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El regreso
al paisito de la Orquesta Antibalas |
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Hola
chicos, ¿vienen al concierto? Esa frase resume perfectamente la imagen que Uruguay
tenía de un recital de Los Redondos. Nuestra respuesta,
entre sonrisas, decía que sí, que veníamos
a una misa única por sus características. Una misa
en tierra charrúa donde Patricio Rey era un rey desconocido
por la inmensa mayoría del pueblo uruguayo.
La banda
de las bandas, la de mayor convocatoria de la historia del rock
en Argentina volvió a tocar, esta vez en Montevideo y en
el Estadio Centenario, un monumento mundial al fútbol...
y demostró que su música es cada vez más sólida,
que su público la sigue adonde quiera que vaya, y que el
estandarte del rock en el 2001 lo portan Los Redondos, y esto no
se discute.
En este año
donde la patética entrega de los premios Gardel, demostró
que una vez más se premia a la estupidez de la gente (a excepción
de Gieco y Divididos) la Orquesta Antibalas se encuentra demasiado
lejos de esa pantalla en la que los demás se miran y tiene
su cielo propio.
El rock argentino
hoy está hecho de ricota, una sustancia que se transforma
a cada instante según el molde que uno quiera usar para darle
forma. Es por momentos, poesía vital y música
del alma bajando desde el escenario, pero tan sólo un instante
después es lágrimas, emoción, sudor, alegrías,
canto y devoción cuando las bandas la reciben y devuelven
en forma de afecto incondicional para que suba nuevamente al escenario
y le llegue a Los Redondos. En este proceso reversible, todos perdemos
la forma humana y nos transformamos en energía que Patricio
Rey utiliza para existir el tiempo que dura la misa, supervisando
todo desde quién sabe donde, cuidando los detalles, disfrutando
del show desde las tribunas.
Por eso tanta gente,
tanta polenta, tanto argentino y uruguayo abrazados como hermanos.
Por eso es que no existe algo igual, por eso estas dos misas increíbles
y porque sabemos que Patricio Rey juega el papel de Dios en este
carnaval de almas donde no se maquillan los sentimientos ni hay
máscaras que ocultan las sensaciones.
Gracias Uruguay por
tanta amabilidad, por lo bien que nos recibió tu gente y
por tu estado de inocencia tan puro. Gracias por dejarnos llevar
nuestro carnaval itinerante para que ustedes lo conozcan. Gracias
por tus ricoteros y por los que vendrán después de
estos dos días que vivimos. Gracias en nombre de todos los
redonditos.
La reflexión
final nos vuelve a preguntar, ¿hasta dónde vas a llegar
Patricio? Lamentablemente, hasta donde los mismos redonditos
te dejemos llegar. Imperfectos... la palabra unificadora.
Peto
y Rulo - MUNDO REDONDO |