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OLAVARRÍA,
TERRITORIO PROHIBIDO AGOSTO,
16 Y 17, 1997
UN
ESPEJO PARA NUESTRA VERGUENZA | DESCENSO
DE LOS CIELOS | LA
CONFERENCIA | LOS HECHOS | ECOS
UN
ESPEJO PARA NUESTRA VERGÜENZA
Pensar que un recital
de rock prohibido en una ciudad lejana a la Capital federal es sólo
producto de una interna entre caudillos del mismo pueblo, es ingenuo.
En el país donde asesinaron a José Luis cabezas y
a María Soledad Morales, donde desaparecieron en plena democracia
al estudiante de periodismo Miguel Bru, entre otros innumerables
crímenes irresueltos, ningún gesto de censura puede
ser analizado tan livianamente.
La realidad nos avisa
día a día lo poco que vale nuestro aliento. Y esto
no es una visión pesimista de la actualidad, sino la cruda
verdad emergente en una sociedad donde la clase política
ha demostrado holgadamente la mínima importancia que le da
a las vidas humanas. Estamos en tiempos jodidos. No se trata
de no poder bailar hasta pasada cierta hora o de haber renunciado
a la fuerza a la escuela pública, a la salud gratuita, a
los salarios dignos, etc. También se meten con nuestros hábitos
esenciales: la música. Estamos solos. Apenas valemos
lo que nosotros mismos podemos determinar en ese estrecho pero sólido
horizonte, representado por nuestros afectos más queridos,
nuestros sentimientos.
Deberíamos
reaccionar ante semejante lavado de manos. Tal vez no tengamos mejor
oportunidad que esta para fundar un sistema anarquista, donde
nada de lo que el poder predica, para bien o mal, pueda ser tomado
en serio. A decir verdad: si los asistentes a un recital debemos
garantizar la seguridad antes de que el show se realice ¿para
qué sirve la policía?. ¿Para qué uno
elige un intendente si ante la mínima presión no duda
en dejar sin fiesta a 12.000 jóvenes argentinos?.
Hoy más que
nunca, cualquier quilombo, cualquier vidriera rota en una manifestación,
cualquier incendio en medio del fervor masivo, no hace más
que justificar la inútil presencia de un Estado que está
dispuesto a eliminar a aquel que esté en su centro de mira. Por eso, hay que hacer como que no existen. Seguir viviendo nuestras
vidas de la manera más intensa que podamos, encontrando nuestras
pulsiones más íntimas, más reveladoras. Eso sí, como lo demostramos en Olavarría. Sin bardos,
con anarquía eterna, dispuestos a abandonar todos los honores,
los éxitos, los rankings, el prestigio social, teniendo siempre
a mano la mochila armada con esas tres o cuatro cosas que
son imprescindibles.
Los caminos están
ahí. Funcionarios y yutas también. Pero cuando precisen
nuestros votos o nuestros huesos para defender la patria de
ellos, no dudemos en mandarlos a cagar con nuestra mejor sonrisa.
Como decían las abuelas, la simpatía no hay que perderla
nunca.
(Extracto y
adaptación de la editorial de REVISTA ¨ LA CONTUMANCIA¨
Nº10)
UN
SENTIMIENTO REDONDO
Si hay algo de lo que
podemos sentirnos orgullosos es de nuestro sentimiento redondo.
De ese torrente de sensaciones que nos invaden cuando nos enteramos
de un nuevo recital de Los Redondos. De como se nos estremece
todo cuando la banda aparece en escena, de como nuestro corazón
enloquecido nos abre el pecho en cada acorde, en cada canción.
De como nos inundamos de una felicidad inexplicable cuando
cantamos todos con el Indio, de como esa voz nos desgarra. De
como el placer de haber vivido los mejores momentos de nuestras
vidas perdura aún habiendo pasado días del recital.
Por este amor incondicional
es que se nos odia, se nos reprime, se nos prohíbe, porque
no comprenden la magnitud de nuestro sentimiento redondo, que no
se puede explicar. Se vive, se experimenta, se sufre, se comparte,
pero no se explica. Y así las cosas, la sociedad
ha caído en la ignorancia y lo peor es que, acepta ser ignorante
y sueña con tiempos dorados. Nosotros ya no somos inocentes
criaturas que nos resignamos a las imposiciones de un mandarín,
no lo hacemos porque sabemos cuál es nuestra ambición
en esta vida, sabemos que nadie nos puede robar el derecho de elegir
nuestra música, nuestros gustos y mucho menos decirnos qué
hacer y qué no.
Los que estuvimos
en Olavarría sabemos que tanto el intendente de la ciudad
como el 95% de sus habitantes (el 5% restante somos ricoteros) ignoraban
quién era Patricio Rey, y lo poco que conocían era
que la banda tenía problemas con la policía y que
sus seguidores eran la lacra de la sociedad. A esto cabe sumarle
que un par de días antes del recital, un reconocido locutor
local abrió su boca imprudentemente y dijo algo más
o menos así:
- Ciudadanos, cierren sus
puertas y ventanas, guarden los autos, escondan a sus hijos/as porque
va a pasar por la ciudad Patricio Rey y sus redonditos de Ricota.-
Nos caben dos comentarios
nada más: El
primero: puede ser que
esta persona haya asistido a un recital ricotero alguna vez y se
haya asustado de lo que vió o sintió, lo cual lo convierte
en una pobre alma desprovista de todo tipo de experiencia enriquecedora.
El segundo: nunca
fué a un recital y lo que dijo fué porque alguna lengua
envenenada volcó en sus oídos necios tal información,
lo cual lo convierte en una vecina chusma más, de todas las
que existen en Olavarría.
Más allá
de este locutor, marioneta mediática aburrida e intrascendente,
en Olavarría hubo gente que nos bancó ofreciendo comida
y agua a quienes dormían en los bancos de las plazas. A esa
gente, GRACIAS en nombre de los RICOTEROS. A los que nos maldijeron
y maltrataron... miedo e ignorancia nunca dan buen consejo.
Ahh! y a todos los
comerciantes, empresarios, policías e intendentes de la ciudad
de OLAVARRÍA: el doble discurso es la marca que caracteriza
a los demagogos, a los autosuficientes, a los incapaces y corruptos.
PETO Y RULO
para MUNDO REDONDO LAS
HUESTES DEL REY
Desde
el martes 12 comenzaron a llegar los primeros ricoteros
a la ciudad, algunos se ubicaban en los hoteles donde
habían hecho sus reservas con anterioridad. Otros
venían con la carpa y buscaban un lugar donde
levantarla.
El sitio elegido
por ellos fue el sector de parrillas del
Club Estudiantes, situado enfrente, arroyo
Tapalqué de por medio, del maxigimnasio
del Club donde iban a tener lugar los recitales.
Vino tinto y cerveza acortaban los días
que parecían interminables. Sin
embargo, la espera tuvo su recompensa. El
jueves a la noche, cerca de las 2 y media
de la mañana, Los Redondos cayeron
a cenar al restaurant del Club y los que
estaban acampando pudieron verlos y se acercaron
a ellos. Los saludaron y les sacaron autógrafos
y fotos varias. El Indio pidió
poca efusividad porque tenía una
costilla fisurada, producto de un partido
de fútbol.
Durante los días restantes, la gente
continuaba llegando y ya podía vérsela
deambulando por la ciudad, pero la masa
se esperaba que aparezca para el viernes
y sábado.
El día
jueves comenzó a correr el rumor de que el intendente
quería prohibir los shows ya que no existían
las medidad de seguridad necesarias y argumentaba que no se habían cumplido
ciertos requisitos de tiempo y forma para la concreción del espectáculo,
por parte de los productores. Las huestes comenzaron
a inquietarse pero, al igual que nosotros, creían
que no había forma ni tiempo para dar marcha atrás a los shows
debido a la proximidad de los mismos.
Sobre
la tarde del jueves, la decisión de prohibir
se había acentuado y el descontento comenzó
a generalizarse, hubo debates televisivos (pequeños
circos locales) y aparecieron en la ciudad medios reconocidos
como Clarín, La Nación, Crónica
TV, y otros. La situación había pasado
al juzgado de Azul, ciudad vecina, donde se determinaría
si prosperaba el pedido de no innovar de los productores
de los redondos, o se daba lugar a la prohibición
de los shows, tal como solicitaba el intendente HELIOS
superterco vasco cabezadura "no doy el brazo a
torcer" ESEVERRI.
Llegó el viernes por la
mañana y quienes escriben esto, fueron
temprano a continuar el armado del piso
sobre el cual iba a saltar la monada esa
misma noche.
A pesar de los rumores había esperanzas
de que todo saliera bien. Cerca del mediodía
estaba todo armado y se comenzó a
instalar y probar el sonido. Se ubicaron
los instrumentos porque la banda iba a hacer
la prueba de sonido por la tarde. El maxigimnasio
estaba totalmente armado a las 15 del día
viernes. El Soldado y los demás
muchachos zaparon sobre el escenario algunos
temas de Hendrix a modo de intro para lo
que se vendría a la noche.
Cerca
de las cuatro y media de la tarde, cuando era inminente
la llegada de la banda para probar sonido, se expidió
la Cámara de Azul dando lugar a la prohibición
de los recitales (De pronto me acuerdo de Poncio Pilatos,
no sé por qué). Cuando la indignación
e impotencia eran totales, la imagen de Los Redondos
en la pantalla de TV de una oficina interna al maxigimnasio
nos congregó a todos los presentes allí
dentro.
Y el
Indio habló... y todos oímos... y todos
vimos. (Ver La Conferencia)
Cuando
terminó la conferencia nos quedó la amargura
de haber sido estafados, robados, utilizados. Todo un
escenario impresionante, chicos, grandes y nuevos ricoteros
venidos de quién sabe dónde, con lo justo
o menos en los bolsillos, con la ilusión hecha
pedazos. Las cosas no estaban bien. Como presagiando
posibles incidentes, la policía frenaba a los
micros que continuaban llegando en plena ruta. Pero ya nada había que hacer, Los Redondos habían
sido prohibidos en Olavarría, ciudad con alma
y costumbres de pueblo, ciudad que no se animó
a trascender.
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