|
ÚLTIMO
BONDI A RACING DICIEMBRE
- 1998
Revista
Pelo, Número 494. Año 1998.
Ultimo bondi a Finisterre, repitió la historia y desató
la consagración. Asi, el 18 y 19 de diciembre Los Redondos
retornaron a los escenarios porteños y en dos noches consecutivas
en Racing dejaron en claro que aún siguen siendo uno de los
acontecimientos mas esperados de cada ciclo que les toque vivir.
Y el
lobo quería seguir comiendo de la misma carne a pesar de
haber estado por tanto tiempo recluído en su guarida preparando
el ataque al rebaño. Y al final, hasta desechó aquel
cordero oscuro del cual desconocía su gusto y decidió
no probar.
La metáfora
sirve para introducir a la lectura de un nuevo capítulo en
la historia de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota; al final
de cuentas (y que nadie se engañe) sólo un grupo,
una banda de rockanroll, fabricantes y obreros de canciones, que
convive a la sombra de una leyenda (un mito) que la supera y sobrepasa
y que desata hechos que van más allá de los que suena
después de apretar el play.
Arañando 1999,
y contra todos los pronósticos, Los Redondos regresaron al
mundillo discográfico a bordo de un Ultimo Bondi a Finisterre que sorprende por partida doble. El ingenioso trabajo
gráfico coloca al álbum entre los mejores del rock
argentino en materia de diseño. Y por otro lado, el contenido
musical del mismo marca un quiebre en el estilo conocido y patentado
por la banda. Curiosamente, cuando el firmamento rockero local brilla
con algunos grupos que comulgan en cierto punto con la estética
ricotera, Los Redondos pegan un volantazo y se desayunan con un
conjunto de canciones de corte pop, donde las melodías reemplazan
a los riffs y las guitarras ceden terreno ante el avance de las
máquinas y los teclados. Sin convertirse en una banda tecno-
esa no fue la intención- la agrupación platense logra
ponerse al día en materia de sonido, y por encima de todo
ese arsenal vuelca, eso sí que no muta, la particular poesía
que fluye de la pluma del Indio Solari.
El interrogante era
entonces, cómo se las arreglarán Los Redondos para
trasladar este trabajo tan de estudio a un show en vivo?. Muy sencillo:
subiendo a escena con esos mismos elementos y demostrando que, a
pesar de los cambios y de los sonidos digitales disparados por Hernán
Aramberri, el afecto y el amor de su inmenso público no ha
variado para nada.
EXITOS REDONDOS
La ansiedad y la
impaciencia de los miles y miles de seguidores que se acercaron
al estadio de Racing desde distintos puntos de Buenos Aires e incluso
del país ya eran evidentes en horas del mediodía,
con caravanas de autos, camiones y colectivos cuyos pasajeros se
unían en un único grito de Oh, vamo´los Redó...!
a lo largo de todo el Puente Pueyrredón. Y ese estado de
ánimo era perfectamente entendible, ya que hacía cuatro
años que Patricio Rey no hacía escala en la Capital,
o tan cerca de ella, tras su recordado paso por el Estadio de Huracán.
Ya dentro del campo
de juego académico se palpaba el clima de fiesta que estaba
por venir; las banderas, las bengalas y los petardos explotando
en el cielo oficiaron de adecuado aperitivo hasta que a las 22.30,
la calva figura del Indio asomó en el escenario dando rienda
suelta a la emoción y regalando quizás uno de los
mejores y más profesionales conciertos en la dilatada historia
de la banda.
Con el correr de
los minutos algo quedó muy en claro: que la banda se había
tomado al pie de la letra el hecho de presentar su nuevo material
en vivo, y así fueron sonando uno tras otro sus flamantes
temas. Drogocop, Alien Duce, Pogo, Las increíbles andanzas
del Capitán Buscapina en Cybersiberia y Estás frito
angelito, llevaron el acompañamiento de 40000 voces, confirmando
que la mecánica de aprenderse de memoria todas las letras
se mantiene vigente. De todos modos, la belleza musical de La pequeña
novia del carioca y ese nuevo himno llamado Gualicho se llevaron
los mayores aplausos, pasando directamente a la galería de
clásicos.
El hecho de que interpretaran
la mayor parte de Ultimo bondi... casi sin intercalar temas viejos
permitió descubrir no sólo sus enormes deseos de llevar
sus estrenos al vivo sino también el excelente ensamble entre
todos sus componentes, comenzando por Sidotti en la batería
y Semilla en bajo (quienes marcaron bases ajustadas y potentes sobre
las cuales Dawi apoyaba sus teclados y el saxo mientras Skay apuntalado
por el Conejo Jolivet introducía sus punzantes y filosos
estiletazos de guitarra) y cerrando el círculo con el magnetismo
y la atracción que ejerce el Indio Solari.
Ni siquiera la media
hora de interrupción, provocada por un desperfecto en uno
de los generadores de energía que por suerte pudo solucionarse,
logró enfríar una velada que en su obligado segundo
tramo dejó ver el lado más rockero y tradicional del
quinteto, cabalgando sobre gran parte de sus hits. Así sonaron
Vamos las bandas, La bestia pop, Nueva Roma y Mi perro dinamita
para alcanzar el éxtasis y generar un mar de remeras agitándose
en el viento con los acordes de las explosivas Jijiji y Ñam
fri frufi fali fru. Acompañados por un cuidado diseño
lumínico, dos pantallas de video y un óptimo sonido
que permitía apreciar todos y cada uno de los instrumentos
con claridad, Los Redondos se dieron el gusto de volver a montar
su celebración ricotera (que supera ampliamente los límites
y las características que encierra todo concierto de rock,
dada la terrible carga pasional de las bandas) muy cerquita de Capital,
dejando abierta la posibilidad de un futuro y no tan lejano encuentro.
Quizás, el de Avellaneda, no haya sido aún el último
bondi en la vida de Patricio Rey, un auténtico e incólume
fenómeno de masas.
CYBERREDONDOS
Ultimo bondi a Finisterre,
el nuevo álbum de Los Redondos, de movida nomás sorprende.
En primer lugar, por el diseño gráfico de primer nivel
que sitúa a la banda en un mundo virtual. Y en segundo término
porque ese concepto futurista se completa con un renovado e impensado
golpe de timón en su música. Mientras el presente
del rock local se ve liderado por bandas que parecen haber mamado
de la manera de trabajar y del rockanroll de Los Redondos; ellos,
liderados por El Indio Solari y Skay Beilinson, le dan un puntapié
a su pasado y cierran el siglo con un trabajo que, excepto en Alien
Duce, Pogo y Scaramanzia, tiene muy poco de rock. Ultimo bondi...
presenta a un Patricio Rey sumamente interesado en las nuevas tecnologías,
las máquinas y los samplers al servicio de canciones de muy
buena factura, con melodías redondas y más cercanas
al pop. Gualicho y La pequeña novia del carioca son claros
ejemplos del rumbo adoptado por la banda, una agrupación
con deseos de evolucionar y de transitar nuevos caminos musicales.
Y eso, en el caso de Los Redondos- que ya llevan varios años
a cuestas- resulta muy saludable. Temas Académicos
El
pibe de los astilleros Un ángel para tu soledad Cruz
Diablo Scaramanzia Drogocop Pogo La pequeña
novia del carioca Las increíbles andanzas del Capitán
Buscapina en Cybersiberia Vamos las bandas Nueva Roma
Todo un palo Gualicho Alien Duce El árbol del
gran bonete Estás frito angelito Shopping Disco Zen
Juguetes perdidos Esto es to-to-todo amigos Mi perro dinamita
Ñam fri frufi fali fru La bestia pop Queso ruso
Jijiji Un tal brigitte Bardot
-----------------------------------------------
EL ÚLTIMO BONDI RESULTÓ DE PRIMERA
| LA NACIÓN
Recital de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota,
integrado por el Indio Solari en voz, Skay Beilinson en guitarra y coros,
Semilla Bucciarelli en bajo, Walter Sidotti en batería y Sergio Dawi en saxo y
teclados. Invitados: Gabriel "Conejo" Jolivet en guitarra y Hernán Aramberri en
batería. En el estadio de Racing. Nuestra opinión: Muy Bueno
Asombrados, felices y entusiasmados, miles de redondos temblaron
al apagarse las luces. La ceremonia estaba por comenzar y esta vez llegó como
nadie lo esperaba: en las pantallas, a los lados del escenario, la nave-bondi se
prepara para despegar. Con esa estética de dibujo animado con la que aprendimos
a prepararnos para el futuro que es hoy, Rocambole ideó una perfecta
introducción.
Y en cuanto los cinco tripulantes bajaron de su nave, las primeras notas que
surgieron, ahora sí, de los instrumentos que se mueven con tracción a sangre,
fueron las inconfundibles de "El pibe de los astilleros" que el gigantesco coro,
sabiendo que ya es, desde hace años, absolutamente suya, coreó con afinación
perfecta.
A ese tema siguió "Un ángel para tu soledad" y "Cruz diablo!" para luego
comenzar con una seguidilla de cinco temas del nuevo CD "Ultimo bondi a
Finisterre". Aquí es donde se sumaron -para quedarse- el Conejo Jolivet en
guitarra y Hernán Aramberri, que, desde su batería digital, disparaba los
sonidos que completaban estos nuevos temas.
Esos extraños sonidos nuevos son rock, ahora y aquí, en el fragor del
recital; el rock que nos corre por las venas, el que late fuerte esta noche,
aunque nuestras neuronas estén registrando horizontes de amores virtuales. Allí
conviven entonces el rito de siempre: el de los brazos levantados y las bengalas
que son hogueras rituales junto al servicio que nos presta la tecnología hoy y
que permitió que el show tuviera el nivel de los mejores. Excelentes luces, un
sonido que fue perfeccionándose a medida que avanzaba el show, y las dos
pantallas que eran algo más que meros reproductores de lo que pasaba sobre el
escenario armando una película propia.
Luego de "Scaramanzia", "Drogocop" y "Pogo" comenzaron con "La pequeña novia
del carioca" y las luces se apagaron en el escenario. Completamente a oscuras,
la banda siguió sonando. Aunque más tarde, El Indio aclaró que había saltado un
generador, en unas de las pocas palabras que pronunciará en la noche. Y sí,
saltó un generador, cantó a oscuras y todo siguió adelante, como si nada,
surfeando, como siempre, avalanchas (y los seguidores saben que las ha habido
peores, más duras y llovidas) y que de paso sirve para romper el espejismo de
Primer Mundo, que si la puesta está a la altura de la de cualquier banda que
llega recorriendo el mundo con su crew de técnicos y tecnología, ésta es nuestra
cruda realidad de vivir acá abajo, alumbrados por la oscura Cruz del Sur.
Salteado el inconveniente tocaron "Las increíbles aventuras del capitán
Buscapina..." y para cerrar esta primera parte un clásico para gozar: "Vamos las
bandas".
El futuro que llegó
Cualquiera que esté fogueado en recitales lo sabe: el orden de los temas
puede alterar el resultado. Y nuestros corazones. Por eso, cuando pasadas las
23.30 y tras el intervalo comienza la segunda parte del show, "Nueva Roma" y
"Todo un palo" trazan dibujos en nuestras emociones. Es que allí es cuando
recordamos que hace muchos que cantamos que "el futuro ya llegó" y que no es
como lo esperábamos. Pero que, en todo caso, este disco, con sus múltiples
referencias a un tiempo que vendrá y que ya está, nos marca que el desafío es
construirlo. Que este asunto está ahora y para siempre en nuestras manos.
Vayamos en bondis, trenes o naves.
Luego, nuevamente a lo nuevo. "Gualicho", "Alien Duce", "El árbol del gran
bonete" y "Estás frito angelito". Pero es después de volver a las que todos
sabemos ("Shopping Disco-Zen" y "Juguetes perdidos" -todo un himno, ya lo ves-)
que largan con la apuesta más difícil:"Esto es to-to-todo amigos", desafiante
construcción sonora que nos lleva a años luz del rock simple de guitarras con
implacables latigazos al cerebro. Consecuente, su letra nombra a Omar Chabán y
la mayoría de los miles que escuchan lo conocen de las duras noches de Cemento,
y sí, él podría ser el mejor personaje de esta cyber-Babel, de esta pesadilla de
futuro que habita en el mismo centro de la ciudad.
Momento de bises y de fiesta. A brillar entonces y bailar y cantar con "Mi
perro dinamita", "Ñanfrifru...", "La bestia pop", "Queso ruso" y "Ji ji ji". En
la elección -nuevamente- estaba la llave de la fiesta. Porque en esos temas el
ritual se completa con los gestos de uno y otro lado del escenario. Llamada y
respuesta, los coros de siempre en "La bestia...", los aplausos acelerados en
"Ji..." ya con todo el estadio encendido, de pasión y de luces, mirándonos las
caras, reconociéndonos. Con el ultimísimo bonus track. "Un tal Brigitte Bardot"
nos vamos. Hemos sido felices por dos horas y media. El límite es el cielo |
|