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ANFITEATRO
MUNICIPAL DE VILLA MARÍA - CÓRDOBA 23
DE MAYO DE 1998

El mito se agiganta
Villa María,
Córdoba. Una hora antes de comenzar el show, el Indio Solari
se dirigió anteanoche a las 15.000 personas que ya colmaban
el Anfiteatro Municipal Centenario. "Lo que pasó lo
único que hace es adelantar el final de una banda que tiene
muchos años. Que lastimen algunos de ustedes no vale en ningún
recital de rock and roll".
Cerca de las 21 del
sábado, la banda subió al escenario y otra vez la
fiesta "ricotera" fue completa. Patricio Rey y sus
Redonditos de Ricota, el mito viviente más grande de rock
nacional, escribió otro capítulo en su historia.
Un capítulo
con diferentes apreciaciones. Triste, si se tiene en cuenta que
los incidentes entre una pequeña porción del público
y la policía cordobesa dejaron un salde de cerca de 50 heridos
y 25 detenidos. Bueno musicalmente, porque si bien no fue el mejor
show que hayan hecho los Redondos, las canciones, la potencia y
el espíritu siguen intactos. Espectacular, por la gente,
el color, y ese apasionado amor incondicional que existe entre la
banda y su gente, que hace de los recitales un verdadero rito festivo.
La apertura estuvo
a cargo de "El rock para el negro Atila". Y de allí
en más, una batería de rocanroles para felicidad de
un anfiteatro desbordado.
"Nuestro amo
juega al esclavo", "Luzbelito" y "Juguetes perdidos",
fueron algunos de los primeros momentos calientes. Luego llegarían
"Salando las heridas", "Nene, nena" y "Mi
perro dinamita" entre otros. El final fue para "Vamos
las bandas" y "Ji ji ji". Locura, excitación,
amor, comunión, sentimiento. Palabras exactas, pero que describen
poco a la hora de reflejar lo que ocurre en el clímax de
un recital de Los Redondos.
En completo orden,
los chicos que habían "tomado" Villa María
comenzaron a desandar el camino. Cansados, pero felices de haber
sido testigos de otro show de los Redondos.
El mito sigue de
pie. Sin tocar en Buenos Aires desde hace más de tres años
y movilizando a su fiel público por el interior del país.
Historias que se recordarán y se agigantarán con el
paso del tiempo, para intentar explicar el fenómeno Redondos.
Algo tan inexplicable como la remera de uno de los jóvenes
que llegó a Villa María, con la inscripción
"Si Evita viviera, sería ricotera".
La Nación,
lunes 25 de mayo de 1998
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