Revista
ROLLING STONE Nº 13, Abril 1999.
HAY QUE
SACAR AFUERA EL INDIO QUE TODOS LLEVAN DENTRO
FAMA Y REALIDADES - EL TRABAJO - LAS CRÍTICAS - ESCRITOS DEL INDIO - DISTRIBUCIÓN Y OTROS
VICIOS
LECTURAS
- LOS AÑOS DE PLOMO - MÚSICA Y GUSTOS - EL GALLO MALO
Podríamos
pensar en la relación de Los Redonditos con su público
como una metáfora de la historia argentina reciente. Aparecidos
en la escena del rock nacional en plena dictadura militar, su primera
base de fans fue una amalgama ecléctica de la clase media
porteña y bonaerense de los años 70: estudiantes universitarios,
artistas de disciplinas paralelas, periodistas de las primeras revistas
jóvenes alternativas y rockeros que buscaban una opción
al monopolio del rock progresivo de la época. Todos estaban
hermanados por una resistencia tácita; a esa altura, la única
posible- a la propaganda de la sangrienta maquinaria oficial. La
resistencia personal de Los Redondos estaba implícita ya
desde su mera presencia fugaz por aquellos clubes ocultos en los
intestinos de San Telmo, Monserrat o La Plata (una presencia que
se anunciaba con poca antelación y que se difundía
de boca en boca entre los iniciados), cuando aparecían de
golpe sobre el escenario, maquillados, barbudos, caóticos
y eléctricos, y suplementaban su rock caliente y guitarrero
con insólitos sketches teatrales, chicas vestidas de odaliscas
y un Sultán obeso que, obedeciendo a una contraseña
inescrutable, interrumpía en algún momento su calma
contemplación de los hechos desde un extremo del escenario
para desfilar entre la gente con un canasto de panadero y consumar
así la comunión del grupo con sus feligreses mediante
el reparto de los célebres buñuelos- redonditos- de
ricota.
"Hay que hacer lo más de lo menos
permitido", decía
un grafitti clandestino de la época, y durante esa primera
fase de su existencia Los Redondos emitieron desde el escenario
un esperanto de rebelión hecho de estética pura. La
caótica amplificación, el universo gestual, los juegos
de palabras entre El Mufercho (monologuista y maestro de ceremonias)
y el Indio Solari, mientras Skay dividía solos con el guitarrista
invitado de turno; todo contribuía a generar un microclima
que envolvía la sala con los colores de todo aquello que
faltaba en la negra noche del proceso: sexo, humor, alegría,
reflexión. En esas paredes sudorosas del Teatro de La Cortada,
los fans porteños sintonizaron por primera vez la prosa hecha
de símbolos, innuendo y argot marginal de Los Redondos y
de su galería de personajes: habitantes de temas que fagocitó
el tiempo- como el burgués arribista de Supersport, o el
monstruo del comic urbano de El Hidromedusa- y también de
standards que recorrieron las décadas, como Un tal Brigitte
Bardot o Mariposa Pontiac.
La joven democracia
de los 80 entronizó a Los Redondos como abanderados del underground
local, al tiempo que la banda refinaba su propuesta en todos los
frentes. Temas nuevos- con mejores arreglos y letras más
prolijas- revelaron la buena química alcanzada por el binomio
compositor Solari-Beilinson, mientras que la antigua Babel escénica
se convertía en un sólido sonido de rock & roll,
con el aporte de músicos más versátiles como
el guitarrista Fargo Daviero, la base rítmica de Semilla
Bucciarelli y el Piojo Avalos, y el saxo de un muy joven Willy Crook.
Por otra parte, la obcecada política de independencia total
de Los Redondos frente al canto de sirenas de los sellos grabadores
multinacionales y de las productoras de espectáculos, comenzó
a dar sus frutos gracias a una cuidadosa operación de distribución
de sus discos y de organización de sus conciertos, supervisada
estrechamente por su mánager Poly, compañera de Skay
desde los viejos días.
Mientras dejaban
los viejos clubes por teatros de mediana capacidad, primero y- a
medida que su popularidad aumentaba entre el gran público-
por estadios cerrados como Palladium y Obras, después, Los
Redonditos tuvieron un primer pico creativo con sus tres álbumes
iniciales: Gulp, Oktubre y Un baión para el ojo idiota. Amparado
en un rock celebratorio y eléctrico, Solari se cortaba solo.
Con la posible excepción de Charly García (quién
también atravesaba por un momento creativo excepcional en
aquellos días de mediados de los 80), ningún letrista
del rock nacional podía acercársele al Indio en riqueza
de metáforas, background referencial o amplitud de miras.
Las intrigas en los pliegues de poder, la perfidia de los medios
de comunicación, los coletazos finales de la Guerra fría,
la alquimia que transformó las utopías de los 60 en
el cinismo posmoderno de los 80, los marginales de diverso tipo
que se caen por los costados del modelo oficial: todos estos fenómenos
fueron retratados por Solari con un lenguaje altamente simbólico,
pero no por ello menos directo. La popularidad de Los Redonditos
de ricota creció en una proporción hasta entonces
impensable. Paralelamente, la nueva prensa joven de la era Alfonsín,
liberada por fin de la mordaza castrense, los levantó como
bandera.
Los años 90
vieron la consagración de Los Redonditos en el plano nacional
y en una magnitud que excede el campo del rock, e incluso el mero
ámbito de la música, para insertarse en el universo
de los grandes mitos argentinos. Esta transformación, que
no registra precedentes en el rock local, fue conseguida sin que
el grupo abandonara su estrategia independiente ni alterase en forma
radical su estilo musical, más allá del reacomodamiento
de piezas que significaron los ingresos de Sergio Dawi en saxo y
Walter Sidotti en batería.
Cabe entonces preguntarse
que fue lo que llevo al grupo underground de ayer- cortejado por
la prensa, envidiado en secreto por sus pares y celebrado como un
secreto de iniciados por sus fans iluminados de los Años
de Plomo- a convertirse en el símbolo popular del aguante,
en una presencia obligada en toda casetera suburbana, en un hombre
omnipresente en las pintadas que adornan paredes de Resistencia,
Morón, Ushuaia o Paso de los Libres. Un nombre, además,
que hace que cientos de miles de jóvenes- muchos de ellos
de los estratos más carenciados de nuestro medio- se conviertan
en masas nómades que se desplazan a lo largo y ancho del
país para convergir en el siguiente estadio, plaza o club-
no importa cuál o dónde- que se transformará
por un par de días en la nueva Meca donde los Redondos celebren
su rito de rock & roll.
Un dicho popular
sostiene que los mitos no se explican. No obstante, detrás
de la devoción masiva hacia Los Redonditos de Ricota, y más
allá de los motivos más obvios de su éxito-
como que se trata de una gran banda de rock & roll- es posible
detectar retazos del entretejido social argentino en los 90. No
debería sorprendernos que ese público- que convive
a diario con la corrupción, el doble mensaje y la frivolidad
de sus gobernantes-, el mismo que ve reducirse a diario su calidad
de vida y se encuentra impotente para alterar un futuro sin expectativas,
se sienta identificado con unos artistas que vienen sosteniendo
un mensaje y una ética coherentes a lo largo de tres décadas.
FAMA Y REALIDADES El encuentro de Rolling Stone con los Redondos
tuvo algo de esos sueños recurrentes en los que algunos temas
que siempre están presentes en la cabeza vuelven una y otra
vez a ser analizados, viviseccionados y encarados desde distintas
ópticas, y aún así uno tiene la impresión
de que se sigue volviendo al punto de partida. En las varias horas
de charla desfilaron cuestiones como el ambiguo vínculo del
grupo con la fama que les trajo masividad, la difícil relación
con el periodismo, las ventajas de habitar un espacio independiente
del de la industria discográfica tradicional y el incómodo
rol de ser depositarios de tantas expectativas ajenas.
El diálogo
con Carlos Indio Solari, Eduardo Skay Beilinson y Carmen Poly Castro
comenzó distendido, en la casa de Palermo en la que conviven
los dos últimos. Podría suponerse que, por ser estrellas
de la contracultura, la estética que los rodea resulte extraña,
original, sorprendente. Pero en este hogar reina el gusto burgués
más corriente.
Se
plantean demasiados enigmas y se ha creado demasiada mitología
alrededor de ustedes.. Indio::
Bueno, vos sabés que siempre, en realidad, lo que hay alrededor
de una persona es una serie de malentendidos.
No
siempre. Indio:
A mí me parece que aun aquellos que deciden exponerse, y
ser como una especie de artistas existenciales, y desnudarse públicamente,
conservan un lugar que protegen para sí. Yo me llevo para
la mierda con esto de la popularidad, porque nos hemos formado en
una cultura en la que, por distintos motivos, el anonimato fue lo
más conveniente para la supervivencia. Uno no está
acostumbrado a que más gente te vigile, que en realidad es
lo que pasa. Vas a un restaurante, vas a un cine, y hay más
gente mirando a ver qué hacés, si te metés un
dedo en la nariz, qué pedís para comer...
Cuando
alguien se queja de las desventajas de la fama podría decírsele:
"Bueno, vos fuiste a meterte en las casas de la gente, ahora
bancátela; la gente no te dijo Vení.... Indio: Cuidado, lo que te estoy diciendo no es
una queja.
También
es cierto que ustedes han intentado no meterse tanto en las casas
de la gente... Indio: Te puede costar la vida. Ya desde el vamos, vos sos el
diseño de la necesidad de miles de personas. Por más
que estés premiado con un elogio por ese cariño; por
más que no tengan de vos la imagen del tipo que anda demoliendo
hoteles, sino otro tipo de imagen más grata, en definitiva
se trata de una serie de malentendidos que a través del tiempo
te van adornando sin que te des cuenta. En principio me quejo acá,
en cierta intimidad. Que uno se queje, teniendo la posibilidad de
hacer lo que quiere y que le vaya bien, cuando vemos lo que hay
alrededor, es medio un disparate. Pero también, si vos te
quejás y vas con una minita de levante a Puerto Madero, habiendo
telos en el Oeste en los que no te ve nadie... Hay como una
ambivalencia, en ese sentido, que también es genuina, porque
vos podés querer disfrutar de algo y te rompe los huevos
que no seas uno más de los que están ahí mirando.
Es un chaleco medio denso el que te ponés cuando tu personalidad
llama mucho la atención.
Pero
lo uno va con lo otro; el éxito trae esas molestias. Es como
pretender una relación amorosa en la que el otro nunca te
moleste: no existe. Indio: Se hace difícil, porque vos seguís siendo
uno solo, y esas personas son miles. No creo en el maltrato a la
gente que ha propiciado que vos estés haciendo lo que querés,
cómo querés y cuando querés. Eso no va. Pero,
por otro lado, el chico o la barrita que viene a tocarte el timbre...
Hace veinte minutos vinieron unos, hace una hora y media vinieron
otros, te llamaron por teléfono... llega un momento en que
se hace muy difícil. Tenés derecho al mal humor.
Otra de las historias es en qué momento te agarra la popularidad.
Nosotros tenemos la suerte de que nos agarró medio grandes.
Si vos sos pibe comprás todos los bondis que te dan y puede
pasar cualquier cosa; cuando sos un poco más grande sabés
lo que cuesta. Hay mucha gente que quiere tener algo en el medio
artístico y sabe que no hay muchas otras maneras, que necesita
promoción: estar en los lugares y aparecer. Nosotros, gracias
a Dios, no hemos tenido necesidad de eso. Si hay una queja, está
reducida al fastidio de preferir que fueran todos a Racing, que
compraran los discos, y después poder ir vos a comer, ir
al cine, y que nadie te jodiera. Sería la situación
ideal, que como decís vos, no existe. Más allá
de la asfixia, o de lo que te provoca el hecho de que en este mismo
momento haya miles de personas que están pensando en él
(señala a Skay) porque están escuchando el disco,
o mirando el póster....
Cuando sos más
grande, la personalidad pública puede no ser mejor de la
que vos conocés de vos mismo. Es muy fácil cambiarse
con el personaje público cuando, de pedo, por algún
motivo, vos te sentís medio perejilazo y un buen día,
de pronto, la gente cree que sos un capo total. Es muy fácil
ser el primero que esté a favor de ser ése. Por ejemplo,
Mirtha Legrand. A ella le encanta ser Mirtha Legrand. He leído
que cuando va afuera y no la conocen, dice: "En mi patria yo soy muy famosa...".
Creo que, si sos muy
joven, quizá tu personalidad pública tiene- hasta
para vos- un atractivo que, en tu intimidad, vos y tus amigos no
le ven. Cuando ya tenés una vida hecha y respetás
tu experiencia, eso de cambiarse por ese monstruo diseñado
por miles de voluntades necesitadas de proyectar en alguien, ya
no tiene el mismo sentido.
Qué
fuerza tiene ese deseo de fama... Como si la fama fuera a darte
una consistencia existencial...
Indio: Si vos tenés una vida muy elemental
y lo único que empieza a resultarte certero es que podés
pagar los impuestos del año pasado, que podés vivir
holgadamente, que te hacen un documento de identidad en tu casa...
Hay un montón de privilegios que tiene el famoso,y si creés
que esos privilegios son una meta importante en la vida, bueno,
la popularidad y la fama te los dan.
¿Te
hacen los documentos en tu casa?
Indio: A mí sí, pero a ellos no (señala
a Poly y Skay)
¿Por
qué a vos sí y a ellos no?
Poly: ¡Porque yo no tengo documento! (Se
ríe)
TRABAJO ¿Este trabajo se disfruta? Indio: Puedo decir que a mi me gratifica la totalidad
del esfuerzo que hacemos, pero hay momentos en que estoy hasta las
tetas. Cuando grabamos estoy nervioso, fastidioso; no estoy gratificado.
¿Sabés cuando disfruto? Cuando estoy arriba de un
escenario y las cosas salen bien. En ese momento hay un estado de
plenitud muy grande; no me pasan cosas mejores en la vida.
¿Qué
partes del trabajo te fastidian más?
Indio: La competencia con uno mismo. En nuestro
caso, dentro de la cultura rock (o como mierda la quieras llamar)
siempre estuvimos medio como en un andarivel aparte, haciendo una
experiencia diferente; la competencia no es con ninguna otra cosa
que no sea con uno mismo. Y eso hace que muchas veces te exijas
o estés a disposición del plan de una manera más
obsesiva, y no tan festiva y agradable como cuando estás
suelto. Cuando recién empezás, todas tus ideas
te parecen buenas. Cuando ya has expuesto una gran cantidad de tus
ideas y te cagaste en tus principios estéticos, o lo que
carajo fuera, con el tiempo te metés en una búsqueda
en la que tenés que realimentarte a vos mismo. Por eso, hoy
yo decía en joda que en este momento estoy necesitado de
una plenitud diferente, de quemar naves, de patear tableros, para
entusiasmarse nuevamente y lograr ese estado de inocencia donde
parece que todas tus ideas son buenas. El displacer siempre
nos viene en relación con nosotros mismos, con el álbum
anterior, con los temas anteriores, con la lírica anterior.
Es una meta que podemos extender, si podemos ampliar el campo de
lo que uno sabe hacer o puede hacer. Es lo que hemos hecho este
año: fichar más allá de la costumbre de todo
lo que nos apaña, que nos avala. Se armó un gran quilombo
porque se supone que nosotros somos una banda de rock y de pronto
ahora hemos jugueteado con otras estructuras, qué se yo...
¿Hay
realmente tanta diferencia entre éste último álbum
y los anteriores? Indio: Me sorprendió la recepción que tuvo Ultimo
bondi a Finisterre. Nosotros en realidad sólo hicimos unos
audiogames donde las texturas se apartaron un poco de las guitarras
básicas, porque los audiogames estaban pensados para este
concepto.
¿Audiogames? Indio: Es un invento nuestro. Como los chicos que
nos van a ver son medio de Laferrere o de lugares así, y
muchos no tienen computadora, entonces en vez de un videogame hicimos
un audiogame. Un juego para escuchar. Era simplemente eso.
CRÍTICAS Cualquiera supondría que los
Redondos harían un planteo con respecto a los comentarios
de la prensa... Indio: En realidad son cosas que estallan, más allá
de que uno previamente sepa que van a pasar. A esta altura, por
ejemplo, uno ya sabe hasta cómo van a ser las críticas,
de acuerdo a la relación que tenés con los medios,
con cada uno...
Me
sorprende esta actitud de ustedes. Pensé que iba a ser mucho
más crítica respecto del sistema. Indio: ¿Y eso de dónde te viene,
de lo que has leído, de dónde?
Tal
vez proviene de observar el tipo de público... Poly: No es la gente. Es solamente la prensa...
Indio: Es una sumatoria de cosas, es la serie de
malentendidos. Poly:
Yo no creo eso. Creo que,
por un lado, está el público de Los Redondos y, después,
lo que otros interpretan que esa gente necesita o crea o piensa.
Indio: El asunto de Los Redondos, el Redondos affaire,
es muy diferente del resto. No estamos sujetos a ninguna de las
cosas a las que está sujeta, en general, la mayoría
de los músicos. Cuando vos estás fuera de las corporaciones,
de los vernisagges para la prensa, de mandarles entradas a los periodistas,
de todo el franeleo con la estructura que hace de amplificación,
que te promueve, hay una distancia que hace que, muchas veces, se
hagan apreciaciones al tun tun, que nunca son certeras. Es lo que
hablábamos recién: las precauciones con las que vienen
a hacernos un reportaje. Vienen con muchos preconceptos que, por
lo general, han sido tejidos fuera de nuestra voluntad. Son cosas
que yo no te puedo eliminar de la cabeza pero tampoco te las puedo
confirmar, porque no han pasado así en la intimidad.
A nosotros no nos
preocupa ni cuando se dicen boludeces, como que puedo estar muerto
o, como una vez dijo alguien, que yo había sido profesor
de educación física en el Colegio Militar durante
la época del proceso... Hay también muchos intereses
económicos: hay gente que quiere editar tu libro oficial
y cuando les decís que el libro oficial lo va a sacar la
banda, inmediatamente... tuc, tenés un enemigo. También
nos ha pasado de perder en dos días, porque no quisimos ir
a sacarnos la foto de la tapa de una encuesta. Te llaman para que
vayas un martes a sacarte la foto con todos los que ganaron en las
otras categorías, y cuando vos les decís que no hacés
esas cosas, de ir a ponerte como en un pesebre, para el viernes
ya perdiste la encuesta. Entonces... Son enunciados públicos
que muchas veces con la realidad tienen muy poco que ver.
¿Por
qué no ir a posar para la foto?
Indio: Porque no tenemos ese hábito. Porque
no nos hace falta. ¿Vos te creés que a todos les gusta
hacer eso? No les gusta. La gente del rock, cuando habla en su intimidad,
forrea contra la prensa, y a todo el mundo le rompe los huevos hacer
esas cosas. El asunto es que saben que dependen de eso, en un grado
diferente en cada caso. Y se la bancan. No tiene que ver con defensas
conceptuales, ni con una especie de ideología, ni con nada;
tiene que ver con cosas que, si vos no tenés ganas de hacerlas
y te está permitido no hacerlas, no hacés.
La
confusión debe venir por el hecho de que no hacerlas se convirtió
en una marca, en un sello de estilo.
Indio: Ese es uno de los problemas. Muchas veces
han dicho que era como un plan maquiavélico nuestro y, en
realidad, ¿por qué no lo hacen los demás? ¿Por
qué no lo hacen desde temprano? Porque esto no es lo que
empezamos a hacer ahora; no es que apenas nos fue bien decidimos
forrear a la gente. Me querían adjudicar un discurso antitelevisivo
casi social. No soy tan estúpido como para pretender apagar
la televisión socialmente. Yo digo lo que me pasa a mí...
¿Ves
televisión? Indio: Sí, veo. Mucha televisión, veo. Una vez
dije que me gusta el flipper, pero no me gusta ser la pelotita.
Yo veo televisión; lo que no me gusta es formar parte de
la discusión de la gente: que si yo soy trolo o me falopeo,
que si estoy muy enfermo, que si me casé... No me interesa
eso, me interesa emitir un producto musical lírico, una estética.
Y eso también rompe forros a un montón de gente. Con
respecto a lo que son Los Redondos no sólo hay malas interpretaciones:
hay mala fariña, hay sabotajes, hay de todo. Los Redondos
provocan algo hasta en las corporaciones. Del primer disco que editamos
hubo una empresa que compró un montón y los sacó
de circulación.
Un
gran cliente. Indio: (se ríe): Un gran cliente, sí
Ojalá
todas las corporaciones hicieran lo mismo.
Indio: No era tanta cantidad. Parecía que
no convenía que fuéramos independientes.
Los
deben haber rematado en Parque Rivadavia.
Indio: No, todavía se siguen vendiendo.
El primero de nuestros discos vende igual que el último.
Es lo que las compañías llaman un artista de catálogo.
Esa
venta es como un goteo, ¿no?
Indio: Permanente. Uno está agradecido de
que suceda...
Pero
este asunto de no hacer lo que hay que hacer si uno no tiene ganas,
¿no se transformó en un valor muy importante ante
los ojos del público y fue leído como una decisión
de no transar? Indio: Cuando las cosas te pasan como a nosotros, no son de
un día para otro. Es diferente si hay una gran corporación
que decide promoverte y de un día para otro sos alguien.
Lo que tiene que aceptar la gente que participa de eso es que aquellos
que te promueven se lleven la parte del león. Ellos te ponen
ahí. Si el día de mañana quieren poner a otro
rubio en tu lugar, nadie se da cuenta. Ahora, cuando te sucede que
empezás en los pubs tocando para doscientas personas, después
para quinientas, después para mil... se hace muy difícil
saber en qué momento empezó a pasar todo. ¿De
los quinientos a los mil?, ¿de los mil a los 3 mil?, ¿de
los 3 mil a los 7 mil de Obras?, ¿de los 7 mil de Obras a
los 40 mil de Huracán?, ¿de los 40 mil de Huracán
a los 60 mil de la cancha de Racing? ¿Cuándo fue?
Tampoco es muy fácil hacer creer que para la gente eso se
transformó en un valor agregado. Toda la vida la gente ha
tomado en cuenta cuáles eran nuestros hábitos y nuestra
manera de movernos. No es que un buen día decidimos vengarnos
del forreo que nos hizo la prensa cuando éramos chicos...
Lo
cual tampoco hubiese estado mal
Indio:No, tampoco. Muchos artistas lo hacen así.
Por eso los periodistas muchas veces están acá y te
rompen los huevos, porque les cogés la mujer, porque por
algún motivo te hacen una nota... En realidad, tampoco la
prensa tiene una asepsia crítica... Vos tenés que
avisar desde dónde estás criticando, cuál es
tu autoridad para decir: "Esto está bien, esto está
mal", sobre todo si no sos músico. Si no sos músico
no debes tener alguna cualidad, alguna virtud: algo te debe avalar
para que puedas decir esto
es una cagada en una columna
importante, o está todo bien. Porque si es nada más
que un parecer...
¿Ustedes
tienen la sensación de estar bajo una mirada muy crítica? Indio: Sabemos claramente que a partir de cierto
momento hay que soportar la presión y eso siempre es así.
Si no, empezamos en el viejo tiovivo éste de que uno empieza
a hablar, a quejarse, y no es el estilo de uno. A mí me han
visto en mocasines...
¿Qué
querés decir? ¿Qué te han visto en mocasines
y vos no usás mocasines?
Indio: Claro. Es una sumatoria de detalles que
van pintando la cosa desde un lugar que uno acepta, pero que lo
acepte no quiere decir que esté de acuerdo. Más de
una vez, desde los medios, otros músicos han hablado mal
de Los Redondos. No nos vas a escuchar hacer lo mismo. Creo que
cualquiera que tiene cincuenta personas que le dan pelota está
justificado. Yo no soy quién para decir si Soledad es mejor
que Kapanga o que Kapanga es mejor que ... no sé. Si tenés
cincuenta tipos que gustan de lo que hacés, estás
en todo tu derecho de exponer tu música. De movida no soy
crítico, no sé quienes son los críticos, no
sé desde dónde hablan para decir que algo está
bien o está mal.
Bueno,
si hablan desde sí mismos también es legítimo Indio: Sí, pero lo que no tenemos es el
aval de cuál es la trayectoria de estos chicos que un buen
día, por un abaratamiento del staff, aparecen opinando y
que de pronto tienen militancia. En la cultura rock hay militancia,
hay una estética. Y hay otra: el posmodernismo, el dark,
el trip-hop, toda la mierda que hay, qué sé yo, el
rock& roll barrial que han inventado y que no sabemos qué
es, porque... ¿qué es? Mezclan en la misma pelota
a Los Piojos- que hacen como un candombe- , con La Renga- que hacen
rock & roll cuadrado-, con el fútbol... Son cosas que
sirven para que los periodistas lucubren sus fantasías cuando
tienen que escribir... Porque yo también escribo...
ESCRITOS DEL INDIO ¿Qué tipos
de cosas escribís? ¿Ensayos?
Indio: Tengo una cosa eterna, que se llama El delito americano, de donde expurgo parte de lo que sale en la lírica.
¿Qué
es? ¿Es una especie de magma ensayístico, lírico,
poético? Indio: La forma se la das en el momento que querés dársela;
son escritos, en general. A mí tempranamente me pasó
esto de Los Redondos y adquirió una significación
que no me ha permitido otra actividad; sobre todo cuando uno es
muy obsesivo, como yo, y no puede estar haciendo muchas cosas al
mismo tiempo. Aprendiendo, sí; pero proyectándome,
no, porque necesito estar todo el tiempo meloneando en lo que hago.
Ahora hace mucho tiempo que no le agrego nada a esa especie de baúl
de cosas escritas. Alguna vez, en un programa de radio, han hecho
alguna saga de una Clínica
de Salud del doctor Schemacen,
cosas raras que uno ha escrito. También he publicado en distintos
medios: en Siglo XX, en Cerdos y Peces, más que nada por
darles una ayuda a los amigos que editaban, porque supongo que sabían
que si yo aparecía en los títulos iban a vender más.
No son revistas de gran tirada. Tengo eso que es una cantera. Escribo
porque no puedo hacer otra cosa...
Papeles
sueltos. Indio:
Cuadernos, cuadernos y lápiz.
¿Lápiz,
lápiz negro? Indio: Lápiz negro de punta blanda, trazo grueso. Pero
he escrito con máquina de escribir. En general, desde hace
mucho tiempo escribo en un cuaderno porque el tiempo hace que tenga
que escribir mientras estamos mezclando en Nueva York, o me voy
a la costa dos días, o estoy en casa en el quincho y se me
ocurre algo... El trabajo de alguien que hace este tipo de cosas
es full-time; vos no marcás tarjeta. Hay gente que tiene
método, qué sé yo, que escribe a la mañana;
yo estoy todo el tiempo pensando en esto. Los Redondos son una obsesión
para mí, y otro tipo de cosas quedan relegadas. Yo, en este
momento, en esta segunda etapa de mi vida, quiero aprender un montón
de cosas y lo que no tengo es tiempo. Quiero aprender a manejar
todos los programas maravillosos que hay, el Corel Draw, y todo
eso. Lo que tiene de rico un proyecto es que vos estás en
todas las etapas; no tenés un productor musical, ni un productor
ejecutivo, ni la compañía te dice cuántas horas
tenés que usar, etcétera. Nosotros tres nos encargamos
de todo el espectro. Para nosotros, el rock, por así decirlo,
es una especie de expansión radial, es una cosa muy grossa,
porque estamos pendientes de la organización, del estadio,
de la seguridad, de la música, de las letras, de la fabricación,
de todo.
DISTRIBUCIÓN Y OTROS ¿Cuándo interviene otra estructura?¿En
la distribución? Indio: En la distribución, nada más. Intentamos
ocuparnos nosotros en el primer disco... Poly:
Creo que en algún momento también se nos puede ocurrir
hacerlo de nuevo. Indio: Eso tiene que ver con la magnitud. Podés
distribuir vos cuando vendés 2 mil placas... y no sé;
es mucho, 2 mil placas. Hay que andar moviéndose, en taxi,
llevándolas... De movida también hay un circuito medio
cautivo de esas cosas; no es que vos podés llegar, toc toc:
"Mire, yo soy de la banda
Los Fabulosos Pedorretas, acá le vengo a traer...". El primer álbum lo distribuimos
nosotros; después nos dimos cuenta de que nos llevaba un
toco de tiempo y de que en realidad no funcionaba. Encima que que
ya en esa etapa es una negociación a cara de perro, como
la negociación que vos hacés cuando contratás
cualquier otro servicio; es decir: tenemos el producto terminado,
fabricado, todo completo, ¿a usted le interesa venderlo?
Sí, como no me va a interesar vender un producto que vende
300 mil unidades... Elegimos la distribuidora Belgrano, que es un
negocio medio familiar: son unos gallegos, los Amorena, y es como
hablar con un maestro mayor de obras; no hay una Gerencia de Ventas,
ni esas estructuras que ni sé cómo se transa con ellas.
Ese es el lugar que hemos aceptado. Ahí ya no hay ninguna
agencia que pueda desvirtuar el producto artístico o estético.
Les das una cosa terminada, llegás a un acuerdo de cuánto
van a cargar ellos por la venta de cada álbum, y lo sacan
y lo ponen, lo distribuyen en todos lados y vos te olvidás.
¿No
tuvieron la tentación de que los discos se vendieran más
baratos, de poder alterar el precio?
Indio: No. Creo que las cosas tienen un valor y
es el que la gente paga. Vos no me vas a querer vender algo por
300 pesos que yo no tengo interés en comprar. Si yo tengo
interés en comprarlo, lo voy a pagar, y si me decís
que vale 3,50 me lo compro también. Los únicos testigos
de cómo es la economía de Los Redondos somos nosotros.
A nosotros nos sale todo más caro.
¿Por? Indio: (apenas molesto): Porque hay como circuitos
cautivos. ¿Vos me estás preguntando desde una inocencia
real, o es una inocencia para el reportaje? Poly:
En esa parte del trabajo vivís una situación agradable...
Estar en esos detalles: cómo se fabrica, cómo es una
tapa, cuando está perfecta... Indio:
También, en este momento, en cada barrio hay tres garages
tocando rock & roll, y al final quedan tres zanahorias. Un grupo
que llene estadios, como nosotros, hoy no hay ninguno. Tienen que
venir de afuera. Soda Stereo fue el último; los demás
tocan en lugares más chicos. Si nosotros ahora dijéramos:
"A ver, BMG,o...", vendrían con una carretilla.
Pero nosotros empezamos esto cuando no vendíamos una mierda.
Bueno, ´para qué carajo queremos un tipo que atienda
el teléfono, que nos va a garcar, que va a llevarse la parte
del león, si nosotros no lo necesitamos? No queremos el apoyo
de las discográficas, porque siempre es limitado; en cambio,
el apoyo que nosotros mismos nos damos es infinito. El auge de la
independencia en la Argentina no es porque la gente quiso ser independiente,
sino porque las compañías no le dan bola: seamos sinceros.
Las compañías quieren vender acá lo que grabaron
en otro lado. No quieren poner el billete. Recién cuando
sos un número y saben que vendés 300 mil placas, entonces
sí, a ver, ¿qué querés, un psicologo?,
y esas cosas que te ofrecen las compañías. Una caravana
de tipos que comen en los hoteles... Los estás pagando vos;
no es que los paga la compañía. La compañía
te firma un contrato por cierta cantidad de dinero, pero si vos
querés un psicólogo, o un boludo que traiga la frula,
todo eso se resta de tu guita. Entonces, como dice Poly, también
hay que entender que ser independiente no es una complicación
de tu rol artístico, sino que es una ampliación del
campo.
De esta forma, además,
tu bajista termina ganando mucho más dinero que el bajista
de un número grande, por el simple hecho de que son estructuras
menos caníbales. Cuando a vos una corporación te pone
todo su apoyo es porque también te lo está cobrando.
Entonces, sí, hay tipos que tienen- qué sé
yo- handies, y pendorchos, y todo eso lo estás pagando vos-
vos y los otros números. Toda esa gran estructura, esos ejecutivos
que viajan y que van a cazar ciervos, todas las boludeces, las estás
pagando vos.
Da
la impresión, por tus palabras, de que ustedes no usan celulares. Indio: No. Pero yo, además, le tengo fobia
al teléfono. En este caso me permito, porque no venís
con tantos preconceptos, explicarte cosas que son simples caprichos.
De movida no me gusta hablar por teléfono: tengo un contestador,
y me llaman... Poly: Yo, que hago la parte ejecutiva, yo no uso...
Usamos
telepatía, tendrías que decir... Indio: Ponelo... Está bueno. Pero acá,
a la casa de Poly y Skay, llama todo el mundo; no sabés:
esto es la Casa Blanca. Cuando ellos conectan el teléfono
no para de sonar; llaman de Mendoza, de...
Entendí
que ustedes se plantean una especie de meta estética, que
cuando van a hacer un disco están buscando algo. ¿Cómo
se trabaja eso? Indio: Al principio, Skay y yo trabajamos por separado. Cada
uno tiene sus ideas desde lugares diferentes. Me gusta que la música
que hay alrededor del discurso del cantante tenga que ver con el
drama que quiere enunciar, que haya un escenario apropiado. Entonces
no importa mucho qué es lo que interviene: si tienen que
ser máquinas, tienen que ser máquinas; si tienen que
ser violonchelos tienen que ser violonchelos. Hay una libertad diferente.
Skay trabaja tocando la guitarra, haciendo ritmos, ordenando cosas.
Yo trabajo componiendo canciones, texturas...
¿En
un teclado? Indio: En teclado y en guitarra rítmica, cantando, componiendo
bases. Y eso sí: en mi caso, que escribo las letras, voy
buscando lo que quiero, el tipo de escenarios musicales que yo siento
apropiados. Nos juntamos y vemos, entre las ideas que tenemos, cuáles
respetan el concepto del álbum; cuáles son sus estructuras,
por las tonalidades, por la melancolía; cuáles son
las ideas de él que se vinculan con las mías, cuando
se ayudan entre sí. Y a partir de ahí empezamos a
trabajar sobre el concepto, porque ya a esa altura está el
concepto del álbum.
¿Qué
es el concepto? Indio: En nuestro caso es lo que le decimos al que va a hacer
la gráfica. Cuando ya tenemos una idea (esto es un bondi,
cómo es el bondi), le damos directivas. En éste álbum
le pedimos al mono que usara menos su pulso como dibujante, que
es lo que venía haciendo, y que trabajara más con
texturas computarizadas. Generalmente le paso algunas páginas
donde hay como axiomas propios del clima, con las letras. A la música
comenzamos a cargarla con los motivos del viaje que estamos desarrollando,
la estética, el concepto. Yo utilizo palabras que utilizan
otros, a mí nunca me cabe la cosa del concepto, del material.
¿No
dicen: "Vamos a definir el concepto?
Indio: No. Apenas terminamos esa primera etapa
por separado, grabamos los demos en un estudio casero que ahora
tenemos, donde empezamos a ordenarnos más. Y a partir de
ahí ya se trabaja... Es como pintar, cómo hacer un
guiso. Hacés un bosquejo, el bosquejo te determina un mundo,
y a ese mundo lo acentuás de acuerdo a tu parecer. Decidimos
no hacer canciones por separado, porque así conseguimos una
solidez general entre ellas, una convicción. Cualquier duda
que tengas, hay un plan básico al cual referirte. Lo que
me interesa, cuando estamos trabajando en pura forma- y la música
es pura forma- es tener un pequeño concepto. Cuando hay dudas
acerca de la inclusión de algo, si ese concepto es sólido,
se van a prender de luces los instrumentos y las texturas. Los tonos
mayores son una cosa, los tonos menores son otra, la textura de
los violonchelos de un drama que da el pífano... Nosotros
también nos producimos, musical y artísticamente;
es un juego, básicamente un asunto lúdico. El espíritu
niño tiene mucho que ver.
Con Skay, más allá
de que estemos arrugados y panzones- bah, panzón yo, y arrugado
él-, seguimos jugando como cuando hacíamos las primeras
canciones en un asado. Seguimos disfrutándonos unos a otros.
El día que eso no suceda tenemos muy claro cuál es
la apuesta y no vamos a seguir trabajando con Los Redondos por otras
conveniencias. No por un heroicismo del artista. El día en
que sea más interesante para él desarrollar sus ideas
sólo, o para mí hacer mis ideas sólo, no podemos
jugar a otra cosa, porque nos tenemos cariño, nos tenemos
respeto, no queremos llegar a pelearnos por Los Redondos.
A mí me aburren
mucho los solistas, los conceptos que generan los instrumentistas:
esas cosas de músicos, pura forma, que pueden estar tocando
horas en un lugar donde ellos se encuentran, pero donde no son el
vehículo de lo que yo creo que es la música popular,
cuyo único fin es detonar resonancia en la gente. Esto que
pasó ahora con nosotros, por ejemplo. No tuvimos el plan
de generar todo este quilombo que se armó (con el nuevo álbum),
pero bienvenido sea el hecho de conmover, que haya gente pensando,
por más que piense que es negativo lo que uno hace; eso no
importa. Ser detonante del meloneo de los demás, no del meloneo
nuestro. El meloneo nuestro ya lo padecimos durante meses hasta
que terminamos el disco. Y ahora, que jueguen los demás;
nosotros ya jugamos durante muchos meses. Creo que eso es fundamental:
disfrutar de la creación. Yo estoy muy conforme con el álbum
que hicimos, y eso me gratifica, más allá de que durante
mucho tiempo tenés dudas: un día no te gusta nada,
el otro día te parece que es el álbum de la cultura
rock, tres días después decís que es una cagada
total. El estado de ánimo es una cosa fundamental; de alguna
manera es la materialidad sobre lo que uno trabaja. Pero hay un
momento en donde se confirma el hecho de que ese placer en juego
da un producto reconocido: ése es el único motivo
por el que uno expone cosas.
LECTURAS ¿Leen ustedes? Indio: Tengo como tres o cuatro libros empezados.
Las memorias de Mastroianni; una cosa que me regalaron sobre el
país vasco cuando fuimos a tocar; el último de Mailer,
que me aburrió. A mí me pasa una cosa que creo que
tiene que ver con la edad. He tenido mucha curiosidad temprana,
de joven, leyendo toda la literatura propia de tacho de basura,
propia de la cultura rock: los malditos, Burroughs, los beatniks...
Poly: Budismo zen. Indio:
Todas esas cosas que uno leía y que después se dejaron
de usar.
Pero
el budismo zen se sigue usando...
Indio: Cuando uno era joven creía que podía
atrapar la vida en un puño. Y en realidad te das cuenta de
que el sistema en el que vivís es tan poderoso que, a veces,
hasta una dieta es muy difícil de hacer.
La
distancia entre modificar el gobierno de la situación mundial
y hacer dieta es gigantesca, y vos decís que ni siquiera
podés hacer dieta... Suena gracioso.
Indio: Quizá ahora no es tan difícil
hacer dieta, porque existe el gran supermercado de todo, pero me
acuerdo de esa época en que uno quería hacer macrobiótica
y era un quilombo. Te quedabas sin arroz, y no era que en la esquina
había un boludo que te lo vendía: tenías que
ir al único lugar en La Plata que vendía arroz integral.
Y no sólo eso: estabas sujeto a todas las debilidades. A
mí me ha pasado de darme vuelta en una parrilla; después
de una cura de arroz, pasás por una parrilla que se llama
El Chorizo Juguetón, y es como si te pegara un trip de aquellos.
Más allá de que no suscribo más a eso, para
mí Gurdjieff, por ejemplo, todo lo que es el corto camino,
la picardía, todo ese tipo de cosas, al menos te dan libertad
de que te entusiasme en esta vida la fragancia de la espiritualidad
que te quepa. Eso ha hecho mucho a la curiosidad que uno tiene,
y todo eso me ha hecho muy poco militante. No soy un militante de
nada. Skay:
Yo estoy leyendo la autobiografía
de Miles Davis.
(¿Habló
Skay, o fue una ilusión auditiva? Habló, habló.
Skay participa en la conversación sonriendo, asintiendo,
escuchando; tiene una manera muy afable de estar. Cómo se
verá en otras partes de esta entrevista, su silencio se debe
más a su forma de ser que a que no tenga cosas que decir.
Skay es... una persona agradable que tiende a la empatía.
El Indio es un poco más duro, habla con voz poderosa y sus
tonos son imperativos. ¿Y Poly? Poly parece navegar en una
dimensión paralela, con un estilo enigmático a lo
Mona Lisa que no se sabe si es cultivado adrede o resultado natural
de su personalidad.)
Indio: Si hay una cosa que he inaugurado al cumplir
50 años, es que puedo decirme en la intimidad que soy un
ignorante total. A los 18 me parecía que las cosas que eran
así, eran así. No nací en una clase media que
escuchara a Chuck Berry ni nada de eso; mi familia escuchaba a Paul
Anka, música clásica... cualquier cosa. Cuando escuché
a Los Beatles y Los Stones, que fueron lo que a mí me copó
de pibe, vi que les gustaban Chuck Berry, Bob Dylan, y recién
entonces fui a ellos. Con la literatura es lo mismo. Cuando ves
que algún tipo que a vos te llena, te estimula, cita a alguien,
se te despierta una curiosidad por lo que señala ese tipo
al que vos estás respetando.
Si
tuvieran que decir cuáles fueron los autores, los libros
importantes, las cosas que les significaron algo... Indio: Yo tengo la edad que tengo y he leído
desde la adolescencia; es más: desde la niñez, porque
mi viejo era un gran lector y uno curioseaba... qué sé
yo, Alberdi, no sé que leía. Yo no entendía
una mierda: empecé a leer porque en casa había cosas
para leer. He tenido una etapa mística con los libros sagrados
de La Biblia, el Corán, el budismo zen, la imaginería
hinduísta. Después tuve un momento medio gurdjieffiano,
ouspenskiano, y después apareció todo lo que era la
nueva izquierda de la cultura rock, el pensamiento de los beatniks,
Burroughs, Mayo del 68. Uno ha leído tantas cosas que han
sido significativas en cada momento, que me siento como un producto
de todo ese quilombo, no de alguien en especial. Mailer me gusta
muchísimo y en otros momentos me embola... También
la biografía de Buñuel me parece maravillosa.
Skay: A mí el que me enseñó
a pensar fue Krishnamurti.
LOS AÑOS DE PLOMO El ambiente está cargado de
humo. Ya todos nos vemos borrosos. Pregunto si se puede abrir una
ventana. Poly me dice que prefiere no abrirlas, porque cría
arañas en el jardín. La conversación derivó,
por caminos que sería largo reproducir, a la evocación
de épocas pasadas.
¿Dirías
que aquellos momentos tenían una riqueza que éste
no? Indio:
No, no puedo. He vivido plenamente toda mi vida en todo momento;
no creo que una época sea mejor que otra. Una de las características
que tuvo la cultura rock es que es una revolución joven;
por primera vez hubo un planteo generacional. Ni la revolución
francesa ni la bolchevique, ningún otro tipo de revolución
o de cosas conmovedoras socialmente, tuvieron esas características.
Eso hacía a un heroísmo muy grosso, pero por otro
lado a una gran inocencia, a una gran ignorancia de la intimidad
de la condición humana. Hubo como una gloria solidaria en
esta primera época de la cultura rock, en la que había
un montón de gente que creía sinceramente en eso.
Hoy se buscan otro tipo de justicias.
Si
pudiera evaluarse la importancia de la revolución socialista,
o la comunista, y la revolución del rock... Indio: Es mucho más importante la del rock,
estoy convencido. Para nosotros era como una inocencia esa pretensión
utópica de espíritus que yo siempre voy a creer que
eran los mejores. Más allá de que yo no haya participado
de su utopía...
¿Decís
que los que murieron eran los mejores?
Indio: En el sentido de la inocencia. Aquellos
que ya leíamos lo que la cultura tiraba al tacho de basura,
éramos menos inocentes y sabíamos que era muy difícil
esa utopía, que quizá había otro camino por
el lado de la música.
Sin
embargo, en esa época los boludos parecían los rockeros... Indio: Ojo al piojo: había de todo. Porque
también hay una pintura de la cultura rock que se da en el
porteñismo, de que todo empieza en La Cueva y todo eso. Tanto
en Rosario como en La Plata, en lugares de clase media con poder
adquisitivo como para viajar a las universidades de California,
a Europa, a Holanda, se hacían experiencias psicodélicas
y comunitarias que eran mucho más ricas que las que hubo
en Buenos Aires. Lo que pasa es que siempre se pinta este lado de
la historia.
Decís
que en el interior... Indio: No estoy hablando del interior en general, sino de Rosario
y de La Plata, lugares de mucha concentración de clase media,
de jóvenes. La Plata es una ciudad universitaria.
¿Pero
dónde están esos artistas de los que hablás?
¿Al menos llegaron a grabar?
Indio: Hubo de todo, muertos, locos. Poly: Otros están en Europa. Indio:
La aventura de la cultura rock te cura o te mata: es una aventura
costosa. La experiencia con drogas, por ejemplo... Ni siquiera estoy
hablando del evento musical. Cuando hablo de la cultura rock me
refiero a todo lo que pasó: experiencias comunitarias, experiencias
con drogas que no hacían sólo los músicos,
sino un montón de gente que generaba cosas... A lo que voy
es que se ha hecho una pintura de la cultura rock en la que se ven
unos héroes- que en esa época eran unos pendejos-
que en realidad tocaban para gente de gamulán, que a la gente
del rock no le interesaban y que después se transformaron
en próceres de la cultura rock porque llenaron un Luna Park
tempranamente. Y esas cosas no eran las que le conmovían
a la gente de la cultura rock. Creo que fue la última comunión
cultural grande; después llegó una especie de personalismo.
Este logro del que
estabas hablando, para bien o para mal- la infección de la
cultura imperante por la cultura rock- no se dio por el lado de
la izquierda, ni nada de eso; se dio por el lado de esta gente que
ya leía aviva giles y no dogmas. Lo que sí recuerdo
es a amigos con un potencial heroico propio de la edad; nosotros
eramos más cínicos, quizás.
¿Y
vos por qué no militaste en un grupo de izquierda? Indio: Por eso, porque yo tenía a mi alrededor
un montón de informaciones que me decían que no way.
No por no tener acceso al poder, sino porque teníamos otra
idea de lo que era el poder y creíamos que realmente no era
el objetivo. Skay: También nuestra actitud estaba planteada
en función de qué es la revolución. La revolución,
para nosotros, era hacerla ya y ahora, aquí: vos con tu propia
vida.
Vos
como protagonista Skay: Exacto. Después estaba el otro planteo, que venía
por el lado de los movimientos armados que nos miraban a veces medio
raro, porque no participábamos de esas cosas. Nosotros estábamos
haciendo la apuesta del compromiso con nuestra vida, y vivíamos
en comunidades donde también ha pasado de todo, y donde se
corrían bastantes riesgos. La apuesta era: si hay una revolución
posible es ahora, ésta que podemos hacer hoy, yo con vos,
cuando estamos aquí.
Podría
decirse que el sujeto de la revolución de izquierda es una
entidad abstracta: el hombre, el pueblo. En cambio, el sujeto de
esta otra revolución es la vida concreta de cada uno. Skay: Ahí empezó a pasar que se
abolieron las clases sociales. Había gente de mucha guita
que había renunciado a todo, y también gente de las
villas. Vivíamos todos en un mismo plano de igualdad...
Indio: La revolución bolchevique nace de
una cosa genuina: la revolución proletaria. El asunto es
que cuando vos pulseás con un monstruo, y en los mismos términos
de un monstruo, en cincuenta años te transformás en
un monstruo. Es así de simple. Skay:
Hay una pequeña anécdota que aclara lo que sucedía
entonces: estábamos con Poly en una especie de fiesta donde
había un montón de bolcheviques; ambos teníamos
una relación hacía poco, y nos íbamos a encamar
a un lugar. Se armó un revuelo... Ellos no podían
soportar que dos personas se fueran a encamar, a hacer el amor ahí.
¿Te das cuenta? Había un prejuicio tan grande en esa
gente- que de alguna manera estaba propiciando un mundo diferente-
que no podían bancar eso... Indio:
Creo que hay una especie de autodefensa de cualquier ideología
que está en pulseada con otra ideología. Si la otra
ideología golpea bajo, vos no podés ofrecer la otra
mejilla: entonces, golpeás bajo. El otro hace un misil intercontinental:
vos hacés uno, también. Cuando te querés acordar,
son dos caras del mismo monstruo. En cambio, la cultura rock agarró
para otro lado. Lo que vivimos hoy es un poco eso. Poly: Uno también corría con la tribulación
de ir preso... Indio: A mí me torturaron como si fuera
el peor.
¿Te
torturaron? Indio: A mí, sí.
¿Por
rockero? Indio:
Porque hubo una reunión en casa... La primera vez que estuve
en el Brasil, en una época de oro, el poder no sabía
como combatir esto. Acá fue mucho más claro, porque
se mezclaron los tantos y se combatía todo y se torturaba
a troche y moche. Pero cuando yo vivía en el Brasil hubo
un momento que fue muy raro, en el que toda la cosa estaba puesta
en el terrorismo y lo demás se les escapaba de las manos,
no lo entendían. Tardaron en darse cuenta de que había
que combatir eso y no tanto lo otro. Skay:
Por otro lado, había premisas distintas. En aquel momento
no había líderes, no había nadie a quien seguir:
vos eras el que tenía que decidir sobre tu vida, mientras
que en las organizaciones armadas había una especie de obediencia
debida. Indio: El poder corrompe, pero si vos no intervenís
quedás sujeto al capricho del poder. El estado actual de
las cosas, más allá de que haya progresado una mirada,
es producto de la totalidad de lo que sucedió. Si no hubiera
habido ninguna otra revuelta y los únicos que hubiéramos
estado modificando las reglas de juego hubiéramos sido nosotros,
los que habríamos sido boletas seríamos nosotros.
Skay: Lo que pasa es que las fuerzas represivas,
por ponerles algún nombre, tampoco tenían muchos argumentos.
Yo me acuerdo que cuando nos detenían terminaban desarmados,
porque no sabían de que agarrarse, de qué acusarnos...
Indio: Estamos hablando de la primera época,
de cuando el aire era gratis. Tenemos la edad para haber vivido
la cola del existencialismo, también. A nosotros no nos lo
contaron, yo tengo 50 pirulos, no quiero hablar de la edad de los
demás. Coletazos del existencialismo, el comienzo de la cultura
beat, y después lo que se denominó la cultura rock...
siempre hubo un grupo que no se comía el rosco. Poly: En aquellas épocas todos teníamos un gran
deseo de estar con personas muy mayores. Indio:
Si, claro; en general, sí. Yo dejé el colegio para
estar haciendo films en Super 8 o para ir a la casa de Dardo Flores,
que era el director del coro. A esa casa venían Piazolla,
Rovira... La bohemia en que vivían me parecía mucho
más fascinante que lo que pasaba en otros lados. La primera
mujer grande que tuve conmigo- yo era un pendejo- fue ahí
en ese mambo, en una pieza en donde entraba una lechuza a la noche
a dormir. Dardo Flores era un abstraído total. Entrabas en
invierno a su casa y estaba llena de humo, porque tenía una
salamandra con el tubo roto y el humo se le metía adentro.
Encima el tipo estaba en robe de chambre, tenía en el piletón
de fotografía botellas de Pont Leveque a 18 grados. Se le
acababa la leña, miraba alrededor a ver qué le quedaba,
y agarraba una mesita de luz... Todos esos personajes me parecían
mucho más atractivos que un militante, por ejemplo, un tipo
obediente a lo que otro le dijera... Poly:
En aquella época había hombres que habían organizado
grupos diferentes, comunidades, hombres más grandes. Uno
de los grupos era un grupo armado y otro era un grupo que iba a
hacer experiencias de convivencia. Eran dos alternativas, en ese
momento. Indio: Sí, después progresaron las
alternativas, también. Porque hubo otro momento, en La Plata:
recuerdo que estaban los tibetanos y los 15-5. Cuando la cultura
explotó y empezó la experiencia con drogas, estaban
los místicos- que hacían toda la psicodelia, el Libro
Tibetano de los Muertos, etcétera- y estaban los que se picaban,
que eran unos buscas.
¿15-5? Indio: Es el tamaño de la aguja con la que
se picaban. No todos eran espíritus místicos. Había
unos buscas de aquéllos, que eran hermosos. Eran unos delincuentes;
no de los que hablamos ahora, sino transeros. Personalidades que
eran mucho más ricas que cualquier dogma. Nos movía
el hecho de estar conviviendo y compartiendo experiencias no ordinarias
con la gente. O formabas parte de los tibetanos, o de los buscas.
Cuando empezó a explotar la cosa, había de todo: gente
que había tenido acceso a informaciones más pulentería,
para hacer experiencias no ordinarias medio guiadas, y había
un montón que se picaban Sosegón y eran partes de
la misma tribu. Eramos pocos los que hacíamos ese tipo de
experiencias. Murió de todo, no sólo murieron... Los
boletearon en la calle; mataban de todo.
MÚSICA Y GUSTOS Volviendo a la música: en los
discos de Los Redondos cualquiera advierte un componente árabe,
una cosa oriental siempre presente en la melodía... Indio: Ahora vamos a parar un poco con eso.
¿De
dónde viene? Indio: Yo tengo 50 pirulos, y nosotros a la cultura rock la
vivimos toda. Esta cosa que hay ahora de encasillar... Cuando el
rock empezó, la diversidad era lo importante y todo el mundo
quería diferenciarse: uno agarraba el sitar, el otro el coso,
nadie quería tener un sonido parecido al del que tenía
éxito. Si ves un poco la discoteca de él o la mía...
(Miro
la discoteca) Hay clásica, también... Indio: hay música étnica, hay de
todo; nos gusta usar todo lo posible... Skay:
Para mí la música étnica tiene un atractivo
que me sigue embelesando. Indio: Yo
quiero parar un poco con lo étnico, porque le hemos dado...
Las disquerías están llenas de música africana;
ya mucha gente la usa. A mí realmente Eric Clapton ya no
me despierta... Toca bien, pero no me conmueve. A través
de la new age todo el mundo ha curioseado en todo, pero eso tiene
que ver incluso con tu clase social: si sos de clase media te llega
un montón de información que es más potable
para tu formación que si vivís en un lugar más
square. Sin darnos cuenta, tanto con la viola o con los arreglos
de cuerdas que hago yo con las chapas (teclados), incorporamos muchas
cosas que tienen cadencias y características medio árabes,
sí... El nuestro es un grupo que hace como dramas musicales:
parece como si hubiera un actor que cantara...
El
blues hoy tiene un auge excesivo, ¿no? Un montón de
gente parece haber nacido en el Mississippi. Indio: Sí... Si quiero escuchar blues ya
sé a quién tengo que escuchar. Ya hay un montón
de gente que lo ha hecho muy bien. El otro día nos tiraron
unos cohetazos unos tipos que, si los escuchás, son los Danger
Four de Los Stones. Que te estén diciendo qué es lo
que tenés que hacer o no, es medio ridículo.
Y
de la música clásica, ¿les gusta algo en especial? Indio: A mí los rusos me gustan mucho, esos
tambores... Yo soy medio efectista, y los rusos generalmente tienen
esas cosas medio explosivas. Me gusta Wagner. Hay estéticas
que, más allá de que no compartas un montón
de asociaciones que hay alrededor de ellas, como estéticas
son interesantes. La estética bolchevique, la estética
nazi: si vos las desadherís de todas las imaginerías
que han llevado...
¿Son
independientes, entonces? ¿Son inconexas? ¿Uno puede
gustar de la estética nazi sin tener nada de nazi...? Indio: Con los mitos nórdicos tengo un distanciamiento
tan grande que no me significan Hitler. Ahora, si viene un grupo
declaradamente homosexual- suponete, Erasure-, a mí me cuesta,
simplemente por el hecho de que no participo de esa conmoción,
de estar cantando a viva voz: Metémela
por el orto; qué sé
yo, no es una cosa que a mí me conmueva. Más allá
de que, como dice Seinfeld, no tiene nada de malo. Son cosas líricas
que a mí no me conmueven porque no tienen que ver con mi
vida. Cuando la música popular es un panfleto, entonces ahí
sí hay una divisoria de aguas: alguien te está diciendo
algo que a vos te conmueve. Más allá de que, a veces,
hasta la música puede gustarte.
O
uno puede directamente no interesarse por discursos explícitos.
Aunque fueran tus ideas, puestas en una letra... Indio: De eso estoy hablando: del panfleto, de
alguna de esas cosas de las que todo el mundo dice: Ah, son letras
claras. A mí me dicen críptico: sí, seguro,
yo trabajo el simbolismo. Todas las letras éstas, barriales,
a mí realmente son cosas que no... Está bien, pero
eso me lo pongo a charlar en una esquina con los pibes y está
bien. Poly: Cuando se dice que las letras son crípticas,
¿para quién son crípticas, desde el momento
en que hay un montón de chicos que cantan eso? Indio: Hay estéticas que son potentes más allá
de lo que haya pasado. La estética bolchevique, vista hoy
en perspectiva, es muy parecida a la nazi. El enjuiciamiento de
épocas pasadas en el presente, es medio extraño. No
creo que Bill Gates sepa más de la vida que Platón.
Estamos en la antesala de un mundo en el que quizás la biotecnología
va a generar miradas bien diferentes de las que nos vienen gobernando
hasta ahora. ¿Eso que significa? ¿Qué hoy algunos
tienen más razón que antes? No. Va para ese lado la
condición humana. Las cosas sirven durante un tiempo, hasta
que el superorganismo llega a otras convenciones...
Finalmente,
las costumbres se impregnaron mucho del rock y también las
relaciones entre la gente...
Indio: Eso es algo que nosotros decimos siempre:
la que la cultura rock quería era la difusión del
poder, no tomar el poder. Hoy es muy difícil ir a cortar
el cogote de un tirano y que el problema se acabe. Es un sistema,
es una cosa compleja, pero la cotidianeidad está mucho más
teñida de una cultura rock que de una cultura conservadora.
EL GALLO MALO ¿Qué pasa con la ley? Indio: La policía no da abasto. Ni para
recluir menores, ni mayores. Las comisarías están
llenas de gente hacinada. Por más que no creo que Rolling
Stone sea una revista muy leída en Devoto ni en Caseros,
yo siempre tengo un recuerdo para la gente que vive en esos infiernos
y sobre los que la sociedad hace la vista gorda.
Está
bien, pero además del porcentaje de gente que está
presa por causas indebidas, hay un cúmulo gigantesco de asesinos
que no querrías tener viviendo cerca de tu casa. Indio:No estoy defendiendo a los asesinos; lo que
creo es que funciona algo así como una monstruosidad general;
estamos viendo que centenares de pendejos de 14 años matan
y boletean gente... Si no, habría que creer que hay gente
que nace mala, y yo no creo en esas cosas. Evidentemente hay un
problema del superorganismo que no podemos resolver, y la manera
más simple es terminar como en el Brasil, boleteando a los
pendejos dormidos porque el día de mañana te matan
a vos. Y eso es verdad, pero es una solución medio fácil...
¿Hay
solución? Indio: Yo no creo que haya solución, momentáneamente.
¿No
pensás que la vida tiene, como parte de su expresión,
una cantidad de violencia y una presencia del mal que son insoslayables? Indio:En la medida en que hay más intercambio
de todo y hay más gente, el caos es más grande. Aun
los defensores de los derechos humanos tienen un límite,
por las cosas que ven. Los pibes que entran a tu casa falopeados
te pegan un tiro y matan a una criatura; qué sé yo,
hay como un desborde general. Joden ahora con que no hay más
códigos en el hampa; se han perdido los códigos en
toda la sociedad. Si vos sos un pibe de Villa Diamante, o Villa
Fiorito- para hablar de lugares que ni siquiera son Fuerte Apache-
tu viejo y tu hermano están al pedo porque no tienen laburo,
tu hermano ya en alguna joda, vos tenés 13 años, tu
hermano tiene 14, vos estás con otro, empezás choreándote
una moto... Si tenés una tele, ves todo el tiempo que para
ser alguien tenés que poseer algo que indique que pertenecés
al sistema y que no estás marginado, y bueno: sus vidas no
valen dos mangos. ¿por qué va a valer la tuya? Para
el pibe que sale a afanarse la recaudación de un taxi, su
vida está valiendo 40 pesos, ¿cómo vas a pretender
que la tuya, mientras te están apuntando, valga más?
Seguramente hay soluciones, pero son de tipo macropolítico,
macrosociales; tienen que ver con cómo está el poder
en relación con la gente.
Tal
vez habría que buscar un marco aún más grande
para comprender esa situación. Si vos sintonizás Discovery,
o esos canales de divulgación científica, y ves esos
documentales sobre la naturaleza y te das cuenta de cómo
funciona... Indio:Sí, la naturaleza es un gran restorán. Lo
que pasa es que ahí hay una cosa que es el estado de inocencia,
que aparentemente la condición humana ha perdido en la noche
de los tiempos. La aparición de este neocórtex tan
desarrollado ha provocado una dimensión diferente.
Se
dice que el rock fue fagocitado por el sistema, pero me parece que
fue al revés, que el rock ganó la batalla. Indio: Sí. El futuro llegó hace rato
y no como uno lo esperaba. Hubo de todo en la cultura rock. Lo que
la nueva izquierda pensó en los Estados Unidos, eso de asaltar
la Casa Blanca con máusers... eso no existió. La idea
de que tipos como nosotros hubieran asumido el poder... menos mal
que no pasó.
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