Revista
La García. Año 2. N° 45. Noviembre de 2001
DEL UNIVERSO
AL BIFE
¿Por qué este título? Simplemente
porque así bautizó el Indio Solari a las entrevistas
con La García. Porque en ellas se habla de todo, desde lo
puramente existencial hasta de si fuma o si toma tal o cual cerveza.
Como en los dos encuentros anteriores, pasamos un rato largo con
la plana mayor de Patricio Rey, reporteando pero también
charlando sin grabador de por medio. “Es un placer que pocos pueden
darse”, pensábamos mientras nos acercábamos al lugar
de encuentro. Por eso, tratamos de hacerles las preguntas que cualquiera
de ustedes les harían. Y, claro, con un número no
nos alcanza. Aquí va la primera parte, donde se habla de
los shows de Montevideo y Córdoba, de la dedicatoria de Juguetes
perdidos a Walter Bulacio, de los atentados en Nueva York, de la
música electrónica y de las elecciones. Para la segunda
parte reservamos varias joyitas: Los Redondos opinan sobre Los Piojos,
La Renga, la Selección argentina de fútbol, Sandro,
Manu Chao y... anticipan algo del disco nuevo. ¿Qué
otra revista te puede dar todo eso?
Después de casi 40 años, el Indio
Solari dejó de fumar. Dice que la pasó muy mal en
Montevideo, que había comenzado con un zumbido en el oído
un tiempo antes y que, para soportar el monitor inalámbrico
que usa en los shows y va en sus oídos, tuvo que recurrir
a unos cuántos analgésicos y antiinflamatorios. Cuenta
que en esos días su vida transcurría entre "En busca del Decadrón
perdido y El último que limpie los auriculares”, y que regresó a
Buenos Aires con mucha fiebre. Conclusión: no va más
al tabaco desde entonces, 23 de abril de 2001.
Semejante decisión hizo temer por los sucedáneos.
¿Cómo frenar la ansiedad cuando uno levanta el poderoso
dique del tabaco? Lo primero fue desterrar de ese lugar la comida,
a pesar de alguna tentación inicial hacia ciertos manjares
regionales que le traían algunos parientes. El Indio se ríe:
“En cada lugar
del interior dicen que tienen los mejores salames y los mejores
quesos de campo. Es ridículo”. Y después confiesa, sin ponerse solemne,
pero evaluando hasta donde se puede sostener esta situación,
que está tomando más alcohol. Que en realidad siempre
fue de tomar bastante, pero que antes empezaba al anochecer y en
cambio ahora arranca al mediodía. Y concluye: “Voy a ver si después
de los próximos análisis estoy mejor o peor. Si estoy
peor, creo que voy a volver a fumar”. En general, el Indio toma cerveza.
Es cerveza lo que pide Poli para los seis en un
bar de Palermo viejo, después de preguntarnos uno por uno
si estamos de acuerdo. Nos acomodamos en dos mesas cuadradas pegadas;
en una cabecera está el Indio, en la otra Skay, en uno de
los lados la Negra Poli y Humphrey y en el otro Pablo y Martín.
“¿Es fina
o gruesa la pizza?”,
pregunta Poli. La moza duda un instante y contesta con otra interrogación:
“Mmmm...¿cómo
se dice en español?”
Nos miramos desconcertados y el Indio lanza un “middle”, medio en joda, medio ¿qué me estás
preguntando? “Moyen-agrega la moza-. "Es que soy francesa”. Buen dato: la chica no
tiene idea de quiénes son esos dos tipos y esa mujer con
la que estamos hablando, Poli pide una pizza napolitana.
No hay mucha gente en el restaurante, apenas un
par de mesas ocupadas, un par de parejas, nadie que venga a armar
alboroto. La verdad, estamos desconcertados. Habíamos hecho
todo tipo de elucubraciones al respecto, que vendrían en
un auto con vidrios polarizados, que habría una especie de
vip en aquel lugar, que tal vez estaba cerrado y lo abrirían
especialmente para ellos... nada de eso. Es más, nosotros
tres llegamos antes y tuvimos que esperar unos diez minutos: en
el lugar nadie tenía idea de que íbamos a hacer la
nota allí. Entramos y nos fuimos como de cualquier restaurante.
“¿Quién
organizó todo?”,
se jactó Poli, tres cervezas y dos fernet después,
señalándose a sí misma con su mano, con una
amplia sonrisa en la cara.
El Indio, Skay y Poli llegaron caminando desde la
casa que comparten el guitarrista y la manager a unas cuadras. No,
nada de lo que se imaginan: ni fans, ni groupies, ni limusinas,
ni guardaespaldas, ni hordas de desangelados, ni siquiera un molesto
que les pidiera un autógrafo o, al menos, les gritara un“aguante Los Redondos”. Nada. Se sentaron y, antes
de comenzar la charla, el Indios se sacó los anteojos de
sol. El dato parece menor, pero no lo es: era la primera vez que
iniciábamos una charla y él estaba sin anteojos. Y
eso que todas las notas siempre fueron de noche.
El Indio tiene una mirada que te atraviesa. Claro,
es muy difícil abstraerse del hecho de que estás frente
al Indio Solari, pero así y todo, te fulmina. Por eso uno
entiende cuando elige el terreno de la confesión para explicar
lo que significa para un tipo como él relacionarse hoy con
gente a la que no conoce y por qué prácticamente le
resulta imposible hacer nuevas amistades. Uno entiende esa soledad
profunda, tan profunda que se hace imposible compartirla con alguien.
Skay es otra historia. Alguna vez lo bautizamos
como “la música”, porque cuando él habla vale la pena
escucharlo. Siempre dice algo cuando tiene algo para decir y, en
general, lo hace en voz baja, casi en estado zen. Pero un zen sin
shopping ni disco. Es atento, y camina por su barrio como un vecino
más. Uno casi lo llega a querer.
Solari se entusiasma especialmente cuando habla
de la música de edición (su trabajo cotidiano) y de
la cultura rock (el marco histórico, social, cultural e ideológico
en el que se desarrolló su vida y su obra). Pero su entusiasmo
se vuelca también a otros temas. Al Indio le gusta hablar,
le gusta elegir cada palabra precisa, argumentar cada opinión
hasta que no quedan más angulos desde donde abordar un tema,
se trate de las nuevas canciones de Los Redondos o de cómo
juega la selección nacional. Su entusiasmo lo lleva a hablar
de todo, en un fervor hacia el acto de exponer ideas inédito
en el rock. Tal vez el único que se le parece un poco en
semejante ejercicio intelectual es Daniel Melero. Y, fuera del rock,
Alejandro Dolina. La comparación es absolutamente arbitraria,
por supuesto, pero en muchos aspectos nos hizo acordar a esas personas.
Claro que su fervor entusiasta por discutir, opinar
y cambiar ideas no lo transforma en un tipo que espera ver sus frases
talladas en mármol. Como nunca en las tres entrevistas que
tuvimos con Los Redondos, el Indio Solari esta vez se encargó
de dejar bien en claro que nada de lo que diga puede ser tan importante
e incluso prefirió restarle importancia a lo que para muchos
es el valor supremo de Los Redondos: su capacidad para decir no.
El Indio habla y opina de todo porque se entusiasma y porque se
produjo un clima distendido, ayudado por unas cuantas cervezas (¿seis?
¿ocho? Nosotros también perdimos la cuenta...) y porque
es un tipo amable. Pero...
INDIO: No hay nada peor que las tendencias exitosas.
Las tendencias exitosas como el rock, lo que generan es mediocridad.
Y con la música de edición pasa lo mismo. Cuando me
refiero a música electrónica no me refiero al house
o al dance. El título que se le da por lo general, que es
progressive, no me gusta porque me hace acordar a la música
progresiva (se ríe). Pero en realidad es eso, y lo único
que tienen en común es el sistema de edición.
¿Y el fenómeno de los DJs qué
te parece? INDIO: A mí pinchar discos me parece entretenido,
tenes que tener un feeling para sentir la noche, la gente que te
baila, pero no es una cosa que me interese. Me interesan, sí,
los DJs que pinchan discos y aparte producen discos. La maravilla
que trae este mundo de la música de edición, es que
podés escaparte del género. A mí la cultura
rock me formó, me dio mucho y todo, pero no me interesa más
ir a ver a bandas de rocanrol cuadrado. Porque lo viví toda
la vida, crecí con eso, sé quién lo hace bien
y quién está haciendo por quinta vez chachachachannturi...¡Ya
está! La música de edición ha traído
una maravilla que es el asunto de los sonidos, las texturas, las
profundidades, las tres dimensiones. Es una música que se
merece, de aquí en más, el mundo. En función,
aparte, de cómo funciona el mundo, de lo que hay para ver,
el sonido surround. Cuando aparezcan esas cosas, cuando en este
país la gente pueda disfrutar de los beneficios de la tecnología...
En el mundo es una música masiva... INDIO: No tanto. No hay que confundir la música tecno,
de discotheque, que es otra cosa. Eso existió toda la vida.
La música electrónica incluye montones de subgéneros.
Lo mismo que la cultura rock. La cultura rock es una cultura que
se fagocitó montones de subgéneros. Yo creo que lo
primero que se está escapando de eso, de la cultura rock,
es este sonido. Porque tiene otras características. Lo que
sí se parece mucho, y es otro atractivo, es que son todos
productores independientes que trabajan en sus casas. Tienen home
studios. Luzbola parece el estudio egipcio de Los Angeles, porque
está mucho mejor preparado que cualquiera de esos estudios.
Porque como se trabaja todo por línea, en realidad no necesitás
lugares acústicos ni nada. Y son máquinas baratas.
Un sampler sale trescientos dólares. No digo que se lo compre
la gente que esta inundada en Santa Fe, pero para aquél que
pretende hacer música, y publicar y editar, son máquinas
baratas...
¿Y te gustaría trabajar con alguno
de esos productores en algún momento? INDIO:
No, no, no. A mí me gustaría ser productor (risas).
Creo que el productor es el que pinta. El que decide el sonido final,
es el que está trabajando. A mí hacerme producir por
otro nunca me interesó, y por eso nos mandamos tantas cagadas
con Skay (risas), porque nos gustó producirnos nosotros y
no que venga uno de estos tipos y que diga “no, la guitarra...”.
EQUIPO
DE ACTUACIÓN ¿Cómo
fue llevar en vivo la música de edición? INDIO: Generalmente, todos esos productores trabajan en estudios
y después tienen un equipo de actuación. Porque lo
que no permite la música de edición es que la actuación
sea vasodilatadora. Es un embole ver a dos boludos con un montón
de maquinolas. El otro día vi un show de Moby alucinante.
Pero el tipo reemplaza, tiene una bajista, un par de negros que
hacen las voces que él tomó de discos de blues viejos...
Los tipos generan un álbum y después lo presentan.
Es un poco lo que nosotros estamos haciendo ahora.
¿Eso significa que hoy Los Redondos
están tan lejos del concepto de banda de rock como lo estaban
de una banda tropical cuando se pusieron el nombre Patricio Rey
y sus Redonditos de Ricota, inspirado en esas agrupaciones caribeñas? INDIO: Yo siento
que no he modificado prácticamente nada. En realidad, siempre
fue así. Nunca hicimos música comunal, las canciones
las hicimos con Skay. No es que le preguntábamos qué
hacer a la banda. Nunca se trabajó así. Lo bueno que
tiene en estos casos, si lo quisiéramos comparar con un equipo
de actuación, es que el equipo de actuación son amigos,
están con uno y en vez de contratar... Qué sé
yo, podemos contratar algún músico invitado. Yo estoy
viendo, todavía no lo he hablado con los chicos, pero probablemente
tengamos que tener a alguien más que cante en la banda. Tiene
que haber alguna voz masculina. Lo que pasa es que poner dos tipos
con panderetas, todo eso (risas) no es lo mejor. Vamos a ver cómo
hacemos.
¿Cómo se sintieron en Montevideo,
cuando llevaron los temas de Momo Sampler al directo por primera
vez?
SKAY: En realidad fue mucho más sencillo
de lo que esperábamos. Cuando empezamos a grabar, ni pensábamos
en cómo se iba a solucionar en vivo. Pero las cosas se fueron
acomodando bastante bien, por el hecho de que aparezca Hernán,
que puede disparar samplers, cuestiones rítmicas que por
ahí son más complicadas para una sola batería
y que podés resolver en dos baterías y los samplers.
Fue mucho más sencillo de lo que creíamos.
INDIO:
De cualquier manera, siempre,
aunque uno no lo está pensando, lo está pensando.
En el momento de componer, a mí me pasa, hay un formato que
son Los Redondos y que en algún lugar está. Yo me
enloquezco pero en algún lado estoy pensando.
¿Cuáles creen que son los temas
que más rindieron en vivo? SKAY:
Todos los temas ganaron en
vivo. Hay algunos momentos pico: Sheriff, por ejemplo. Los temas
llevan un proceso: la creación, el momento de grabarlos,
y después van madurando. A medida que los vas tocando hay
pequeños arreglos, pequeños rollos, pequeñas
cosas y todo se empieza a acomodar, la duración de un solo,
cómo irrumpe en determinados segmentos y que se van acomodando.
El tema está grabado y quedó, pero al momento de ensayarlo
empezás a recrearlo.
Da la sensación de que los temas llegaron
maduros a Montevideo...
POLY: Hay una cuestión emocional.
INDIO:
Trato de no comparar las
dos cosas. En directo se pierde en prolijidad y en calidad de sonido,
pero se gana en potencia y en emoción. Por eso insisto: son
dos campos totalmente diferentes. Uno tiene que poder representar,
de alguna manera, la música. Y, como dice Skay, de movida
ganan en vivo. En el disco hay lugares que te vas a un fade out
y acá tenés que arreglarlo, y aparece una nueva figura
que no estaba y que también, si es rica, aporta otra cosa.
Para mí, son dos ámbitos bastante diferentes, generan
dos circunstancias totalmente distintas.
¿La elección de Morta.com para
abrir Momo Sampler en directo (en Montevideo y Cordoba) fue por
algo en especial?
SKAY: Los comienzos requieren...hay determinados
temas donde la voz está muy exigida, entonces...
INDIO:
Temas viejos. Para poder
cantar Preso en mi ciudad como cuando era joven, tiene que estar
un poco calentita la gola, no lo podés poner como primer
tema, sobre todo porque yo no soy de estar haciendo ejercitaciones
en el camerino. Se me va calentando a medida que va pasando el show.
SKAY:
Por otro lado tienen que
ser temas que podamos tocar casi de memoria, porque la ovación
de la gente te tapa todo, y ni nos escuchamos entre nosotros...
Mortapuntocom es un tema que dentro de todo ayuda.
La verdad, esperábamos algo más
“del concepto”...(risas)
INDIO: Tiene que ver con muchas cosas. Hay temas
que se eligen por la tonalidad, y uno también piensa en cómo
manejar un poco el clima. De alguna manera, uno es el disc jockey
de sí mismo y opta por manejar como un pulso imaginario.
TEATROS
VERSUS ESTADIOS Como
no habilitaron el campo en Montevideo, se dio una recreación
del ámbito teatral, que era lo que ustedes habían
comentado que les gustaría lograr. ¿Cómo lo
vieron desde el escenario? INDIO:
Bien, pero me cuesta mucho
diferenciar. Para mí el escenario es un lugar donde tengo
que resolver mi expresión, no importa cómo sea.
SKAY:
Pero se notó que estábamos
más cerca, hubo una sensación de un poco más
de intimidad. River es enorme...
INDIO:
River es una cosa especial.
Pero en Córdoba pasó lo mismo.
SKAY:
En Córdoba la tribuna
también cerraba así.
INDIO:
Pero de todas maneras, en
todos esos momentos yo siento un estadio. Nunca siento un teatro,
ni nada. Para mí es un estadio. Arriba de 25 o 30 lucas,
es un estadio. Hay mucha gente ahí. Aparte, las estructuras:
esto es un escenario que vos armás, otro mambo. Por supuesto,
las dos cosas tienen lo suyo. Lo que pasa es que una nos es posible
y la otra, momentáneamente, nos está vedada. La vez
pasada yo enmarcaba que a veces extraño eso. Pero uno siempre
extraña lo que no puede tener.
¿No les da ganas de juntarse en un sótano,
en un lugar secreto y hacer un show íntimo? INDIO: No, no,
no. ¿Tocar en algún lugar de improviso? Se sabría.
No se sabría antes, pero después sí. Toques
donde toques, al otro día va a salir. Aparte te acostumbrás
a ciertas cosas, como el sonido. Yo supongo que, como todo, la estrella
cambia. En algún momento estaremos tocando en lugares chicos.
Las cosas no duran para siempre. No es esa ambición que decís
“nunca más me va a pasar”. No, me va a pasar en cada lado...
Es raro, ¿no? Porque todas las bandas
aspirarían a tocar cada vez para más gente... INDIO: ¡Pero
yo no reniego! Estoy diciendo que extraño. Saber que somos
el grupo musical que más gente de todos los géneros
musicales con entrada paga ha hecho un estadio es una cosa gratificante.
Sobre todo para una producción independiente. Es conmovedor,
subir a un River hasta las tetas. Estoy diciendo que a veces, cuando
uno viene comiendo caviar, caviar, caviar...te querés comer
una pizzeta. Es así. Pero, si estuviera tocando en algún
boliche, estaría amargado como el culo de un pepino, diciendo
“no me pasó una mierda en esta vida. No fue exitoso el proyecto
en el que estuve”. Supongo, no sé. Uno nunca puede ver la
vida de uno de dos maneras diferentes.
¿Es cierto que desde que tocaron no
podés ir tranquilo a Montevideo, como antes? INDIO: No, no.
Pero me he tomado mi pausa en función de que siempre me pasa
una cosa así... Es como pasa en mi casa. Cuando no tocás,
no van todo el tiempo a tocarte el timbre, a dejarte CDs y casetes
y banderas y cosas.
Ustedes nunca habían tocado con otras
bandas, ni con grupos soporte. ¿Por qué en Montevideo,
antes del show, tocaron Sevelé y La Tribu Mandril? INDIO: Desgraciadamente
ni los conocí, ni estuve con ellos. Porque el escenario estaba
lejísimo, ellos estaban en otro lado, en otro camerino. Y
después escuché la grabación. Pero no los conocí
a los chicos.
¿Los uruguayos estuvieron por alguna
reglamentación?
POLI: No había ninguna reglamentación.
Fue una cuestión de respeto con la gente de la ciudad. Una
manera de que ellos estuvieran presentes.
INDIO:
Porque en realidad tampoco
es una banda de rock. Es otra cosa. Algo que, en definitiva, puede
parecerse a los talentos, a los cómicos o a los grupos de
animación que teníamos antiguamente.
Estuvo bien cuando dijeron que no haya locales
ni visitantes...
INDIO: A veces uno dice cosas que pueden sonar un
poco demagógicas, pero en última instancia es tirar
una onda desde arriba del escenario. Yo no soy muy de hablar, porque
me parece que cualquier cosa que decís desde arriba es medio
demagógica. Hay momentos donde de pronto una pequeña
palabra desde ahí ayuda, y por eso uno lo manda. Lo ideal
sería que uno no hablara arriba del escenario.
WALTER
Y LA DEMAGOGIA En
Montevideo también hiciste una alusión a Walter Bulacio,
por primera vez desde arriba de un escenario. INDIO: Coincidía...¿Sabés
qué? Cuando hablo de demagogia estoy hablando de eso. De
que uno tiene que abrir la boca cuando lo siente. Y por más
que haya una especie de obediencia pública que por momentos
te compulsa a hacer la canción de Walter, a hacer todo...
Y esa es la gran traición contra la sensibilidad de la gente,
llevado por la demagogia a hacer cosas y tener todo el tiempo...Yo,
sinceramente, ese día sí sentí que era un buen
momento para hacer el comentario que hice. Y aún así
tengo mis dudas.
De todos modos, no hay un reclamo de la gente
en ese sentido.
INDIO: No. Pero son pudores que uno tiene. Tengo
mucho temor al discurso desde ese lugar. La canción tiene
que ser potente, porque eso es lo que te justifica. Pero el discurso
es el aprovechamiento del poder de fuego que tenés ahí.
Entiendo que hay gente a la que las circunstancias de la vida lo
llevan a tener actitudes que a mí me repugnan. Yo estoy bendecido
por el permiso de mucha gente para no tener ese tipo de actitudes.
Ni siquiera me quiero meter a enjuiciar la manera en que hablan
los demás. Pero a mí ese tipo de cosas me rebelan
mucho más que cualquier otra cosa.
¿Cuáles son “ese tipo de cosas”? INDIO: Si la
gente conociera cómo son los mecanismos que funcionan en
esos festivales... No quiero meterme en eso porque cada uno hace
de su plan lo que puede, y lo que quiere. Nosotros, en ese sentido,
estamos bendecidos por el cariño de la gente y eso nos ha
permitido respetarnos a nosotros mismos y tomar las decisiones cuando
son reales, y no cuando nos conviene. Pero bueno, es muy fácil
decirlo. Cuando digo bendecido, con el hecho de que la gente compra
tus discos, escucha lo que hacés, te va a ver, llenás
los recitales en épocas de crisis. Pareciera ser que es un
lugar bastante cómodo para poder ser honesto, poder ser virtuoso
y poder ser elegante. Es verdad, no sé qué sería
de mí si esto me hubiera tratado de otra manera. No estoy
emitiendo un juicio con respecto a eso; simplemente digo que yo
me puedo dar ese lujo. Darme el lujo de no ser demagogo al pedo.
Yo no sé lo que es ser un músico de sesión,
o tener que aparecer en algún lado, o estar que ya no vendés
y la compañía te bajó el pulgar...Qué
sé yo, no sé qué es todo ese mambo.
LOS
REDONDOS DAN LABURO Hoy,
cada show de Los Redondos, más allá del espectáculo
artístico, genera mucho laburo alrededor: la gente viaja,
va al hotel, se come un choripán... INDIO:
Hay un montón de combinaciones
diferentes (risas). Hay algunos que van sin ellos, el cerebro quedó
acá y van. Hay de todo.
Pero en un momento donde nadie gasta un mango,
un show como el de Córdoba implica un movimiento de veinte
mil personas que gastan guita. INDIO:
Desgraciadamente, yo no soy
muy optimista con respecto a eso. Puede ser el último baluarte
de la gente interesada por algo, que gaste su último billete
o que lo guarde o que lo robe, o no sé cómo hacen.
Pero esto que está pasando en el país hoy tiene una
inercia tan trágica que supongo que en cualquier momento
para todo el mundo se acabó. Es muy difícil que esas
cosas duren porque está todo mal, muy mal.
Pero tal vez al tipo que tenía un puestito
de choripán en la zona del Chateau le salvaste, no sé
si el año, pero sí un par de meses... INDIO: No lo
estoy viviendo con culpa. Digo que esta última intención
de la posibilidad de la gente de ir a confirmar algo con su esfuerzo
es una cosa que en cualquier momento también puede dejar
de pasar, porque la gente está hasta las manos. Cada vez
que nos reunimos para una nota (una vez por año), creemos
que nunca puede estar peor, ¿no? Siempre terminamos hablando
de lo mal que está todo. Y pasan unos meses y está
peor mal, mal, mal. A mí no me da miedo por mí, ni
por mi proyecto. Porque a esta altura estamos un poco confirmados.
Es decir, si uno quería decir “ya me pasó”, podría
decir “ya me pasó”. Yo no necesito que la vida me justifique
más. Me preocupa por el hecho de qué pasa cuando ni
siquiera estos proyectos pueden amparar el corazón de la
gente.
¿Cómo los afecta a ustedes en
lo personal y en lo cotidiano esta situación colectiva? INDIO: Yo no
estoy viviendo ningún padecimiento de los que vive el porcentaje
mayoritario de la población. Pero uno no vive solo en este
mundo. El resto de mi familia, o mis amigos, son profesores, gente
que vive con nada, e intento-en lo posible- darles una mano. Pero
no vivimos rodeados de gente exitosa. Tampoco en la farándula,
en la noche, rodeados de ejecutivos y de modelos, falopín
y esas cosas...
En cambio los tipos que toman las grandes decisiones
sobre la economía y la política sí parecen
rodeados de gente exitosa. Los mercados, Cavallo, De La Rúa
o quien fuera...
INDIO: Es que es así. Generalmente, la gente
termina vinculándose con otros que están en la misma:
los que tenemos guita vamos al country, y estamos encerrados ahí,
en esa nube de pedos, mirando todos Direct TV, yendo al colegio
Saint Paul y no sé qué mierda, y todos en esa burbuja,
viviendo en eso, un poco también en defensa propia. Cuando
digo esto sé lo miserable que soy y nunca he podido ponerme
en juez de los demás, pero vivir en una nube de pedos, en
una situación cortesana, no es una cosa conveniente, tampoco.
Es como una manera que uno tiene de detener la realidad para que
no te afecte todo el tiempo. Pero del otro lado del paredón
de tu country está bulleando otra cosa...
NUEVA
YORK DE HOY Hasta
que en algún momento viene un talibán suicida en un
avión y por ahí la pasás mal... INDIO: Exacto.
Bueno, eso es lo que ha pasado. Se está poniendo muy difícil
para cualquier intelectual no ver la cultura como una enfermedad
y la condición humana como una abyección. Se acabó
la Disneylandia donde iban todos los ricos de todo el mundo a disfrutar
sin ningún tipo de problemas, entre los cuales estoy yo.
A mí Nueva York es una ciudad que me apasiona. Pero la capital
del imperio, donde la gente que vive bien de todo el mundo iba a
disfrutar alegremente, también se ha acabado. Si yo tuviera
que elegir entre vivir en Nueva York o a Kabul, yo me voy a Nueva
York (risas). Pero por otro lado, lo que ha pasado tiene otra significación,
una significación política; es decir, la capital del
imperio es lo que es. Es toda una abyección el hecho de que
alguien mate cinco mil tipos de 62 nacionalidades diferentes. Pero
por otro lado, también estamos viendo todavía que
mueren a parvas en otros lados, y Occidente está ciego a
ese dolor.
Emocionalmente, ¿qué te pasó
el 11 de septiembre a la mañana cuando prendiste la tele? INDIO: Me acordé
de dos vendedores de Structure. Espero que hayan zafado porque estaban
abajo. Espero que no le hayan hecho caso al “Don´t panic,
stay where you are” (risas). Yo siempre voy a los malls que hay
abajo, porque hay un lugar, Structure, donde me gusta comprar alguna
ropa. Hay un trolo, un negro y otro, que son unos tipos con los
que mas de una vez hemos estado chichoneando, boludeando, y espero
que estén vivos. Me impresionó eso. Es conmovedor
porque vos conocés el lugar. Es diferente cuando bombardean
Kabul y vos decís “qué sé yo como es Kabul,
debe haber un mercado, carnes colgando, no sé qué”.
Pero lugares donde uno estuvo, y que va muy frecuentemente, es raro.
De cualquier manera la magnitud que tiene es trágica.
LAS
ELECCIONES Hubo
elecciones hace poco, ¿fueron a votar? INDIO:
Sí, yo fui. Pero me
gustaría que el voto fuera voluntario. Más allá
de que la multa por no ir es ínfima, a veces podés
tener alguna complicación burocrática con algunos
trámites. Me resulta más fácil ir. Voy a las
seis menos diez, me están esperando a mí con cara
de orto porque soy el que falta para cerrar el escrutinio. Llego,
entro, voto, firmo un par de autógrafos en la mesa y me voy.
A mí sinceramente me gustaría que fuera voluntario
el participar o no, porque hay momentos en que la voluntad de uno
es no participar. No puede ser obligatorio que la gente esté
compelida a participar de un sistema por el simple hecho de habitar
acá. A mí me gusta la libertad en todo sentido.
SKAY:
Por supuesto que uno sabe
que al no ejercer ese derecho le está dando el poder a otro
que decide sobre uno.
INDIO:
Lo que pasa es que, se quede
el que se quede con el poder, a mí me da lo mismo. La diferencia
entre Menem y Chupete De La Rúa me importa un queso porque
sé cómo funciona la estructura. Cualquiera que tiene
voluntad de tener poder político no es por hacerte bien a
vos o para la argentinidad. Es para llegar a un escritorio donde
hay unos papeles que firmar, unas cometas que hacer y unos amigos
que colocar. Esa es la carrera política. ¿Vos pensás
que tirarían la honra a los perros y se pelearían
como se pelean para darte una mano a vos o a mí? Me importa
tres carajos si es Menem, De La Rúa o Duhalde. Madonna me
gustaría.
Si no fuera obligatorio, ¿irías
a votar?
INDIO: Lo que tiene la libertad es la posibilidad
de elegir. Lo que quiero es ser libre, después veo. No sé
si no quiero votar, por ahí a veces sí. Quiero ser
libre de votar o no votar. Eso me interesa. No me gusta ninguna
obediencia pública, no creo en estos órdenes. En algún
lugar uno es medio anarco por más que sepa que cualquier
ordenamiento precisa de una estructura. A mí me ofenden el
documento de identidad, la policía. Si hay un ejemplo de
lo que era Estados Unidos antes del atentado es que era una sociedad
donde vos podías vivir sin andar mostrando una tarjeta con
una certificación de tu existencia. Me ofende el documento
de identidad, pero no soy pavote, tengo DNI.
Paradójicamente hay una remera con tu
DNI...(risas)
INDIO: ¡Por ejemplo! ¡Un escrache total!
Volviendo, yo acepto las reglas del juego, pero no me gusta que
una entidad me obligue a hacer cosas. A mí me ha pasado alguna
vez de preguntarle a un juez si él creía que yo merecía
estar preso después de estar hablando con él. Como
diciéndole “¿desde donde me estás juzgando?
Estamos hablando, vos sos un tipo inteligente. ¿Yo que soy?
¿Un canalla que merece estar preso?” Esas cosas pasan. Si
uno ve quiénes pueden enjuiciarte y ve sus conductas públicas
es muy difícil creer en los Trovato, los Oyarbide, tipos
que te pueden hacer mal a vos.
ZAPATILLAZOS
Y MIEDOS En
Córdoba te tiraron un zapatillazo, Indio, y te calentaste.
¿No le tenés miedo a las bengalas, por ejemplo? INDIO: En el
momento no pienso, y lo que más me pasa es tener que pedir
disculpas por el cambio de humor, pero no estoy acostumbrado a que
me tiren zapatillazos en la cabeza...
SKAY:
Siempre que te tiran remeras
las agarrás en el aire...
INDIO:
Las luces a veces te engañan,
o estás compenetrado con la música, con los ojos cerrados,
y te la dan. Pero no participo de esa cosa teenager de tirarle cosas
al público...a nosotros no nos interesa. Te pueden pasar
cosas, claro: si vos jugás al fútbol y te viene un
defensor uruguayo con los tapones de punta, cagaste (risas). Pero
uno debe tener más precauciones fuera del escenario. Cuando
salgo, o en casa, entre toda la gente que hay siempre están
los que quedan tildados con alguna cosa, sobre todo por estéticas
que uno maneja. Uno ya sabe que esos personajes son los peligrosos.
Revista
La García. N° 46. Diciembre de 2001
DEL UNIVERSO
AL BIFE PARTE II
Siempre nos pasa lo mismo: cortamos y cortamos cada
nota a Los Redondos, pero siempre nos quedan muy largas para publicarlas
en un solo número. Acá va entonces la ya clásica
segunda parte de una entrevista que, más que ninguna otra,
estuvo signada por la autopista que va “del universo al bife”, Solari
dixit. Si no nos creen, lean estas apostillas.
El
Indio/Carlitos Solari vs. Sandro/Roberto Sánchez En la primera nota que hicimos vos
hiciste la diferenciación entre Carlitos Solari y El Indio,
separaste el personaje del hombre. Pensaba (el que habla es Humphrey)
en un paralelo entre tu personaje y el de Sandro/Roberto Sánchez...
INDIO: No se me había ocurrido, pero no
va en desmedro de tu elucubración. Vos vivís de esto...yo
ahora tengo una vida más parecida a la de Menem, encerrado
en Don Torcuato (sonríe; cuando se hizo la nota Menem todavía
estaba preso). Hay un montón de artistas que despiertan lo
mismo. Puede haber una comparación en que uno no esté
a merced de estar todo el tiempo...
Sandro “cacarea cuando pone un huevo”, como
ustedes, pero él lo hace en la revista Gente... INDIO:
Depende de cómo es la personalidad de cada uno y de cómo
te va en el baile. En el caso de Sandro debe ser lo mismo, vos no
podés ser el langa, culearte a todas las minas que te tiran
el calzoncillo (risas) porque no da. Hay un desbalance que es éste;
aparentemente hay miles de personas que te quieren, y vos sos uno.
No podés responder como si fueran cariños reales.
Es inhumano hacerte cargo de un cariño con esta proyección
grande del personaje que vos hacés dentro de una ficción
o de un juego estético, de una cultura artística.
Te llevaría la vida responder a ese cariño en tiempo
real. Hace poco fui a El Agujerito a buscar discos y salí
a pasear por Florida y se armó tal quilombo que a un tipo
le voltearon un puesto de casetes de discursos de Perón,
y en ese bardo yo escuchaba a una vieja que me estaba pidiendo cosas.
Es tan absurdo que no podés encarar la vida y salir a que
te pase eso cada tres días.
Los
Piojos Skay,
vos tocaste con Los Piojos hace mucho. ¿Cómo fue esa
historia? SKAY: Hace 12 años toqué con ellos
en Palermo viejo, eran un grupo muy chiquito. Fuimos con Enrique
Symms y Willy Crook.
POLY: Los conocimos y nos hicimos amigos a través
de un hombre que nos relacionó, y se dio que tocaron en un
bar de Costa Rica y Armenia.
SKAY: Eran linda banda, siempre lo fue. La primera
vez que tuve noticias de ellos fue a través de Walter Sidotti,
que me dijo que había una banda buenísima. Los vimos
tocar un par de veces, unos pibes muy gauchitos. Era fácil
estar con ellos.
POLY: Nos vimos varias noches durante un tiempo,
nos hicimos muy amigos con Andrés, hasta el día de
hoy.
SKAY: Con Piti también, y con el violero
que estaba antes, Pablo Guerra, que ahora está en Caballeros.
La
Renga Indio,
cuenta la leyenda que una vez le mandaste un cajón de champagne
a los chicos de La Renga. ¿Fue así? INDIO: Yo
estoy a favor de las producciones independientes porque sí,
me gustan sin importar lo que hagan. No me interesa ni siquiera
emitir juicios, porque cuando uno está en esto los juicios
de uno son medio brígidos, medio rompebolas. Cuando La Renga
hizo el primer Obras les compré una caja de champagne y se
las mandé. Aparte son todos unos tipos divinos, el manager
es divino, el Lochu... ensayaban en la misma sala que nosotros,
así que los conocíamos.
Manu
Chao Manu Chao puso en el librito de su
último disco y hasta en un clip una frase que todos conocemos
y que a ustedes les debe sonar: “El futuro llegó hace rato”,
¿Sabían? INDIO: No, yo no sabía. Me gusta Manu Chao,
tengo el disco pero no lo escuché todo. Soy un comprador
compulsivo de CDs y no tengo tiempo de mirar el arte gráfico
de nada, porque compro de a veinte.
SKAY: Son frases que van quedando instaladas en
la cultura.
INDIO: No creo que nadie tenga la paternidad de
ninguna frase. Sólo es nuevo lo que hemos olvidado, entonces
muchas veces pongo en las letras cosas que he escuchado, ni sé
cuando, cómo o si de la misma manera. No es que invento todo
lo que en mi vida escribí. Yo soy producto de una cultura,
y la cultura me ha ido metiendo cosas que no hago como una especie
de recreación porque mi memoria es muy mala. No sé
cómo ha puesto una frase igual, pero supongo que a Manu Chao
le resonó en algún lado.
Famosos, músicos,
futbolistas INDIO:
En una época Manu
Chao tuvo la intención de conocernos, cuando estuvo en Del
Cielito, pero uno es medio chúcaro. Yo no sé cómo
se entablan esos vínculos que veo en otros músicos
que salen todos amigos, no sé cómo se forjan esas
relaciones. A mí me ha pasado de estar grabando en el mismo
estudio que otro artista muy conocido, y estábamos esperando
sentados afuera. Sale, me ve, me abraza y me hace entrar... adentro
había como veinte tipos terminando la mezcla, y yo no sabía
que mierda hacer. Yo lo conocía de las revistas, y él
también, y todos nos miraban como si fuéramos amigos,
yo me quedaba quieto. Estábamos grabando Octubre. Soy muy
pudoroso, aún con gente que admiro. A mí hay futbolistas
y rockeros-más afamados imposible- que han dicho que hablaron
conmigo por teléfono, y nunca. En algunos casos, ¡ojalá
hubiera pasado! (risas). Nunca nos pasó de estar en ese ambiente
y tener esos vínculos. A veces te perdés de conocer
a gente que te interesa por evitar momentos que a mí me tensionan,
porque no son espontáneos.
Iorio
-¿Cómo
les pega la situación de Iorio? Porque ustedes lo conocen
bien... INDIO: Yo hace mucho que no lo veo. Me enteré
después de la situación (se refiere al suicidio de
la ex mujer de Iorio); ellos estuvieron con Ricardo. A Iorio lo
conozco de la época en que íbamos a la galería
Bond Street, porque Alfredo Rosso tenía una disquería,
y Iorio vendía equipos o instrumentos ahí, y nos quedábamos
tomando algo, siempre escuchando música.
POLY: Es una amistad de la juventud, de la niñez,
por eso hay gran respeto.
-¿Y de la reinvindicación a Seineldín
qué opinan? POLY: Son cosas de él.
INDIO: Son cosas de él. No emito juicios.
Tampoco hay que creer que un músico de rock tiene las cosas
tan claras. Y a veces no tiene medida de lo que está diciendo
y está sujeto al juicio de los demás. No sé
que es lo que dijo, ni sé si me interesa. Yo tengo el recuerdo
de un tipo franco, simple, cariñoso; es lo que recuerdo,
hace muchos años que no lo veo, ni siquiera sé si
tiene una ideología. De cualquier manera creo que los artistas
deben ser medidos de otra manera. No estamos promoviendo ideologías
que vayan más allá de un orden estético, no
hay que darnos tanta pelota a nivel intelectual. No sé si
el discurso público de los rockers resistiría un análisis
intelectual muy profundo. Los rockers hacemos canciones, con distinta
suerte. Las pruebas desgastan la verdad. Cuando digo rocker no digo
algo menor: hasta en escritores maravillosos de la magnitud de Ezra
Pound o Louis Ferdinand Céline se confunde su rol por la
ideología. Yo estoy sujeto muchas veces a eso,en función
de que el discurso público de un tipo de 50 años aparece
como más consistente de un pibe de 19 que se lo pone en la
lupa para ver qué quiso decir, y en realidad es un sayo que
te queda grande. Se ha hecho una especie de interpretación
abusiva de la calidad intelectual que tienen las frases de Kurt
Cobain o de Charly García. Cualquiera de ellos dos ha dicho
cosas atractivas intelectualmente y barrabasadas y burradas terribles.
Y me incluyo en esto. No somos grandes intelectuales como para medir
todo dentro de una cosmovisión certera.
La
selección de todos
-Indio, ¿estás
siguiendo a la selección? INDIO: Por supuesto.
A mí me gusta la selección. ¿Cómo no
me va a gustar, si gana? Está bien el jogo bonito, pero el
jogo bonito en el que perdés 2 a 0 no va. A mí me
gustan más que nada los equipos que salen a la cancha y son
invencibles. Lo que noto de esta selección es que sale a
la cancha a ganar. Son invencibles. Hay una solidez... En este momento
nuestro país tiene un montón de jugadores que están
afuera que saben jugar ese fútbol y que son de los mejores.
Lo ves jugar a Verón en el Manchester United o a Crespo...
son todos jugadores de re puta madre. Tenemos esa suerte en este
momento, que no sólo jugamos jogo bonito sino que es un equipo
potente. Independientemente de cómo nos vaya en el Mundial,
creo que momentáneamente es el mejor equipo que hay. Salen
a la cancha y no dudo de que van a ganar. Siempre pasaba que “muy
bueno todo” pero nos vacunaban los brasileros, los alemanes... y
ahora no nos vacuna nadie.
-¿Te gustaría ir al Mundial?
INDIO: Yo soy fóbico de las multitudes, me
gusta estar arriba del escenario, pero no voy a ver a nadie. A un
estadio ni en pedo, dos mil ya me parece mucho...60 mil ni hablar.
Ni en pedo. Miro por televisión, se ve muy bien hoy en día.
Soy un tipo muy moderno, muy virtual, de la pantalla...
-¿Tenés el codificado para ver
los partidos del domingo? INDIO: Sí, tengo. Ahora me pusieron el de
Boca o River nuevo y ya me cagaron del otro lado, porque en el “clásico
del domingo” hay uno de Boca o de River, el otro no te lo dan.Voy
a ver si lo cambio. Cada vez hay que poner una billetera así
grandota, te cobran cinco pesos el gol. Déjame de joder.
LA ENTREVISTA
Lugar:
|
Bar Onduras, Palermo Viejo.
|
Duración:
|
Seis horas y 47 minutos. |
Puntualidad: |
10 (nosotros) y 7 (ellos, que llegaron diez
minutos tarde).
|
Clima: |
Cool cervezal
|
Bebidas: |
Cerveza y Fernet
|
Comida:
|
Pizza napolitana sin jamón (Poli es
vegetariana)
|
Banda de sonido: |
Rocanrol de lo más variado; en un momento
sonó un disco de Tom Petty y el Indio pidió
un poco de silencio para escuchar.
|
Tercer tiempo: |
nosotros, en un bar cercano; ellos, suponemos
que en lo de Poli y Skay |
|