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| 09-2004 Ver
nota
RODANDO,
PARA ESTALLAR
Por
Matías Peluffo Hace 20 años, Los Redondos sacudían el aburrimiento de Azul
y alrededores. Esta crónica recompone el histórico recital.
Durante el otoño/invierno de 1984, Azul era un pueblo tan aburrido como en la
actualidad. Pero hubo un evento que marcó las neuronas de algunos privilegiados:
el recital de una banda por entonces no muy conocida llamada Patricio Rey y sus Redonditos de
Ricota.
¿Cúal será el tiempo que necesita un hecho para pasar de ser algo palpable a
volverse un mito? ¿sobre cuáles engranajes de la cultura es necesario actuar
para transformarse en una herencia generacional? ¿Cuántas personas tienen que
sostenerlo para que se mantenga vivo?
Azul, un pueblo que se rechaza a sí mismo constantemente. En 1984 la
democracia era una novedad para la sociedad argentina. En aquel Azul, todos
trataban de parecerse mucho al vecino y buscaban trabajar y tener una familia.
Hasta ese momento, la cultura rock era algo muy, muy under: la banda local más
importante de entonces era La Patada, que cada tres o cuatro meses hacían
recitales para unas ciento y pico de personas. Una serie de contactos
permitieron que Los Redondos se presenten en Azul y se dio la rareza de que
también aceptaron compartir el escenario: en veintitrés años de actividad sólo
hubo cuatro o cinco excepciones a una regla del Indio Solari que exigía tocar en
lugares cerrados, solos y de noche.
Hasta ese momento las performances de Los Redonditos de Ricota incluían
pasajes teatrales que sostenían buena parte del peso de su espectáculo. En un
show de Los Redondos había stripers, monologuistas, actores en escena y un
clímax creativo que cautivaba a quienes se exponían a semejantes situaciones. La
agrupación musical más mística que haya surgido del país todavía no había
editado su disco debut (Gulp!, grabado en noviembre y diciembre del 1984), pero
eso no impedía que fueran una parada obligatoria en la escena porteña del
momento. Tocaban para un público muy adicto (a sus recitales, malpensados) en el
que se destacaban algunos trabajadores de los medios de comunicación. El apoyo
de los periodistas tuvo una gran importancia en la difusión de la obra de Los
Redondos, aunque claro que hubiese sido inútil sin el talento y el carisma de
los músicos. Por Radio del Plata se divulgaban cintas piratas y el demo que
habían grabado en 1983 (que incluía "Superlógico" y los aún inéditos "Un tal
Briggite Bardot", "Mariposa Pontiac" y "Nene nena"). También aparecían
reportajes y comentarios en la revista Humor (firmados por Gloria Guerrero) y
algunos escritos de Solari eran publicados en la revista Cerdos & Peces,
ente otras apariciones mediáticas.
En esa época empezaban a agrietarse los lazos del colectivo artístico que
daban vida al concepto teatral de las presentaciones de Patricio Rey. Se estaba
generando una crisis que produciría el paulatino alejamiento del circo que
acompañaba a la parte musical de sus shows. Uno de los dilemas tenía que ver con
el incipiente profesionalismo que se cruzaba con los conceptos under que
sostenían músicos y seguidores. Hay que tener en cuenta que Los Redondos veían
con sarcasmo a todo lo que tuviese que ver con el negocio alrededor del rock. Se
manifestaban en contra de las discográficas, los lugares establecidos para los
recitales (Obras Sanitarias todavía era "la Disneylandia del rock") y ni hablar
de los canales de televisión y su imposición de nuevas estrellas (tan necesario
para renovar las corrientes de consumo cultural masivo). La intransigencia
generada se puede palpar en el pedido (casi desesperado) de muchos fanáticos
para que el grupo no grabe "para no transar". Puede que estos fuertes ideales
éticos surjan de la militancia socialista ejercida por Solari a fines de los
setenta.
El comienzo del viaje de Los Redondos a Azul fue caótico. Parece ser que el
baterista, Alejandro Pensa, fue abandonado a la altura de Cañuelas. El motivo
habría sido su exigencia de cobrar un cachet por la presentación. A esa
separación también hay que sumarle la de otros acompañantes: Laura Hutton y
Rodolfo Gorosito. En lo específicamente musical, se dice que en este recital
debutó como saxofonista del grupo Willy Crook, recién llegado de España.

Una de las últimas apariciones de la revista Cerdos & Peces contenía un
texto de Enrique Symns acerca de este recital. Afirmaba que "si hubiera que
ubicar el recital de alguna banda famosa con menor cantidad de público en toda
la historia del rock nacional, el premio lo ganaría el de Los Redonditos en
Azul. El evento fue en el espléndido otoño de 1984 y esa city es la de mayor
promedio de policías y militares de todo el país. El que no es botón, es
hermano, primo o novio de un botón". Después menciona "unos corazones rojos
holandeses que eran alucinantes(…) como si fuera un cura empecé a zampar esas
hostias rojas en cada una de las bocotas de los integrantes de la trouppe. Me
acuerdo de una pileta de natación vacía de agua y nuestros pasos crujiendo sobre
una gruesa capa de hojas secas (..) paseábamos por bosques que estaban cerca del
casco de estancia donde habitamos. Recuerdo a mi novia haciendo pis en cuclillas
como una india en una calle principal de la ciudad y los ojos severos del Indio
condenando las majaderías de los tripulantes inexpertos. Recuerdo ese casco
majestuoso de la casa y el pianito que alguien tocó durante todo el transcurso
de ese pandemonium (ese pianito grabado al final de Gulp! y que nos recuerda
para siempre esa noche inolvidable)." Por último, Syms escribió que "el recital empezó a horario. Y el récord: once
espectadores entre el público… y… ¡sólo dos músicos en el escenario! El Indio
nunca apareció, Willy Crook tampoco. En fin algo hicimos entre Skay y el batero
que no me acuerdo quien era(...) Pensándolo bien: todo lo que vino después jamás
superó ese día".
La estancia El Recreo queda a unos diez kilómetros del centro de Azul.
Invitados por Marcos Meller, varios de los integrantes del grupo pernoctaron en
el casco la estancia. Él dice que le dieron la sensación de ser tipos
supereducados. "Se levantaron y enseguida se hicieron la cama. Poli tenía un
lugar de liderazgo y todos parecían ser más o menos tímidos, sobre todo Willy
Crook. Me acuerdo que a cada rato el Indio le hacía tocar algo en el piano a
Skay y le decía que esa música le gustaba mucho. Me quedó la imagen de que eran
personas muy meticulosas". En 1984 Flecha Roca tenía dieciséis años. A principios de los noventa sería
integrante de "Los Dados Vueltas", una banda de rock divertido que logró cierta
trascendencia (recientemente reagrupados). El recital de Los Redondos lo
impactó: "la primera imagen que me viene es una Rural Falcon color dorada modelo
´68 cargada con los instrumentos y equipos. Me acuerdo que bajamos los
intrumentos nosotros. Yo manejaba las luces y en el lugar había tanta humedad
que me pegaba patadas el tablero. Me chocó ver a Las Bay Biscuit que tenían unas
bombachas rotas y se les veía todo; Syms tenía una copa de cognac prendida
fuego. Fue un descontrol bastante grande arriba del escenario. Skay tocó con una
Gibson SG color ciruelo, modelo 72 supongo, que tenía palanca de resorte. Tengo
imágenes muy volátiles, pero recuerdo una fiesta en el campo de Meller."
Hoy Charly Martínez es conductor de radio, pero por aquellos días empezaba a
curtir recitales. Según él, tanto el Indio como Willy Crook sí aparecieron en el
escenario, junto a Skay Beilinson y Semilla Bucciarelli. "Fueron alrededor de
setenta personas. Yo los conocía porque escuchaba Radio Del Plata y también
porque tenía amigos que los habían ido a ver al Margarita Xirgú en el ´82 u ´83.
Me acuerdo que antes del show el Indio caminaba entre la gente con un trago y
que nosotros estábamos sentados en el piso. Enrique Syms intentó hacer un par de
veces un monólogo, pero no los podía terminar. Hablaba sobre un tipo que se
quería tanto a sí mismo que no tenía relaciones sexuales y juntaba frascos de
semen. Alguno de la banda le corrigió algo y el tipo se puso loco y se fue. Para
los dos primeros temas usaron una batería electrónica, que no sonaba muy bien.
En un momento el Indio llamó al baterista de la banda anterior (el Colombiano
Daniel Iarussi) y siguieron tocando con él. De hecho se llevaron tan buena
impresión que le ofrecieron ser parte permanente de la banda, pero no aceptó.
Fue un recital raro, pero a mí me gustó. Sé que tocaron "Mariposa Pontiac", "Un
tal Briggitte Bardot" y quizá "Superlógico". Estoy seguro que no tocaron "Nene
nena", porque era el que más me gustaba. En ese momento no teníamos idea de que
estábamos haciendo el anti-record de convocatoria de un recital de Los Redondos,
pero tratándose de Azul no llama la atención."
El Negro Jon hace algunos años que conduce un programa radial llamado
"Perfectos extraños" y también fue al recital. Tiene viva una imagen: "en algún
momento buscaban a Willy Crook por todos lados, ya que iba a empezar el show y
nadie sabía donde estaba. Cuando lo iban a dar por desaparecido, el tipo sale
del baño de mujeres donde se estaba curtiendo a una mina."
En ese entonces Miguel Mugueta se dedicaba a la fotografía y se desempeñaba
como editor de La Esponja. Afirma que "esa noche hubo dos presentadores: el
Santo Moravito y Enrique Syms. El primero subió al escenario vestido con un
mameluco azul y dio un discurso muy crítico sobre el gobierno de Alfonsín, al
que emparentaba con el nazismo. De hecho, a cada comentario que hacía sobre los
radicales decía levantaba el brazo derecho y decía "Heil Hittler". Después hubo
algún bocadillo de Syms y empezaron a tocar ellos. El recital fue más que nada
una zapada, había un clima enrarecido. Una anécdota que recuerdo es que vinieron
unos amigos nuestros de Olavarría y se quedaron con ellos en la estancia, pero
nos hicieron quedar mal… parece que tenían un tubo negro de John Player Special
lleno de marihuana y alguno de los chicos de Olavarría se lo robó. Quedamos para
el orto".
La doctora Marta Ruíz era la dueña de C´est fini, el local donde se llevó a
cabo el show (ahora ocupado por Barlovento). "Nosotros éramos de Lanús y
queríamos subsistir con una profesión alternativa. Instalamos una discoteca al
estilo de lo que se veía en Buenos Aires: tenía parlantes al ras del piso, luces
rítmicas, había una pista sobre un vidrio que tenía agua y debajo se veían
peces, había una fuente con una pirca espejada en el medio, mucho verde, muchas
plantas, una de las paredes era vidriada y se veía caer el agua… algo distinto.
En el lugar coincidían diferentes sectores sociales e ideológicos: venían desde
suboficiales del ejército hasta la gente que después formó la Izquierda Unida,
travestis, estudiantes y, aunque para ese momento era un lugar demasiado
avanzado, todos convivían en paz. No medimos riesgos y el boliche cerró en el
´86. Sobre la noche del recital me acuerdo que teníamos una copa de cognac
grande, muy tallada, que era un regalo muy especial. Nos la pidieron e hicieron
un cóctel que tenían que prender fuego. No te puedo decir como temblaba mi
hermano por miedo a que se rompa la copa… pero se salvó"
Metro Messineo es el conductor de Deep House (el único programa local de
música electrónica). Según sus palabras, todo empezó con los Encuentros de Arte
de ´81 y ´82. "Retomamos la idea del Festival Pan Caliente, organizado por una
revista que fue el embrión de todas las publicaciones under que surgieron
después. Por los Encuentros de Arte vinieron a Azul varios personajes del
underground y uno de ellos fue Enrique Syms. Se hizo una onda y por eso se los
invita para hacer el lanzamiento de la revista La Esponja. Tengo una imagen
fuerte de ver a Skay y Poli en la esquina de Yrigoyen y Moreno, yo los conocía
por Syms. Prometía ser un espectáculo realmente bueno; pero parece que habían
traído algunas sustancias psicoactivas bastante fuertes y estaban hechos unos
locos: el Indio no quería cantar, la gente abucheaba… fue caótico. Recuerdo ver
a Solari muy enojado, apoyado en la barra diciendo en voz fuerte "Esto es un ato
de pajueranos". Me fui a mitad del recital porque el clima era feo. Podría haber
estado mucho mejor, pero no era la noche, ni el momento, ni el lugar. Lo poco
que sucedió fue digno de verse, aunque era algo patético ver a personas que no
podían tocar en el escenario. Lo importante es que Los Redondos crecieron y
generaron algo tan grande que hace que ahora estemos hablando de esto. Hace unos
años los vi a Skay y Poli y me dijeron que lo que más recuerdan es la
hospitalidad con que los trató Meller".
Cuando ya eran una banda consagrada, el Intendente de Olavarría prohibió un
recital del grupo (pero no tiene problemas en convivir con ex torturadores entre
sus empleados). Tandil tuvo la suerte de albergar a la banda y su público en un
momento de esplendor. Lo de Azul fue solamente un punto de quiebre,
insignificante para muchos, pero lo suficientemente fuerte para generar un mito.
Cada día que pasa este show va perdiéndose en las neuronas de quienes lo
vivieron. Lamentablemente no pude conseguir fotos, afiches o grabaciones. Dudo
que existan. Por el ´84, Los Redondos atravesaban una época dorada. Después
fueron llenando boliches, pubs y estadios hasta convertirse en el fenómeno de
culto más grande de la música argentina. A fines de 2001 se separaron, sin haber
perdido nunca calidad o cantidad de seguidores. Fueron mucho más que un grupo de
rock: las manifestaciones provocados durante sus recitales fueron
acontecimientos socioculturales inigualables. Magnificaron su huella cuando
infiltraron en la cultura rock el capítulo que contiene las "Pautas acerca de
cómo sobrevivir sin vacilar en el mundo de la música". Bobby Flores dijo que el mito de Los Redondos va a comenzar el día que se
muera la última persona que haya visto un show de ellos. Las respuestas que me
deja ésta nota es que veinte años alcanzan para elevar los hechos a leyenda. Que
la cultura se nutre instintivamente del fervor y el reconocimiento masivo, pero
la profundidad artísitico-intelectual es más poderosa. Que cincuenta borrachos y
excluidos pueden decir algo más interesante que miles de aburridos
obedientes.
En una declaración fechada en abril del 84, Carlos Solari le declaraba esto a
Gloria Guerrero: "En una declaración fechada en abril del 84, Carlos Solari le
declaraba esto a Gloria Guerrero: "Esa es la diferencia entre el público que nos
viene a ver y el público consumidor en general. A los productores se les hace
difícil entender lo siguiente: que esa difusión que a otro producto puede
hacerle muy bien magnificando el espectro de escuchas, en nuestro caso haría
todo lo contrario. No es seguro que la acción del productor nos lleve a vender
más, pero sí es seguro que perderíamos ese público estrafalario que nos sigue,
desde obreros portuarios hasta pibes punks, hippies recalcitrantes,
intelectuales, trolos y otros. Así es que no terminamos de entender cuál sería
nuestra conveniencia si aceptamos esa situación. Sería bueno, sí, si nos
interesara transformarnos en aquella cosa adorable, pero nosotros estamos ya
medio grandes para eso." |