REDONDOS EN EL CENTENARIO - URUGUAY
15 Y 16 DE ABRIL 2000

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El regreso al paisito de la Orquesta Antibalas


Hola chicos, ¿vienen al concierto? Esa frase resume perfectamente la imagen que Uruguay tenía de un recital de Los Redondos. Nuestra respuesta, entre sonrisas, decía que sí, que veníamos a una misa única por sus características. Una misa en tierra charrúa donde Patricio Rey era un rey desconocido por la inmensa mayoría del pueblo uruguayo.

La banda de las bandas, la de mayor convocatoria de la historia del rock en Argentina volvió a tocar, esta vez en Montevideo y en el Estadio Centenario, un monumento mundial al fútbol... y demostró que su música es cada vez más sólida, que su público la sigue adonde quiera que vaya, y que el estandarte del rock en el 2001 lo portan Los Redondos, y esto no se discute.

En este año donde la patética entrega de los premios Gardel, demostró que una vez más se premia a la estupidez de la gente (a excepción de Gieco y Divididos) la Orquesta Antibalas se encuentra demasiado lejos de esa pantalla en la que los demás se miran y tiene su cielo propio.

El rock argentino hoy está hecho de ricota, una sustancia que se transforma a cada instante según el molde que uno quiera usar para darle forma.
Es por momentos, poesía vital y música del alma bajando desde el escenario, pero tan sólo un instante después es lágrimas, emoción, sudor, alegrías, canto y devoción cuando las bandas la reciben y devuelven en forma de afecto incondicional para que suba nuevamente al escenario y le llegue a Los Redondos. En este proceso reversible, todos perdemos la forma humana y nos transformamos en energía que Patricio Rey utiliza para existir el tiempo que dura la misa, supervisando todo desde quién sabe donde, cuidando los detalles, disfrutando del show desde las tribunas.

Por eso tanta gente, tanta polenta, tanto argentino y uruguayo abrazados como hermanos. Por eso es que no existe algo igual, por eso estas dos misas increíbles y porque sabemos que Patricio Rey juega el papel de Dios en este carnaval de almas donde no se maquillan los sentimientos ni hay máscaras que ocultan las sensaciones.

Gracias Uruguay por tanta amabilidad, por lo bien que nos recibió tu gente y por tu estado de inocencia tan puro. Gracias por dejarnos llevar nuestro carnaval itinerante para que ustedes lo conozcan. Gracias por tus ricoteros y por los que vendrán después de estos dos días que vivimos. Gracias en nombre de todos los redonditos.

La reflexión final nos vuelve a preguntar, ¿hasta dónde vas a llegar Patricio?
Lamentablemente, hasta donde los mismos redonditos te dejemos llegar.
Imperfectos... la palabra unificadora.

Peto y Rulo - MUNDO REDONDO 

 

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