| Enviado por Valeria Telesco y Mariana
Brondello
"LOS REDONDOS Y UMBERTO ECCO"
Umberto Eco advertía, en 1962, que la obra de
arte contemporánea se presenta como una verdadera metáfora
epistemológica de nuestro tiempo, describiendo la manera de ver el
contexto en que se vive, con la totalidad de elementos y en su
plenitud de actualidad. Pero al mismo tiempo, se manifiesta como
obra abierta, y en ocasiones, en movimiento. Ya nadie duda que
algunas producciones artísticas demandan la imprescindible e
ineludible participación interpretativa del gozador de las mismas,
recayendo en el momento de la recepción la especial atención del
creador al momento de imaginar el proceso generativo.
Y el rock and
roll, como expresión artística y objeto de cultura, tolera diversos
análisis, y además, posibilita profundizar en la intención estética
de algunos creadores que concientemente han buscado provocar
interesantes efectos multívocos al presenciar sus obras. Pero
vayamos al universo del rock. A la esfera de los que trascendieron
el nivel de la inmanencia musical, y revolucionaron el campo del
pensamiento, aproximándose al ámbito de reflexiones propias de
filósofos.
En nuestro país, se erige en La Plata, en 1977, desde el
underground, una banda rockera liderada por el mítico e inexistente
Patricio Rey. Ocho años después debutaban discográficamente,
presentándose como un grupo de visión crítica y ambigua poética, en
la que profundizan todas las temáticas que preocupan al hombre, y
que en clara alusión a la posmodernidad, y a lo vertiginoso y
efímero del star system y el rock business, nos dicen que hay
caballos que se mueren potros sin galopar. Su indiscutido ideólogo,
el Indio Solari, se revela como un lúcido pensador, que a la manera
de lo anticipado por Umberto Eco, compone temas de ambigua poesía de
la que reconoce que al escribirla imagina que sus gozadores será
libres como para digerir un lenguaje que tiene la suficiente cuota
de múltiples significados como para involucrarlos, porque el poeta
debe ser metafórico, enigmático y misterioso.
En 1986 editan Oktubre,
remitiéndola a la Rusia zarista de 1917 y a su revolución de
Oktubre, aunque el mismo Solari se encargue de negar esta relación,
tal vez con la intención de dificultar una interpretación unívoca.
Pero Umberto Eco hablaba en Obra Abierta de las obras en movimiento,
aquellas que debemos organizar y estructurar, reinventándolas cada
vez que estamos frente a ellas. Como sucede ante la oportunidad
presenciar una obra de arte, o de rock, abierta en su esencia, en un
recital en vivo. Por ahora, la única manera de ver a Los Redonditos
de Ricota es asistir a una de sus presentaciones, especie de ritual,
mitad religioso, mitad pagano, en el que Solari es un chamán, un
parco brujo tribal que cura con su esperada palabra y su fascinante
danza a las atentas bandas, dispuestas a recibir el mensaje de un
creador cuya clave de interpretación puede jugarse en una sola
frase, donde un joven lobo se puede quemar de amor.
Con Los
Redondos, a veces una simple historia encierra un mensaje profundo,
y la libertad puede consistir en rebelarse al propio destino, el que
impone una vida de sometimientos y reverencias, jugando roles
impuestos por el establishment, porque aunque se sea un perro, lo
mejor y lo único que se puede hacer es desobedecer.
En el universo
del rock parece como poco menos que impensable que duros e
inconmovibles músicos, disconformes y rebeldes por definición,
dediquen memorables páginas al tema del amor, esa locura, esa
poderosa deidad que mueve a querer conquistar aún lo imposible,
aunque se sufra y gradualmente nos vayamos destruyendo. Pero el
Indio Solari, hombre al fin, es capaz de escribir los versos más
tristes, si por amor se trata. "¿Vas a volver a herirme? En tu
ternura está acechándome una buena traición de mujer. Sobrio no te
puedo ni hablar, y estoy perdido sin mi estupidez. Y porque dos que
se quieren se dicen cualquier cosa", y no olvida que su amor todavía
le dá descargas. O también puede confesar que: "Ella sí que era el
fuego,/ ella sí que bailaba en las llamas./ Por primera vez tengo
miedo de no hacer bien mi papel./ Yo ya no puedo partir./ Me ata un
fuego y mi sueño duerme aquí". Y este semidios posmoderno de la
comunicación vibra pensando en Ángeles, o en La hija del fletero.
Todas y una. Siempre la misma. Porque "ella fue la más linda del
amor/ que un tonto ha visto soñar". Pero su estrella se agotó, y era
su lujo. No olvidemos que en la antigüedad, la reflexión filosófica
no exigía un lenguaje difícil con pretensión de interpretación
única, porque cuando se busca analizar el sentimiento, los conceptos
lo desbordan y requieren una comprensión casi mística, debiendo
utilizar la metáfora, posibilitando imaginar lo irrepresentable,
como nuestra banda en cuestión, que en su hasta hoy último álbum
conceptual, Lobo suelto, cordero atado, a la manera de Demian de
Herman Hess y su divinidad maniquea Abraxas, nos plantea que en todos
nosotros conviven al mismo tiempo el bien con el mal, el pecado con
la virtud, y a un ladrón lo puedo matar con mi amor. Y en el marco
del juego del poder, algunos se la creen. Tuvieron un golpe de
audacia, y se la dieron de timberos fogosos y feroces, de esos que
nunca muestran todo el mazo. Y hoy comen la gran manzana. Y no te
dejan ni pepita.
Hoy día Patricio Rey es un excelente producto de
marca registrada, con trabajo de márketing y buen packaging. Así y
todo, el incomparable carisma del superprofesional Solari, el
magnetismo y seducción de su mágica voz, y el impecable sonido del
grupo, y su Estética en movimiento sobran para que sigan siendo la
mejor banda de verdadero rock nacional. Ya no tocan en los pubs.
Ahora suenan en La Rural, o en Obras, o en Huracán. Mayor
convocatoria, que le dicen. Lejos quedó el underground. Hoy todo
está en venta en la Nueva Roma. Y ¡Maldición!, va a ser un día
hermoso para un verdadero Patricio súper show. Aunque en un intento
de volver a las fuentes, ese eterno retorno de los griegos, hoy día
sólo se presentan en Mar del Plata, en San Carlos Centro y en
Concordia.
Ya es indudable, por todo lo expuesto, que el Indio
Solari, con los Redonditos de Ricota, ha tomado especialmente en
cuenta la anticipación pragmática que realizara Eco en Obra abierta,
en 1962, insustituible para una hermenéutica de la obra de arte, que
pone especial atención en la instancia del usuario, imaginando un
lector modelo ejerciendo actos de libertad conciente para una obra
que se presenta como abierta, a veces en movimiento, e
invariablemente como metáfora epistemológica de nuestro tiempo.
Los
que tienen prejuicios acerca de los creadores del rock podrían
pensar que al Indio le resultan las letras de sus temas con una
ambigüedad polisémica como consecuencia de la casualidad, pero ya lo
explicitó: "En los regímenes totalitarios la retórica, que es uno de
los aspectos fundamentales del lenguaje, suele ser dejada de lado
para privilegiar un lenguaje llano y directo que no dice nada de los
matices que tiene la vida... Si tuviera que escribir poesía con
resoluciones me dedicaría a otra cosa.
(1)"
Citas: (1) Los Redonditos de Ricota, o el
purgatorio de la fama. Clarín, Sección Espectáculos, entrevista de
Javier Febré. Buenos Aires, 10/05/94. pp 2-3.
Material extraído del
libro "Rock y Escuela", Formación Ética - Estrategias Didácticas.
3er Ciclo E.G.B. - Polimodal, de Ernesto G. Edwards y Alicia M.
Pintus.
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